Tal vez no se deba escribir llorando, pero las tres veces que he visto este vídeo, las tres he acabado con lágrimas, pero no de tristeza, sino de una profunda admiración por esta anciana y todo lo que podemos aprender de ella:

Margarita Rojas Suárez es una abuela mexicana de Col. Jalalpa El Grande, que cuida día y noche a su nieto con parálisis cerebral, Othón Moreno, a quien su hija de 16 años, madre a su vez de otros dos niños, internó en un hospital.

Margarita, la abuela de 83 años acepta la vida tal cual es y no pierde tiempo en lamentarse y no actuar, sino que “le echa ganas”, como dice ella, y afronta su vida con gratitud, amor incondicional, infinita ternura y lucha constante, nunca se rinde.

Ella es capaz de ver mucho más allá de la enfermedad física de su nieto, cuando los demás verían/veríamos una vasija agrietada, y siempre le cuida y le trata con un infinito respeto, apreciando su valía personal.

Su entrega es tal, que no le pide nada a la vida para ella sino para su nieto, y sueña con cosas sencillas pero básicas que solemos olvidar como caminar, estudiar, hacer amigos, … Su miedo y dolor es el futuro del chico sin ella y aun así, no se “conforma” con comida o tratamiento, sino que demanda contacto y cariño.

La fuerza y resistencia de esta mujer también es admirable porque baja y sube al muchacho en brazos por las escaleras, coge tres autobuses para ir al Centro de rehabilitación y todo con una sonrisa y sin quejarse.

“Para mi niño no me siento cansada”

Otra gran lección es que nuestra “FAMILIA” está allí donde nos aman, más allá de los lazos sanguíneos, y ella la encuentra en ese Centro donde les arropan y “cuidan” de su nieto (mucho más que tratar) .

“Me da mucho gusto que quieran a mi niño”

En este blog recogemos testimonios y vivencias de personas anónimas o famosas que nos ayudan a entender mejor nuestra existencia y a ser más felices. Randy Pausch nos enseñó a vivir intensamente y con alegría, pero la abuela Margarita nos enseña que el AMOR es el único motor de la vida.

No ganará el Nobel ni ningún premio, pero su ejemplo es un aliento para todos los que creemos que un mundo mejor es posible.