NEGOCIAN EN en el edificio Guardacostas

Jueves 04 de Octubre del 2012

Sigue la protesta de Prefectura y Gendarmería: los jefes de ambas fuerzas analizan petitorios

En estos momentos Enrique Zach, nombrado por Nilda Garré al frente de Gendarmería se encuentra reunido en el edificio Guardacostas junto con su par de Prefectura, Luis Heiler, evaluando el petitorio que presentaron los uniformados.

La protesta por salarios de los suboficiales de ambas fuerzas se profundizó y obligó al Gobierno a retrotraer los recortes de sueldos y a echar a las cúpulas de ambas fuerzas, pero los uniformados decidieron seguir en la calle hasta que se satisfaga una serie de reclamos, entre ellos un haber mínimo de siete mil pesos.

La demanda extendida por distintos puntos del país y que contó con la adhesión de algunos miembros de la Armada, mantuvo en deliberación permanente al Gobierno de Cristina Fernández, que no se pronunció sobre el conflicto, pero que lo hizo al mediodía a través del Ministro del Interior Juan Manuel Abal Medina, quien anunció que se iban a pagar los haberes como el mes pasado y que se iban a revisar errores en las liquidaciones.

El vocero de los prefectos, aclaró que los efectivos no están "portando su arma reglamentaria" y que no se trata de "un golpe militar".

Pero tal como ocurrió ayer con la gestión del viceministro de Seguridad, Sergio Berni, la intervención de Abal Medina -con la ministra de Seguridad, Nilda Garré, en segundo plano, pese a ser la responsable de las fuerzas- no aplacó a los manifestantes.

Con el correr de las horas, y ante la desobediencia de prefectos y gendarmes a la cadena de mandos, el Gobierno debió echar a la cúpula de ambas fuerzas, junto a otros jefes, aunque la medida tampoco satisfizo a los efectivos.

Sin embargo, esta noche las partes abrieron una instancia de negociación y se mantenían reunidas en el edificio Guardacostas de la Prefectura.

Allí, pasadas las 23, se encontraban los nuevos jefes de Gendarmería, Enrique Zach, y de Prefectura, Luis Heiler, con los delegados de los manifestantes y funcionarios del gobierno nacional para arribar a un acuerdo que ponga fin a la medida de protesta.

Poco antes del encuentro, los manifestantes leyeron un petitorio que agrupaba a los uniformados, donde se reclamó además el pago de un plus por zona de riesgo desde que colaboran en la lucha de la inseguridad en el conurbano, la cobertura por accidentes de trabajo a través de una ART, la libre elección de una obra social y la garantía de que no habrá sanciones por participar directa o indirectamente de la protesta.

En ese marco, una comisión de cuatro gendarmes y otros cinco delegados de Prefectura tuvieron reuniones con Berni para intentar acordar posiciones, pero los suboficiales advirtieron: "Hasta que el mínimo no sea de siete mil pesos, de acá no se mueve nadie".

La jornada de hoy fue virtualmente caótica para el Gobierno, que intentó apaciguar el conflicto iniciado en la mañana del martes, cuando se liquidaron los sueldos y los afectados se dieron cuenta de que habían recibido haberes entre 30 y 60 por ciento menores a los del mes anterior.

Si bien la iniciativa fue de los prefectos frente a su sede central, el Guardacostas (en Puerto Madero), se sumaron esta mañana hombres de Gendarmería que se habían concentrado también en el Centinela (Retiro).

Para el mediodía, cuando uniformados de distintos puntos del país se habían sumado a la protesta, Abal Medina anunció que los haberes se mantendrían iguales a los del mes pasado y culpó las
autoridades de la Prefectura por la "desastrosa" liquidación.

Y aseguró que se iba a investigar si hubo acciones desde los mandos superiores "buscando generar un caos" a través de los uniformados "de más abajo". Habló enigmáticamente de quienes querrían usar como "carne de maniobra" a los subalternos para seguir teniendo "privilegios", como ingresos de hasta 100 mil pesos, pero sin dar precisiones.

Asimismo, anunció que el Ministerio de Seguridad iba a liquidar sueldos de ahora en más.
Pero las explicaciones no alcanzaron y miembros de la Marina se sumaron a la protesta, igual que un reducido grupo de la Policía Bonaerense.

La protesta fue respaldada, en tanto, por el sector sindical tanto oficialista (Antonio Caló) como el opositor (Hugo Moyano).

En el Congreso, diputados y senadores reclamaron garantizar la institucionalidad. Los opositores, culparon al gobierno.

"Esto es un reclamo salarial. Estamos a favor de la democracia", aclararon varias veces los protagonistas de la protesta para no ser acusados de golpistas o desestabilizadores, mientras difundían sus salarios y los recortes sufridos.

El clima de bronca llegó incluso a que algunos participantes golpearan a las puertas del Guardacostas a un alto jefe de la Prefectura que salía de civil (el prefecto general Norberto Venedini, desplazado más tarde).

"Tranquilidad y serenidad. Si no, todo esto en vano", dijo un prefecto que tomó el micrófono y, al mismo tiempo, reveló que las autoridades de la fuerza los respaldaban porque se habían limitado a cumplir con la orden del decreto.

Luego, Garré apareció junto a Berni minutos después de las 17 para leer un comunicado de un par de líneas anunciando el relevo de unas 20 autoridades de las fuerzas en conflicto.

Garré también informó el nombramiento del prefecto general Luis Heiler al mando de Prefectura y al comandante general Enrique Sach en Gendarmería.

Tras ello, la funcionaria, más seria que de costumbre, sentenció: "Queda así normalizada la situación en las dos fuerzas".

La reacción en el edificio Guardacostas no se hizo esperar: dijeron que no les interesaban los nombres, que querían sus salarios e incluso uno de ellos, que se identificó como el cabo Ateneo, exigió la presencia de la presidenta Cristina Fernández para solucionar el conflicto, además de hacerla responsable en persona por si recibía sanciones que afectaran a su familia.

Cerca de la noche, el sargento Diego Jesús Serrano, de Gendarmería, se convirtió en vocero del petitorio de siete puntos que aúna a todas las fuerzas y advirtió: "Si no se logra el piso de siete mil pesos, de acá no se mueve nadie", mientras que sus compañeros lo vivaban y cantaban "el que no salta, no va a cobrar", y "la fuerza, unida, jamás será vencida".

        

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