La crisis que golpea sin cuartel a Europa genera un renovado interés en la recuperación económica Argentina, que hace apenas diez años caía en la peor crisis de su historia.

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En 2001, la Argentina devaluó su moneda y el consiguiente aumento de la competitividad que trajo el nuevo tipo de cambio permitió aumentar las exportaciones y la actividad en general. Sin embargo, Grecia y España, las economías del viejo continente más afectadas por la crisis, no puede seguir la misma política que nuestro país utilizó para reactivar su sistema productivo. Al ser miembro de la Unión Europea, estos países no pueden decidir sobre el valor del euro, lo que complica más su situación dada la imposibilidad de lograr mayor competitividad por la vía monetaria.

En 2003 el total de la deuda bruta del sector público nacional representaba el 139 por ciento del Producto Bruto Interno (PBI); a fines de 2009 la deuda cayó hasta el 49,1 por ciento del Producto, para alcanzar el 45 por ciento en 2011.

De ahora en más la caída de la relación deuda-PBI se dará por la evolución de la economía y se liberarían fondos para apuntalar el crecimiento. La estrategia oficial es conseguir una tasa de interés razonable para la renovación de los nuevos vencimientos de capital.

Desde la crisis, el país creció a un promedio de 8 por ciento anual. Esto le permitió reducir la pobreza y el desempleo, y aumentar la protección social.