SEGÚN UN ESTUDIO

El "ojo" de la tormenta: está en el cambio climático, que aumenta su intensidad

A medida que el calentamiento aumenta, las tormentas serán cada vez más húmedas y ventosas.
Miércoles 14 de noviembre de 2018

Tormenta eléctrica


El cambio climático está incrementando la cantidad de lluvia que los huracanes producen, y a medida que el calentamiento aumenta, las tormentas serán cada vez más húmedas y ventosas, según un nuevo estudio.


Las investigaciones se basan en modelos matemáticos que incluyen millones de horas de un superordenador y muestran que el cambio climático está ya afectando a la intensidad de las tormentas.


"El cambio climático hasta ahora -desde el periodo preindustrial hasta la actualidad- ha contribuido al aumento de las tormentas de los huracanes Katrina, Irma y María en un cinco- diez por ciento", afirmó la autora principal del estudio, Christina Patricola.


"Nuestras simulaciones indicaron también que podemos esperar incluso mayores aumentos en las precipitaciones y vientos más fuertes al final del siglo", señaló a la AFP.

Tormenta eléctrica


Patricola y el coautor del estudio, Michael Wehner, ambos investigadores del departamento norteamericano de Energía del laboratorio Lawrence Berkeley National, comenzaron el estudio por el análisis de tres huracanes: Katrina, Irma y María.

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Para ello, usaron lo que Wehner llama "método de atribución de retransmisión" simulando primero el escenario real en el que se produjo la tormenta, y después una tormenta "hipotética" en un mundo sin cambio climático.


Comparando las diferencias entre los dos modelos, los investigadores fueron capaces de determinar qué elementos son consecuencia del cambio climático.
Encontraron que, en las fechas del Katrina, que devastó varias zonas de Estados Unidos en 2005, el cambio climático provocó un aumento de la tormenta de entre un cuatro y un nueve por ciento.


En el caso de Irma -una tormenta inmensamente costosa que llegó en 2017-, el incremento de la lluvia fue del seis por ciento, y en el de María -que devastó Puerto Rico ese mismo año-, el aumento fue del nueve por ciento.


Estos modelos sugieren que el cambio climático aún no había afectado a la velocidad del viento, pero la lluvia puede ser incluso más devastadora, causando inundaciones mortales y enormes daños.

Tormenta eléctrica

- Tormentas más húmedas y ventosas -.


"Creemos que el cambio climático ha aumentado las precipitaciones porque el océano y la atmósfera han comenzado ya a calentarse, lo que supone que puede contener más humedad", afirmó Patricola.


Los investigadores ampliaron posteriormente su estudio y analizaron un total de 15 ciclones tropicales.


Además de comparar las tormentas actuales con la situación preindustrial, han investigado cómo se desarrollarían bajo diferentes escenarios teóricos de cambio climático, incluyendo diversas subidas de temperatura.


La conclusión fue que la lluvia podría incrementarse entre un 15 y un 35 por ciento en el futuro, con velocidades de viento que aumentarían hasta los 25 nudos (unos 45 kilómetros horarios).


El estudio, publicado el jueves en la revista Nature, llega después de una temporada de tormentas muy activa, con huracanes y tifones devastadores.

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ANÁLISIS CIENTÍFICO

Alerta por coronavirus: ¿cuánto podría durar el COVID-19 en la superficie?

Especialistas en Estados Unidos intentan determinar cuál es el riesgo de recibir encomiendas que pudieran arribar de zonas sensibles. Tendría el mismo comportamiento que el SARS y el MERS.
Lunes 2 de marzo de 2020

Coronavirus, REUTERSCoronavirus, REUTERS

Especialistas de Estados Unidos buscan determinar cuánto tiempo puede sobrevivir el coronavirus en las superficies para comprender mejor el riesgo de transmisión.

 

Según lo que se sabe sobre coronavirus similares, los expertos en enfermedades dicen que el nuevo brote del virus, llamado COVID-19, se transmite principalmente de persona a persona al toser o estornudar. El contacto con materia fecal de una persona infectada también puede transmitir el virus.

 

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de los Estados Unidos dicen que es posible que una persona se infecte al tocar una superficie u objeto que tiene el virus y luego tocarse la boca, la nariz o los ojos.

 

Un análisis de 22 estudios anteriores de coronavirus similares, incluidos el Síndrome Respiratorio Agudo Severo (SARS) y el Síndrome Respiratorio de Medio Oriente (MERS) publicado en línea este mes en The Journal of Hospital Infection, concluyó que los coronavirus humanos pueden seguir siendo infecciosos en superficies inanimadas por hasta nueve días a temperatura ambiente.

 

Sin embargo, pueden quedar rápidamente inactivos utilizando desinfectantes comunes, y también pueden disiparse a temperaturas más altas, escribieron los autores. Sin embargo, aún no está claro si el nuevo coronavirus se comporta de manera similar.

 

“En cobre y acero es bastante típico, son casi dos horas”, dijo el director de los CDC, Robert Redfield, a los legisladores estadounidenses, refiriéndose a cuánto tiempo puede estar activo el nuevo coronavirus en ese tipo de materiales. “Pero diré que en otras superficies, cartón o plástico, es más largo, por lo que estamos viendo esto”.

 

La agencia dijo que es probable que exista un riesgo muy bajo de propagación de productos o embalajes que se envían durante un período de días o semanas a temperatura ambiente. Una portavoz de los CDC, en un comunicado enviado por correo electrónico, dijo que la agencia aún está investigando qué tan contagioso puede ser el virus cuando se deposita en superficies cotidianas más comunes.

 

La Administración de Alimentos y Medicamentos dijo que no tiene evidencia de que COVID-19 haya sido transmitido desde productos importados, pero la situación sigue siendo “dinámica” y la agencia dijo que evaluará y actualizará la orientación según sea necesario.

 

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DESCUBRIMIENTO

Según un estudio: ¿Comer poco alarga la vida?

Una investigación aporta la descripción más detallada de los beneficios de la restricción calórica para frenar el envejecimiento
Viernes 28 de febrero de 2020

AlimentaciónAlimentación.

Desde hace décadas, los científicos conocen el secreto para hacer que casi cualquier animal viva mucho más de lo normal. Pueden hacer que un ratón duplique sus años de vida y que un mono viva tres más de lo normal. El equivalente en personas sería vivir nueve años más y, además, con mucho menos riesgo de sufrir enfermedades asociadas al envejecimiento: cáncer, alzhéimer, diabetes. El problema es que el precio a pagar puede ser demasiado alto para muchos: comer menos, en concreto quitarse en torno a un 30% de las calorías diarias.

 

Se publicó un estudio más detallado que se ha realizado nunca para aclarar qué le sucede a un cuerpo cuando se somete a esta restricción calórica. Sus resultados apuntan muchas claves de qué genes y moléculas son culpables del envejecimiento y trazan nuevas vías para conseguir posibles fármacos que consigan algo a priori imposible: parar el tiempo, detener el envejecimiento.

 

“Este estudio muestra que el envejecimiento es un proceso reversible”, explica el investigador Juan Carlos Izpisúa (Hellín, 1960), uno de los autores principales del trabajo. “Hemos mostrado que determinados cambios metabólicos que llevan a una aceleración del envejecimiento se pueden reprogramar de una manera relativamente sencilla, reduciendo nuestra ingesta calórica, con la finalidad no ya de extender nuestras vidas, sino, mucho más importante, de que nuestra vejez sea más saludable”, resalta este farmacólogo y biólogo molecular que trabaja en el Instituto Salk (EE UU).

 

El trabajo ofrece el atlas celular más detallado del envejecimiento en un mamífero y los efectos beneficiosos de moderar la dieta. El equipo se ha servido de la nueva tecnología de análisis genético célula a célula para analizar unas 200.000 células de nueve órganos y tejidos diferentes de ratas. En un grupo había roedores que comían lo que querían y en el otros animales que comían un 30% menos calorías.

 

Los investigadores usaron solo ratas adultas a las que estudiaron desde los 18 a los 27 meses de edad, lo que en humanos equivaldría a un seguimiento entre los 50 y los 70 años. Esto es importante, pues los estudios realizados en primates han mostrado que los beneficios de comer menos son solo patentes en individuos adultos, a la mitad —más o menos— de sus vidas.

 

Los resultados, publicados este jueves en Cell, aportan un catálogo completo de todos los cambios que suceden con la edad y la dieta tanto dentro de cada célula como en la comunicación entre estas. Los investigadores han detectado que los genes y los procesos moleculares más afectados con la edad tienen que ver con el sistema inmune —que se desregula en las ratas que comen a voluntad—, la inflamación y el metabolismo. La cantidad de células inmunes en casi todos los tejidos aumentó con la edad, pero no lo hizo en las ratas con calorías reducidas, que tenían unos niveles equiparables a los de ratas jovenzuelas de cinco meses. Las ratas en restricción calórica no mostraban más de la mitad de todos los marcadores de envejecimiento identificados en sus compañeras con una dieta normal.

 

“La inflamación es un mecanismo esencial de defensa inmunológica que se ha desarrollado durante la evolución para aumentar la supervivencia de las especies”, explica Concepción Rodríguez, investigadora del Salk, coautora del estudio y esposa de Izpisúa. “El problema es que durante el envejecimiento hay una desregulación muy pronunciada del sistema inmune que da lugar a un estado de inflamación sistémica crónica y a la aparición de enfermedades asociadas a la edad, como por ejemplo el alzhéimer. La posibilidad de reprogramar ese estado inflamatorio aberrante mediante la restricción calórica sin duda nos proporciona una nueva herramienta para el posible tratamiento de enfermedades asociadas al envejecimiento”, resalta la investigadora.

 

Las pruebas de que la restricción calórica alarga la vida de las personas son más limitadas, en parte por el reto logístico y económico de seguir la vida y la dieta de cientos o miles de personas durante décadas, pero sí hay pruebas claras de que comer menos mejora marcadores de salud básicos. Ya están arrancando los primeros estudios para intentar ya no tratar una enfermedad concreta, sino atacar el envejecimiento con moléculas como la metformina, aprobada para tratar la diabetes.

 

Uno de los cambios moleculares que ha desvelado este estudio es la proteína Ybx1, que también está presente en humanos. Su producción estaba alterada en 23 tipos celulares diferentes y que podría ser una nueva diana para desarrollar un fármaco contra los efectos nocivos del envejecimiento.

 

El trabajo también tiene una importante contribución de China y lo firman tres investigadores de este país que estudiaron en el Salk y ahora dirigen sus propios grupos en la Academia Nacional de Ciencias del país asiático. “Un hallazgo interesante es que las células de la grasa y de la aorta son las que más cambian con el envejecimiento y se recuperan con la restricción calórica, lo que confirma la importancia que tienen estos tejidos en el envejecimiento, por encima de otros más clásicos como el cerebro o la médula ósea", explica. "Y otro más, que yo veo muy importante, es que ven beneficios más claros de la restricción en machos que en hembras, lo que apoya algunos indicios anteriores. Hay pocos estudios comparando los dos sexos, y esto es un problema serio que se está intentando reducir comparando ambos sexos, como han hecho aquí”, resalta.

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