El supertifón Mangkhut barrió Filipinas con lluvias torrenciales

Las autoridades filipinas evacuaron más áreas el viernes y advirtieron a cerca de 5,2 millones de personas en el trayecto de un poderoso tifón que se quedarán en sus casas, mientras el país se prepara para fuertes lluvias y daños a infraestructura y cultivos.
Viernes 14 de septiembre de 2018

Supertifón - Filipinas

El tifón Mangkhut tocó tierra en la madrugada del sábado en Filipinas con vientos sostenidos de 205 km/h y lluvias torrenciales que obligaron a miles de personas a abandonar sus hogares.

 

Mangkhut es el tifón más violento de los que han afectado al país en lo que va de año, y su impacto puede afectar a millones de personas.


"El ojo del ciclón tocó tierra a las 01H40 (17H40 del viernes GMT)" en Baggao, en el norte de la principal isla del archipiélago, Luzón, explicó Gener Quitlong, metereólogo del servicio nacional Pagasa.


Los habitantes de la isla habían cubierto como podían sus ventanas y reforzado sus tejados. Las autoridades subieron el nivel de alerta hasta cuatro, el máximo en la escala de tifones en ese país.


"Las lluvias van a ser fuertes y el viento no será ninguna broma", había explicado a la AFP Michael Conag, portavoz de defensa civil local. "Puede haber olas equivalentes a un edificio de cuatro pisos, y muchas casas pueden quedar destruidas, sobre todo las construcciones más frágiles, que son las más frecuentes en estas zonas costeras", explicó.

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Al menos cuatro millones de personas están en la trayectoria directa de Mangkhut, que luego se dirigirá hacia el sur de China, incluido el territorio semiautónomo de Hong Kong.

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Lula salió de la cárcel para estar presente en el último adiós a su nieto Arthur

El ex presidente participó del velorio de su pequeño nieto, quien falleciera este viernes a causa de una meningitis. Uno de los líderes del PT llegó escoltado y fue parte del último adiós al niño.
Sábado 2 de marzo de 2019

Lula da Silva en el velorio de su nieto (Reuters)

El ex presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva participó, en São Bernardo do Campo, São Paulo, del velorio de su nieto Arthur, quien murió el viernes por causa de una meningitis.

 

Tras aterrizar en el Aeropuerto de Congonhas, en la capital paulista, Lula fue en helicóptero a São Bernardo do Campo, donde fue escoltado al Cementerio Jardim da Colina por policías.

 

El viernes, la Justicia Federal de Paraná autorizó a Lula a ir al velorio luego de que se le envió un comunicado a la Policía Federal para que preparase la logística para la salida desde Curitiba, en Paraná, donde cumple una pena de cárcel por corrupción.

 

Arthur fue internado la mañana del viernes en un hospital en Santo André y falleció pocas horas después.

 

El expresidente fue informado en la tarde por uno de sus abogados y pudo hablar con su hijo Sandro Luís, padre de Arthur, por teléfono.

 

Más tarde, la presidenta del Partido de los Trabajadores de Lula, la diputada Gleisi Hoffmann, consiguió autorización para visitar a Lula. La congresista dijo que Lula lloró varias veces y que estaba muy abatido.

 

Desde la encarcelación del ex presidente, en abril del año pasado, Arthur visitó en al menos dos ocasiones a su abuelo.

FOTO: Reuters

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16º SEMANA DE PROTESTAS

"Chalecos amarillos" vuelven a protestar contra políticas de Macron en París

Hay marchas en París y otras grandes ciudades de Francia, como Bordeaux, Lylon, Toulouse y Lille.
Sábado 2 de marzo de 2019

Chalecos amarillos - París

 Los "chalecos amarillos", que protagonizan una protesta desde mediados de noviembre en Francia, se manifestaron de nuevo este sábado, abriendo un "gran mes" de movilización para marcar el fin del "gran debate" lanzado por el presidente, Emmanuel Macron, en respuesta a su movimiento.
  

En París, varios cientos de personas se concentraron en el Arco del Triunfo y desfilaron por 12 km bajo una fuerte vigilancia policial. También se organizaron marchas en otros puntos del país, por la tarde, en ciudades como Marsella, Montpellier, Toulouse y Arles (sur), en Estrasburgo (noreste), Nantes (oeste) o Burdeos (suroeste).
  

En el norte, los organizadores llamaron a los "chalecos amarillos" de la región y de los países vecinos (Bélgica, Reino Unido, Luxemburgo, Holanda, Alemania) a "converger" hacia Lille.
  

"La lucha es internacional", afirmaba el mensaje del evento en Facebook, traducido al inglés y al alemán.
  

En París, la multitud era menos numerosa que la de otros sábados, admitieron varios manifestantes, que tenían las esperanzas puestas en la protesta del 16 de marzo, presentada como una jornada clave.
  

El 16 de marzo coincide con el fin del Gran Debate nacional que el 15 de enero lanzó el jefe del Estado francés. Este último, muy criticado por los "chalecos amarillos", que reclaman su dimisión, organizó una consulta nacional sin precedentes, de dos meses de duración, para intentar responder a la ira de los manifestantes, recabando las inquietudes de los franceses.
  

El debate, que dio lugar a 10.000 reuniones en Francia y más de un millón de aportaciones por internet, fue tachado de "farsa" y de "campaña de comunicación" por numerosos "chalecos amarillos".
  

"El 16 será decisivo", declaró Raymond, técnico de mantenimiento de 55 años, que desde el 17 de noviembre acude a París cada sábado para manifestarse.

Chalecos amarillos - París

Chalecos amarillos - París

 

Aunque Macron afirmó el viernes que "un buen número de franceses" ya no "comprendía ese movimiento", Cathérine, jubilada, consideró que la movilización no ha perdido fuelle. Muchos franceses "son chalecos amarillos en su interior, no necesitan estar presentes físicamente", sostuvo.
  

El atípico movimiento de protesta, apolítico y al margen de los sindicatos, surgió contra la subida de los carburantes y para exigir un mayor poder adquisitivo, pero con el tiempo ha extendido sus reivindicaciones.
  

El 17 de noviembre, 282.000 manifestantes participaron en el primer acto del movimiento, nacido en redes sociales. El pasado sábado, lo hicieron 46.000, de los que 5.800 lo hicieron en París, según las autoridades, unas cifras que los manifestantes suelen cuestionar.

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