... una bisagra entre la tradición lírica y una poesía que clama por la libertad, el nomadismo, el goce pleno y los dones de la naturaleza, fue reeditada en Argentina en un voluminoso tomo de más de mil páginas.

Noticias relacionadas



Esta obra del poeta nacido en Nueva York en 1819 y fallecido en 1892, fue editada por Losada en edición bilingüe con traducción a cargo de Pablo Ingberg, también autor del prólogo.

En 1855, Whitman se costeó su "Hojas de hierba" -que escandalizó a la sociedad y fue tildada de "libidinosa"- un libro que se fue ensanchando en sucesivas ediciones hasta su última versión que el poeta corrigió en sus días finales.

Las innovaciones que distinguen a Whitman como el poeta de los poetas, las señala Ingberg: "Es una de las grandes bisagras entre el romanticismo y la poesía moderna. Su verso libre torrencial es un emblema, un modo de vivir la poesía. Whitman abrió la puerta por donde el yo íntimo sale a fusionarse con el mundo".

"Su influencia es vasta como su obra. El hecho de que se saque a la calle una nueva traducción de esta obra, es un indicio de que tiene más lectores que la generalidad de los poetas".

El norteamericano influenció a poetas de la talla de Fernando Pessoa, Valéry Larbaud, Apollinaire y Ezra Pound, y su obra en el ámbito de la lengua española, fue saludada por Rubén Darío e introducida por José Martí.

También dejó marcas visibles en poetas de la vanguardia como Pablo Neruda, Raúl González Tuñón, Pablo de Rokha, César Vallejo, Vicente Huidobro y Federico García Lorca, entre muchos.

Whitman fue traducido por grandes poetas hispanoamericanos como Pedro Mir, León Felipe y Jorge L. Borges. "Borges tenía ojo clínico para discernir peculiaridades con las que sentía alguna afinidad. A primera vista Borges es su opuesto -uno no se lo imagina celebrando vitalmente el cuerpo- pero su Aleph es hijo directo de las largas enumeraciones del norteamericano", apunta.

Se habla de Whitman como un poeta celebratorio del gozo, del cuerpo, del erotismo, pero también -explica Insgber- "del alma, del trabajo y los trabajadores, de las maravillas de la naturaleza, del maravilloso poder del ser humano cuando se aplica para bien. Celebra la vida, una vida digna de llamarse así".

Para el poeta mexicano Carlos Montemayor, también traductor de Whitman, cada generación debía traducir para sí misma. Ingberg asiente y rechaza la idea: "Sí y no, pero más no que sí. Uno lee una oda de Horacio traducida por Fray Luis de León en el Siglo de Oro, y le parece bella pero muy ligada a las convenciones poéticas del momento de la traducción".

"Pero me siento más afín a la idea de Henri Meschonnic de que las buenas traducciones, como las buenas obras, no envejecen; o bien envejecen igual que las obras. Por ejemplo -cita- la traducción inglesa de la "Biblia" de los tiempos del rey Jacobo I, principios de siglo XVII, todavía insuperada en su lengua, y el Poe traducido al francés por Baudelaire, todavía muy leído".

Ingberg trata a Whitman de "panteísta místico" y "religioso a su manera": "Es en cierto modo panteísta porque parece ver algo de divinidad en todo, en un río o en el martillo de un carpintero, y es en cierto modo místico porque ve en el martillo mucho más que una herramienta que sirve para martillar, ve ahí más sentidos y una experiencia trascendente".

"Y eso es parte de su manera propia de ser religioso: ninguna de las religiones instituidas, sino la suya propia -subraya-. Y también el Verbo: se complace en crear nombrando".

Por el libro transita el Whitman fraternal que se hace uno con su semejante y anuncia un nuevo mundo. "Un nuevo mundo -acota Ingberg-. que está en éste, parafraseando a Rimbaud No sé si lo anuncia, pero se siente cómodo en el tono profético y denuncia algunas cosas que deberían mejorar".

Estados Unidos nació como democracia en una época de monarquías, señala el prologuista de "Hojas de Hierba", y se explaya sobre las ideas del poeta acerca de una sociedad idílica, ideal, utópica, antibélica.

"El Nuevo Mundo tiene algo que enseñarle al Viejo Mundo. No es utopía, es la realidad en que Whitman vive -remarca-. Ve flaquezas en esa democracia real y clama por más fraternidad, igualdad, libertad; menos pacatería, respeto por lo humano, valoración del trabajo, menos políticos a espaldas de los ciudadanos".

¿Se puede afirmar que Whitman funda una cosmogonía? "Leía de todo y eso incluye a los antiguos. No creo que se haya propuesto fundar una cosmogonía, aunque es una manera de leerlo. Respecto a la `Biblia` él es más afín a los profetas y a los evangelios que al `Génesis`, y respecto a los griegos, más afín a la épica heroica de Homero que a la cosmogónica `Teogonía` de Hesíodo".

Poeta del viaje y los caminantes, Whitman habla en sus poemas de "tribus nómadas" y nombra al sur latinoamericano en sus alusiones a Valparaíso, Río de Janeiro y las pampas.

Ingberg concluye: "Era un viajero de alma, además de viajero del alma. Viajó tanto como pudo, y donde no pudo, viajó con la lectura y la imaginación. Viajó por su extenso país y dedicó un largo poema, `Salut au monde!`, a viajar por todo el mundo nombrándolo".