ESTADOS UNIDOS

Detuvieron a un hombre en Florida por haber tenido sexo con un pony

Nicholas Anthony Sardo, de 21 años, fue apresado luego de confesar que mantuvo relaciones sexuales con un animal macho llamado Jackie G. Admitió sentirse "enfermo" por este acto de zoofilia.
Miércoles 21 de noviembre de 2018

Nicholas Anthony Sardo, de 21 años, fue detenido en Florida, Estados Unidos, después de que confesara haber mantenido relaciones sexuales con un pony macho llamado Jackie G, hasta cuatro veces en el plazo de una semana.

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El detenido aseguró que utilizó protección durante el acto sexual con la intención de evitar contraer cualquier tipo de enfermedad que pueda portar el animal.

 

Sardo fue acusado de “cuatro cargos por tener contacto sexual con un animal y cuatro cargos por bestialidad”. Es así como ha quedado detenido en la cárcel del condado y la fiscalía ya le ha fijado una fianza de 4.000 dólares por lo cometido con el animal.

 

A través de la red social Facebook ha comenzado a hacerse viral una publicación titulada “Justicia para Jackie G”, en la que cientos de usuarios se han manifestado en contra del joven, indignados por la relación que había generado junto al pony.

 

“Pobre caballo, de verdad que hay mucha gente enferma, dan asco”, ha escrito uno de los usuarios molesto con la insólita noticia.

 

La zoofilia es un comportamiento sexual que consiste en la realización del acto genital entre un ser humano y una especie animal. También suele ser llamada bestialismo, bestialidad o zoosexualidad.

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IMPUESTOS DIGITALES

Italia, Francia, España y Reino Unido limitan la tasa Google tras la amenaza de EE.UU.

A través de una carta, los ministros de Finanzas de los cuatro países europeos expresaron que la nueva versión del impuesto tendrá un carácter más limitado y "facilitaría considerablemente la labor de alcanzar una solución consensuada y un acuerdo político durante este año".
Sábado 27 de junio de 2020

Google, REUTERSGoogle, REUTERS

España, Francia, Italia y el Reino Unido seguirán adelante en el diseño y aplicación de sus impuestos digitales nacionales pero suavizarán su alcance ante la amenaza de represalia de Estados Unidos.

 

Así se desprende de la carta conjunta que los ministros de Finanzas de los cuatro países europeos mandaron la semana pasada a Estados Unidos. En ella, hablan de un “enfoque gradual”, inicialmente dirigido solo a empresas de servicios digitales automatizados, lo que “facilitaría considerablemente la tarea de lograr una solución consensuada y llegar a un acuerdo político este año”.

 

Esta misiva es la respuesta a la carta que el secretario del Tesoro estadounidense, Steven Mnuchin, hizo llegar el pasado 17 de junio a las cuatro capitales europeas. En ella anunciaba que EE UU abandonaría las negociaciones que se están llevando a cabo en el seno de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) sobre el diseño de una tasa Google a escala global. Mnuchin alegó que las conversaciones en este sentido habían llegado a un “punto muerto”, y amenazó con represalias a Madrid, París, Roma y Londres en el caso de que decidieran avanzar con sus propios impuestos de manera unilateral. Unos días antes, la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos había comunicado la apertura de una investigación a la UE y nueve países, entre ellos España, por sus tributos sobre servicios digitales.

 

“Alcanzar una solución multilateral basada en el consenso ante los desafíos planteados por la economía digital es más crucial que nunca. La actual crisis de la covid-19 ha confirmado la necesidad de una asignación justa y acorde a las ganancias obtenidas por las multinacionales que operan sin ―o con poca― presencia física” en el territorio, reza la respuesta de los cuatro países europeos, a la que ha tenido acceso este diario. “Estas empresas se benefician del libre acceso al mercado europeo. Es justo y legítimo esperar que paguen su parte justa de impuestos en los países donde crean valor y ganancias. Por lo tanto, creemos que posponer nuestro trabajo y no abordar estos desafíos constituiría un fracaso colectivo”, añadió.

 

Ahora habrá que ver qué significa el “enfoque gradual” que mencionan los cuatro ministros europeos. La misiva subraya que, “sobre la base de los resultados del trabajo técnico ya avanzado en la OCDE”, este enfoque “allanaría el camino hacia posibles soluciones de transición para debatir con Estados Unidos, en particular con respecto a los impuestos digitales nacionales existentes o futuros”.

 

En España, la tasa Google está aún en fase de tramitación, y el Gobierno calcula que pueda estar operativa a finales de 2020 para empezar a recaudar, según las estimaciones previas a la pandemia, 968 millones de euros al año. En el caso de Francia, el impuesto ya está en funcionamiento, pero París decidió congelar su cobro el pasado enero después de que Washington amenazara con imponer aranceles del 100% a productos franceses. Entonces, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y su homólogo galo, Emmanuel Macron, acordaron esperar a que se avanzara en las negociaciones internacionales, las mismas de las que ahora EE UU se ha descolgado.

 

“El Gobierno no ha cambiado su posición con respecto a la fiscalidad digital (...). La carta se refiere al marco de la OCDE y por tanto no hay ninguna variación”, ha asegurado la ministra de Hacienda y portavoz del Gobierno, María Jesús Montero, este viernes en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros. “La carta está en el mismo contexto que siempre hemos trasladado a las autoridades americanas. No se hace un impuesto digital contra ningún país ni sector en concreto; se trata de adaptar una fiscalidad para el siglo XXI a un entorno y una realidad económica que, siendo digital, tiene una fiscalidad analógica, y esto está haciendo que la competencia entre los diferentes tipos de empresas sea desigual”.

 

Antes de que llegara la pandemia, la OCDE contaba con tener a finales de este año un esquema consensuado entre las más de 130 jurisdicciones que participan en las negociaciones. La organización con sede en París trabaja en dos pilares para adaptar las reglas fiscales vigentes, que se remontan a los años veinte del siglo pasado, a la nueva realidad, y en particular al reto de la digitalización. Ya había llegado a dos propuestas, de las que faltaba conocer los detalles: que las grandes corporaciones ―no solo tecnológicas― tributen allí donde estén sus usuarios, independientemente de que tengan presencia física en el territorio, y que se fije un tipo mínimo del impuesto de sociedades a escala global para evitar que las multinacionales se lleven el dinero a países con sistemas tributarios más ventajosos o a paraísos fiscales. Una técnica que grandes corporaciones y tecnológicas, como Apple, Facebook o Google, emplean para reducir sus bases imponibles.

 

Sin embargo, ante las dificultades y los retrasos en alcanzar un acuerdo en el seno internacional, varios países, entre ellos España, Francia, Italia y el Reino Unido, han decidido ponerse a trabajar en una tasa propia de manera unilateral. La Unión Europea, que en el pasado intentó sin éxito aprobar un impuesto digital comunitario, había decidido, por su parte, esperar al acuerdo de la OCDE. La reacción a la retirada de Estados Unidos de las negociaciones, sin embargo, ha dejado claro cuál es su postura: el comisario de Economía de la UE, Paolo Gentiloni, aseguró que Bruselas aprobará una tasa europea si no se logra un acuerdo en el ámbito internacional. “Hace falta una #DigitalTax adecuada a la realidad del nuevo siglo. Hace falta una negociación global. Si el stop americano lo hiciera imposible, la @EU_Commission pondrá sobre la mesa una propuesta europea”, lanzó la semana pasada en su cuenta de Twitter.

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AVANCE IMPARABLE DEL VIRUS

Coronavirus en Estados Unidos: el país, doblegado por la pandemia

Los aumentos de casos se dan sobre todo en el sur y en el oeste. Florida, Oklahoma, Carolina del Sur y Texas reportaron máximos a mediados de esta semana.
Viernes 26 de junio de 2020

Coronavirus, Estados Unidos, pandemia, ReutersCoronavirus en Estados Unidos. Reuters.

Estados Unidos sigue sacudido y está perdiendo la pelea contra el enemigo invisible del coronavirus. Las autoridades reportaron 38.115 casos nuevos el pasado miércoles, la cifra diaria más alta desde el inicio de la pandemia. La tendencia de contagios era descendente desde que se registraron 36.739 casos positivos el 24 de abril, pero ha cambiado en las últimas semanas. Estados Unidos significa uno de cada cuatro casos de la covid-19 en todo el mundo, una de cada cuatro muertes por la enfermedad. Más de 2,38 millones de infectados confirmados. Al menos 120.000 muertes. Las cifras totales no tienen parangón. Y el impacto real, advierten los expertos, puede ser 10 veces mayor. “Probablemente hemos identificado solo en torno a un 10% del estallido”, ha dicho este jueves en una llamada con periodistas el doctor Robert Redfield, director de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades, que ha añadido que calculan, en función de los resultados de los test de anticuerpos realizados por todo el país, que entre un 5% y un 8% de los estadounidenses han sido contagiados hasta la fecha.

 

Los aumentos de casos se dan sobre todo en el sur y en el oeste. Florida, Oklahoma, Carolina del Sur y Texas reportaron máximos el miércoles. Pero los casos suben en más de la mitad de los Estados. En parte es debido al incremento de pruebas de diagnóstico, que hace que se detecten casos menos graves. Pero no totalmente. El porcentaje de resultados positivos en los test ha subido dramáticamente en Estados como Florida. Igual que las hospitalizaciones, que en Houston (Texas), por ejemplo, se han triplicado desde el 31 de mayo.

 

La Administración del presidente estadounidense Donald Trump, descolocada en medio de su campaña por la reactivación de la economía, se aferra a un dato positivo: las muertes no están creciendo al mismo ritmo que los contagios. Pero los expertos alertan de que puede ser cuestión de tiempo. “Las muertes siempre van considerablemente por detrás de los casos”, advirtió el martes en el Congreso el epidemiólogo Anthony Fauci, el hoy marginado rostro de la ciencia en la respuesta de la Casa Blanca a la pandemia, que vaticinó que los fallecimientos acabarán subiendo con los contagios.

 

Lo manifestó el doctor Fauci en el Capitolio, tras ser invitado por los congresistas. Apartado de los focos por un presidente harto de las fricciones de su discurso con la evidencia médica, la información científica ha circulado estas últimas semanas por otras vías para llegar a los ciudadanos. Comparecencias en el Congreso, puntuales entrevistas en los medios. Atrás quedaron los tiempos en que Fauci y la doctora Deborah Birx comparecían junto al presidente en la Casa Blanca a diario. Trump, animado por un instinto impermeable a la evidencia científica y apremiado por un deterioro económico que mina su camino a la reelección, disolvió el equipo de trabajo del coronavirus. Pero este jueves por la noche, ante el repunte de casos, la Casa Blanca ha informado de que el equipo volverá a comparecer este viernes en una sesión informativa, la primera que se celebra en casi dos meses.

 

Estados Unidos se enfrenta al peor y más grave embate del virus con las voces científicas silenciadas y la Casa Blanca en una especie de huida hacia adelante de consecuencias imprevisibles. Mientras las autoridades locales y las empresas se replantean sus planes de vuelta a la normalidad, el vicepresidente Mike Pence pidió a los senadores republicanos este miércoles, en una reunión a puerta cerrada, que se centraran en destacar las “señales esperanzadoras”.

 

La realidad hoy es muy diferente a la de los días trágicos de abril. Más descontrolada. Nueva York y Nueva Jersey, superados por la pandemia en primavera, proceden con la reapertura arropados por un descenso controlado de los contagios. Con los focos concentrados era más fácil actuar. Ahora el impacto del virus es más disperso, más imprevisible. La recogida de datos es más irregular, igual que la capacidad hospitalaria de cada Estado. La forma de enfrentarse a la crisis difiere en función del color político y las ideas particulares de cada gobernador.

 

Coronavirus, Estados Unidos, pandemia, ReutersPandemia de Covid-19. Reuters.

 

Cada Estado, otra vez, se maneja por su cuenta. Nueva York, Nueva Jersey y Connecticut pidieron el miércoles a los visitantes de nueve Estados con alta incidencia que se sometan a cuarentena. Algunos Estados, como Texas, han frenado el proceso de desescalada ante el alarmante aumento de casos. “Esta pausa temporal ayudará a nuestro Estado a contener la propagación hasta que podamos entrar con seguridad en la siguiente fase”, declaró el gobernador republicano Greg Abbott. Otros, como el gobernador de Florida, el también republicano Ron DeSantis, se han limitado a pedir a los ciudadanos que eviten los sitios cerrados con mala ventilación y las aglomeraciones.

 

Entre tanto, el presidente Trump tuitea sobre los ataques a estatuas confederadas, sobre seguridad ciudadana, sobre adopciones de niños, sobre resoluciones judiciales, sobre la valla en la frontera de México, sobre China, sobre la pesca de langostas en Maine. Ni una sola mención al coronavirus en 33 tuits entre la tarde del martes y la del jueves, durante las horas más graves de la pandemia. La última mención, el martes a las tres de la tarde, decía así: “Los casos suben solo por nuestros números altos de test. ¡La tasa de mortalidad baja!”.

 

Empeñado en mostrar una normalidad que no es tal y que  contrasta con los datos reales, a cinco meses de las elecciones, el presidente ha vuelto a la campaña. En su primer mitin en Tulsa, Oklahoma, el pasado sábado, dijo que había ordenado a su equipo que se hagan menos pruebas para ofrecer así una mejor imagen del país. La Casa Blanca se apresuró a decir que no había dado orden semejante. Fauci, en su lucha paralela, dijo en el Congreso que la prioridad era exactamente la contraria. La Bolsa de Nueva York, un indicador que parece guiar más al presidente que la curva de contagios, sufrió el miércoles una notable caída atribuida en parte a las noticias de repuntes.

 

El apuro por la reactivación económica sin tener medidas de seguridad adecuadas es, según los expertos, la principal explicación del repunte en contagios. “Es bastante alarmante”, ha resumido este jueves Ashish Jha, director del Instituto de Salud Global de Harvard, en una entrevista televisiva. “Esperábamos que seríamos capaces de contener al virus por un tiempo, pero estamos viendo estos repuntes, principalmente porque reabrimos demasiado rápido, y reabrimos sin las salvaguardas correctas”.

 

El coronavirus cambia de símbolo político:
El virus está mutando de color político en Estados Unidos. En primavera, la pandemia era cosa de los Estados demócratas. Pero hoy esos primeros focos empiezan a contar historias de éxito y, en el mes de junio, son los Estados en manos republicanas o que votaron a Donald Trump hace cuatro años (liderados por Texas, Florida y Arizona) los que suman más casos.

 

En los primeros meses, la realidad del impacto de la pandemia en el país estaba distorsionada por la magnitud de la tragedia en la ciudad de Nueva York, alimentada por la densidad demográfica y el trajín de visitantes extranjeros. Se han registrado un total de 218.000 contagios y casi 22.000 muertes por la covid-19 en el área metropolitana.

 

Pasa que las zonas urbanas tienden a ser más demócratas y las rurales, más republicanas. Así, la diferencia de propagación del virus entre Estados de uno y otro color es aún más pronunciada si se tiene en cuenta la población. Los Estados republicanos suman ahora nuevos casos a un ritmo per cápita que duplica la de los Estados demócratas.

 

Son los Estados gobernados por republicanos los que, por lo general, escucharon más al presidente y se han resistido a imponer, o apresurado a levantar, las medidas de restricción de movimientos. En ellos surgió con más fuerza, también, la contestación ciudadana a las medidas de confinamiento. Las movilizaciones por la justicia racial, tras la muerte a manos de la policía del afroamericano George Floyd el pasado 25 de mayo, han contribuido a acelerar la vuelta a la normalidad por todo el país, como una válvula de escape por la que reventó la ansiedad por meses de confinamiento.

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