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Perfeccionamiento jurídico en California: una experiencia inolvidable

Miércoles 27 de febrero de 2019

López Carribero - Curso en Universidad de California

En la madrugada de ayer he regresado a Buenos Aires, luego de participar de
un curso de perfeccionamiento jurídico que fue brindado por la “California
Western School Of Law”, en San Diego, California.

 

Afortunadamente debo decir, que ha sido lo mejor que me ha ocurrido desde
que soy abogado. Sin dudas, ésta ha sido una experiencia inolvidable. De
aquí en más, sé que podré encarar algunas situaciones laborales de otro
modo más acorde, gracias a esta capacitación.


Junto a otros 100 abogados de América Latina, tuvimos el privilegio de
acceder a este programa de capacitación sobre habilidades de litigio por
Juicio por Jurado. El mismo, tuvo una duración de 5 días, desde el 15 al 19
de febrero.

López Carribero - Curso en Universidad de California

López Carribero - Curso en Universidad de California

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El curso tuvo una duración de 9 horas diarias durante 5 días, así como también la adversidad en el juicio por jurado y el interrogatorio de la parte contraria fueron los temas más importantes.

 

Luego de la cursada, llegamos a la armoniosa costumbre de juntarnos de
manera informal, para debatir y conversar sobre todo lo que habíamos
aprendido durante la cursada.


Por todo ello, no tengo dudas de que el Colegio de Abogados va a ser una de
las Instituciones que gozará de los conocimientos más actualizados en
materia de Juicio por Jurado.

López Carribero - Curso en Universidad de California

Sé que brindar esta nueva información que se encuentra en mi poder será muy
fructífero para futuros juicios de esta especie, que en general, suelen ser
llevados a cabo en la Universidad Nacional de La Matanza, porque otorgará a
los participantes, distintos ángulos para poder encarar la situación de la
que se trate.


Principalmente como abogado penalista, pero también como Director del
Instituto de Derecho Penal del Colegio de Abogados La Matanza, así como
también, en mi rol de profesor de Derecho Penal en la Universidad Nacional
de La Matanza, es que recomiendo a todos mis colegas y futuros colegas,
que, si tienen la posibilidad, vivan esta experiencia inolvidable y tan
enriquecedora.

 

Hugo Lopez Carribero


Abogado Penalista

 

*INVITADO DEL DÍA DE DIARIO26.COM

Hugo López Carribero
Abogados
California
Columnista
Info General (Sociedad)

El día que nació la Avenida 9 de Julio

“Recuerdos viejos pueden traernos dolores nuevos”.
Martes 8 de octubre de 2019

Avenida 9 de Julio, columnistas

Un día 12 de octubre de 1937, la Ciudad de Buenos Aires, se transformaba, por inaugurarse la Avenida 9 de Julio. Como si se le otorgara el diploma de honor de Gran Ciudad.

 

El año anterior, se había erigido una construcción que le daría personalidad propia, no solo a la avenida, sino también a toda la Ciudad: El Obelisco.

 

En diciembre de 1880 se había declarado a la Ciudad de Buenos Aires, capital de la República Argentina.

 

Y un acontecimiento, que en alguna medida sirvió para otorgar esta Ciudad, una definida personalidad, fue la inauguración del Obelisco.

 

En aquel año 1936, la capital argentina, a 400 años de su primera fundación por Pedro de Mendoza, no parecía sentir el peso de esos años.

 

Porque al igual que en la vida del ser humano, “lo vivido si bien está perdido, también está ganado”.

 

Caían también en ese momento, viejas casas coloniales, se ensanchaban calles, apuntaban al cielo nuevos rascacielos. Y en las entrañas de la tierra porteña, por el subsuelo, los subterráneos, como orugas de metal, la recorrían velozmente.

 

Todo lo que significaba progreso iba venciendo la resistencia de los viejos habitantes de Buenos Aires que miraban con pena los solares vacíos, que luego ocuparían, seguramente edificios de departamentos y no se equivocaban.

 

Quizá los porteños siguieron añorando sus viejas casas ya demolidas, en las que para siempre quedarían sueños, recuerdos, horas felices.

 

Son los momentos en que todos comprendemos que “no es el tiempo el que pasa, somos nosotros los que pasamos por el tiempo”.

 

Y en ese día de 23 de mayo de 1936, en que se inauguraba el Obelisco, ya hacía varios años que en algunos tramos estaba desapareciendo la “Corrientes Angosta”, tan grata también a los recuerdos.

 

Pero una gran ciudad no puede vivir totalmente aferrada a su sentimentalismo. Tiene otras urgencias.

 

Iban van cayendo los últimos reductos del pasado. La piqueta no descansaba.

 

Y en lo que hoy es la Plaza de la República, se abría un amplio claro en lo que había sido una densa concentración de casas bajas, de viejos teatros, de famosos cafés.

 

De cafés donde se practicaba la bohemia, esa bohemia que nació aún antes de comenzar el siglo XX.

 

Era sábado ese día 23 de mayo de 1936. Y en la flamante Plaza de la República, parecía que se habían dado cita todos los habitantes de Buenos Aires.

 

A las 15 hs. dio comienzo la ceremonia oficial. Emoción, solemnidad.

 

El primer magistrado, presidió la ceremonia. La Banda Municipal ejecutó el Himno Nacional.

 

Miles de voces –incluídas las de los chicos de las escuelas- formaban un coro fervoroso. Y las voces de esos chicos tenían una significativa resonancia. Parecían anunciar y saludar a la vez a la gran urbe del futuro.

 

A las 15.30 en punto se cortaron simbólicamente las cintas y se declararon inaugurados simultáneamente el nuevo tramo del ensanche de la Calle Corrientes y el gran Obelisco.

 

¡El Obelisco!. Este sería la involuntaria víctima del inagotable ingenio porteño, que con humor desprovisto de malicia, hacía de esta mole un sujeto pasivo de bromas, que muchos escenarios de teatros recogían y amplíaban.

 

Pero por encima de este aspecto humorístico –que es lo anecdótico- había algo más profundo. Estaba naciendo para la ciudad de Buenos Aires una nueva etapa, portentosa e infinita. Y dentro de ella ese Obelisco, que con las líneas clásicas con que había sido erigido, sería con el devenir del tiempo, el documento más auténtico de una ciudad con personalidad, grande, fuerte y pujante.

 

Y –curiosamente- ese día 23 de Mayo de 1936, también se celebraba el cuarto centenario de la Primera Fundación de Buenos Aires, que ratificaba, que aquel lejano día de 1536, con la fundación del Puerto de Santa María del Buen Ayre, comenzaba en las orillas del Plata, un hito civilizador.

 

Y desde entonces, Buenos Aires con su grandeza, tiende sus brazos a todos los pueblos del mundo. Y lo hace con sentimientos nobles, generosos y fraternales.

 

Terminada la ceremonia, se apagaron las voces.

 

El río de seres humanos se alejó despaciosamente como una ola gigantesca que se fue diluyendo hacia los cien barrios porteños. Sus habitantes comprendieron que desde ese día la Gran Aldea, comenzaría su definitivo destino de Gran Ciudad. Muchos quedaron pensando, sin duda, que ya no se apagaría el incesante progreso que fue haciendo de Buenos Aires una de las ciudades más importantes del mundo y verdadero orgullo de todos los argentinos. Porque “Hay llamas que encendidas, no podrán apagarse”.

 

Por José Narosky
*INVITADO DEL DÍA DE DIARIO26.COM

José Narosky
Columnista

Un homenaje a Rubén Darío en el Día de la Independencia de Nicaragua

Era un poeta, que soñó –y no se equivocaba- que sus lectores soñarían sus sueños. Un ser humano en definitiva, que encontró la magia de las pequeñas cosas. Porque descubrió que la magia está en las cosas.
Sábado 14 de septiembre de 2019

Ruben DaríoRuben Darío

Cada 15 de septiembre, Nicaragua celebra su Día de la Independencia, que tuvo lugar con la firma del Acta de Independencia en 1821, junto con Honduras, Costa Rica, El Salvador y Guatemala.



Quien esto escribe, residió durante muchos años en la Ciudad de Adrogué, Partido de Almirante Brown, al sur del Gran Buenos Aires, llamada también la Ciudad de los Árboles.



Es sorprendente la curiosa diagramación del lugar y de sus diagonales, que convergen formando numerosas plazas.



Esa característica tan especial, sumada al perfume de las flores que en primavera la hacen inconfundible, atrajo a ella a numerosos poetas. Incluso Jorge Luis Borges, vivió largos años en Adrogué. Y también residieron allí, Miguel Cané, autor de Juvenillia y Belisario Roldán.



Pero no todos saben, que en una vieja quinta de Adrogué, en la calle Avellaneda, vivió un poeta de fama universal.



No era argentino, pero quiso mucho a esta tierra.



Se llamó Rubén Darío.

 

Había nacido en 1876 y falleció un 7 de febrero de 1916, teniendo 49 años.



Fue un hombre de un espíritu especial, que sintió que sólo cuando volaba, no corría el riesgo de caer.

 


Era un poeta, que soñó –y no se equivocaba- que sus lectores soñarían sus sueños. Un ser humano en definitiva, que encontró la magia de las pequeñas cosas. Porque descubrió que la magia, está en las cosas.



Y para mostrarles más acabadamente su personalidad, quiero recordar un pequeño trozo de un poema muy conocido, que define no solo la pureza del poeta, sino también su talento:

Puede una gota de lodo

Sobre un diamante caer

Puede también de este modo

Su fulgor, oscurecer.

Pero aunque el diamante todo

Se encuentre de fango lleno

El valor que lo hace bueno

No perderá ni un instante

Y ha de ser siempre diamante

Por mas que lo manche el cieno.



Había nacido en América Central, en Nicaragua, en 1867, el mismo año que nacía un gran escritor argentino, Roberto J. Payró, autor de “El Casamiento de Laucha”, de quién fue gran amigo. Porque cuando Rubén Darío vivía en Adrogué, Payró residía en Lomas de Zamora, ambas ciudades del Sur del Gran Buenos Aires que son geográficamente muy cercanas. Hay 2 o 3 kilómetros de distancia, entre ellas.



Rubén Darío, de origen mestizo, de salud enfermiza, de vida irregular, en la que el alcohol y las mujeres ¡hombre al fin! jugaron un rol preponderante, tuvo una generosidad y una nobleza no menor que su talento.



En 1916, un año antes de su muerte, acaecida a los 49 años, con una situación económica bastante precaria, había conseguido cobrar del gobierno de Nicaragua, su patria, una vieja deuda, luego de varios años de lucha legal.



Y aquí un caso inusual que pinta claramente su generosidad.



Habiendo retirado Rubén Darío, el dinero de una institución bancaria, al salir, se encontró en la calle con una humilde vendedora de frutas, que estaba acompañada por cuatro hijos pequeños. Era de aspecto enfermizo.



Extrayendo de su billetera todo el dinero percibido pocos minutos antes, Rubén Darío se lo regaló a la mujer diciéndole:



-“Tus hijos están desnutridos, aliméntalos”.

¡Qué podría agregar!. Que su generosa sensibilidad, trae a mi mente un aforismo para este escritor que ya no late, pero que nos sigue haciendo latir.

“El gran poeta no es solamente el que escribe mejor, sino aquel que siente mejor.”

Por José Narosky
*INVITADO DEL DÍA DE DIARIO26.COM

 

Rubén Darío
Nicaragua
Columnista