Los dos millones de duros (denominación del dinero español de esa época) llegaron al Banco de Londres al poco tiempo que el general William Carr Beresford conquistar el puerto porteño, en junio de 1806. El tesoro fue lo primero que el Virrey Rafael se Sobremonte cargó en varios carruajes y se llevó consigo en su huída de Buenos Aires rumbo a su destino en Córdoba donde pensaba formar un gobierno de emergencia ante la llegada de los ingleses. Fue para Beresford también el primer objetivo a alcanzar y en ese juego de intereses envió una partida a seguir al delegado del Rey de España que fue alcanzado en Luján. Parte del Tesoro, ante la inminente llegada de los ingleses intentó ser enterrado en el fondo de una laguna de la zona, pero el Virrey, que siguió en su "huída patriótica", no tuvo tiempo de hacerlo y dejó casi todo abandonado.

En su carruaje personal se llevó lo que pudo, un tesoro que finalmente fue a parar a sus arcas personales, ya que nunca más apareció. Los ingleses embarcaron todo el gran tesoro conquistado en un buque que llegó a Londres por los mismos días en que era Reconquistada Buenos Aires, y mientras Beresford capitulaba ante Santiago de Liniers, ocho carros recorrían el trayecto del puerto de la capital inglesa hasta la sede del banco de Londres. En los registros de esa entidad se verificaron el ingreso de "cinco toneladas de pesos plata" que nunca fueron devueltas a estas tierras. Beresford, que huyó de Buenos Aires meses después de la Reconquista, llegó a Londres como un militar derrotado pero sin embargo fue premiado por la corona por sus "servicios prestados".

Una derrota militar poco valor tiene ante la conquista económica y así el Rey le entregó al general una espada de oro y diamantes que se guardan en el Museo de Londres como parte del reconocimiento a su labor. En ella está escrito los valores que Beresford tuvo para "aumentar la grandeza del Reino Unido", un homenaje lógico para un militar que además fue premiado con el cinco por ciento de sus aportes al Tesoro británico.