A más de tres años de la desaparición de María Cash, se abrió una nueva luz de esperanza en Corrientes, donde la policía halló a una joven desorientada caminando por las calles de Paso de los Libres.

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No es la primera vez que se cree que es la joven diseñadora, extraviada desde junio de 2011, y después las pericias confirman que se trata de otra persona. La última “falsa noticia” sobre su paradero vino desde Santiago del Estero, este año. Pero el hecho fue rápidamente negado por Máximo Cash, su hermano, quien tomó el timón de la investigación tras la trágica muerte de su padre.

Federico Cash falleció en un accidente automovilístico en abril de este año cuando se dirigía a La Pampa en búsqueda de una pista acerca de su hija. Lamentablemente, solo encontró su propia muerte, en la trágica ruta 152. La historia de su hija está repleta de incertidumbres y pocas respuestas.

El lunes 4 de julio de 2011 al anochecer María fue hasta la terminal de ómnibus de Retiro, acompañada por su padre. Unos minutos antes de las ocho subió sola al micro de la empresa Mercobus rumbo a San Salvador de Jujuy. Debía llegar a las 18 del día siguiente a la capital jujeña. Se hospedaría en la casa de su amigo, Juan Pablo Dumon. El plan era vender las prendas que ella misma confeccionaba. Llevaba una mochila y una valija grande, roja y llamativa.

Cuando el micro llegó a destino María ya no estaba entre los pasajeros. Había bajado antes, en Rosario de la Frontera, 208 kilómetros antes de llegar a San Salvador. A dedo retrocedió a Santiago del Estero, donde se le llegó a contar a su amigo por teléfono que se había bajado del micro porque se había sentido incómoda.

Dumon le compró un pasaje vía internet, con el que viajó desde Santiago hacia Jujuy. Allí llegó a las 8:30 de la mañana del miércoles 6. Se acercó a un taller mecánico para intentar cargar la batería de su celular. No tenía crédito y el dueño del lugar, Carlos Aguilar, le prestó el suyo. Habló con la hermana de su amigo Juan Pablo, quien le ofreció que se tomara un remise hasta la casa de la familia, en las afueras de San Salvador. Ellos lo pagarían cuando llegara. No lo hizo. Alrededor del mediodía, cambió otra vez de rumbo. La vieron en la entrada del pueblo Pampa Blanca. Hacía dedo en busca de alguien que la llevara en dirección sur. Ahí fue cuando llamó a su familia.

Uno de sus hermanos, Máximo, recordó el momento en el que las alarmas se encendieron para la familia Cash: “A las 17 del miércoles María llamó. Nos dijo que no estaba bien, que se había quedado sin plata, y que en cualquier momento se cortaba la comunicación”. El llamado se cortó. La familia decidió asentar la denuncia para investigar su paradero ante la Brigada de Investigaciones de Jujuy.

La familia nunca más supo nada de ella. La noche de ese miércoles a las 23:30, las imágenes de las cámaras del peaje de AUNOR, a 6 kilómetros de Salta, la ubicaron en esa provincia. María caminaba errática con su mochila al hombro. Esa madrugada se presentó en el Hospital San Bernardo de Salta. Pidió que la atendieran, pero se fue antes de que le tocara el turno.

Jueves y viernes deambuló por esa provincia. A media mañana del viernes 8, María les escribió un mail, donde les pedía una serie de teléfonos, entre ellos el de la hermana de una amiga suya que vive en Salta. “Usó recursos lógicos, como pedir los números porque había perdido todos los contactos, pero no se quedó a esperar la respuesta”, dice Máximo, su hermano. Pero aclara: “Los movimientos no eran comunes en ella”.

El viernes 8, después de enviar el mail a su familia, María salió del locutorio sin esperar respuesta. Las cámaras del peaje la volvieron a tomar ahí, haciendo dedo y subiendo a una camioneta que la dejó en la rotonda de Güemes. Volvió a hacer dedo. La levantó Héctor Romero, un transportista de alimentos. La dejó, 20 kilómetros después, en un paraje sobre la ruta en el monolito de la Difunta Correa. Faltaba poco para el anochecer. Es lo último que se sabe de ella a casi tres años de su desaparición.