Marcos Peña - Macri

La crisis económica es el gran problema que tiene el Gobierno de cara al 2019. Tras la “primavera” llamada G20 y la idea de “mano justa” en la lucha contra la inseguridad, el bolsillo de los argentinos volvió a ser tema principal.

 

“Lo que hicimos fue frustrar las expectativas. Pusimos la vara muy alta, sin sentido, y generamos frustración en la gente. Hoy esa vara está tan baja que todos dicen que somos unos pelot... (sic), pero cualquier mejora puede reavivar esas expectativas”, resume con dureza, un funcionario.

 

En la Casa Rosada son conscientes que tendrán muy pocos logros para ofrecer el año que viene al electorado, en el plano económico. “Lo único que vas a mostrar en abril de 2019, si todo sigue así, es un título: Se terminó la recesión”, dicen.

 

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En Balcarce 50 asumen que 2019 no va a ser como el 2017 cuando hubo crecimiento, reducción de la inación y un dólar estable sino que será similar al 2015, último año del kirchnerismo.

 

En el Ejecutivo rezan que la lógica del electorado el año que viene sea la siguiente: “Pensamos que estos se iban a estrellar y zafaron, a lo mejor no son tan malos y mirá enfrente lo que hay, Cristina Kirchner”. Lo que desnuda que en el Gobierno tienen en claro sus limitaciones. “El que te va a definir la elección no somos nosotros porque mucho mejor no vamos a estar, es el peronismo”. En Cambiemos buscan que la oposición vaya dividida y, de esta manera, tener más chances de reelección.

 

Ante esto, admiten que la teoría de desdoblar la elección a la gobernación bonaerense de la presidencial, como quién acompañará a Mauricio Macri en la fórmula, están en debate abierto.

 

“Tener un triunfo en setiembre en la provincia de Buenos Aires con María Eugenia (Vidal), es un fuerte envión y también va a sacar de la cancha a un montón de intendentes peronistas que no van a tener nada para pelear”, razonan en Cambiemos.

 

Pero los riesgos son muy grandes. Un miembro del gabinete nacional hace cuentas en el aire y se anima con una teoría audaz: lo mejor sería que Macri saque menos votos que Cristina en las PASO y dé la sensación de derrota.

 

Luego, que Vidal capitalice ese temor antiK y arrase en la Provincia y, con esa "ola triunfal" -como en 2015- Cambiemos dé vuelta el clima negativo y gane en primera vuelta y en un balotaje presidencial.