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Científicos explican porque no se han contactado posibles civilizaciones extraterrestres

Una conferencia en Francia, Paris, reunió a un grupo de científicos en búsqueda de poder explicar porque no se ha podido mantener contacto con posibles civilizaciones extraterrestres. El resultado sorprenderá.
Martes 26 de marzo de 2019

¿Somos animales en un

Muchos científicos afirman que es  probable que exista vida inteligente más allá de la Tierra porque en el Universo hay innumerables lugares que cumplen con las condiciones necesarias para que suceda. Se han encontrado al menos 4.001 exoplanetas y se estima que hay otros 50.000 millones.

 

Especialistas en astrofísica, biología, sociología, psicología e historia  estiman que algunas civilizaciones alienígenas evitan comunicarse con nosotros para no provocar una disrupción cultural.

 

Vakoch presidente del METI (Mensajería a la Inteligencia Extraterrestre), propuso que los humanos seamos más activos en la búsqueda de la inteligencia extraterrestre.

 

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"Si fuéramos a un zoo y de repente una cebra se volviera hacia nosotros, nos mirara a los ojos y comenzara a golpear una serie de números primos con su pezuña, eso establecería una relación radicalmente diferente entre nosotros y la cebra, y nos sentiríamos obligados a responder", dijo.

 

"Podemos hacer lo mismo con los extraterrestres transmitiendo señales de radio potentes, intencionales y ricas en información a las estrellas cercanas", añadió.

 

Jean-Pierre Rospars, director honorario de investigación del Instituto Nacional francés de Investigación Agrícola, explicó otra teoría: "Parece probable que los extraterrestres estén imponiendo una 'cuarentena galáctica' porque se dan cuenta de que sería culturalmente perjudicial para nosotros enterarnos de ellos".

 

"No hay razón para pensar que los humanos hayamos alcanzado el nivel cognitivo más alto posible. Los niveles más altos podrían evolucionar en la Tierra en el futuro y ya haber sido alcanzados en otros planetas", sostuvo.

 

La radioastronomía es otro posible causa. Se trata de la única forma práctica de enviar mensajes al cosmos, aunque solo la colonización total de otras estrellas demostraría la existencia de la vida inteligente.

 

Nicolas Prantzos, director de investigación del Centro Nacional para la Investigación Científica, explicó: "Parece que aunque las comunicaciones por radio proporcionan un medio natural para buscar inteligencia extraterrestre para civilizaciones de menos de unos pocos milenios de edad, las civilizaciones más antiguas deberían desarrollar programas extensos de colonización interestelar".

 

"Esta es la única manera de lograr evidencia indiscutible, ya sea a favor o en contra de la existencia de la inteligencia extraterrestre", finalizó.

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PANDEMIA DE CORONAVIRUS

Investigadores argentinos buscan producir en laboratorio una proteína clave del coronavirus

Científicos del Instituto de Nanobiotecnología (Conicet-UBA) buscan reproducir a gran escala la proteína S, clave en el mecanismo de infección del Covid-19, lo que podría servir como insumo para el desarrollo de test, tratamientos y vacunas.
Miércoles 10 de junio de 2020

Coronavirus, investigación, laboratorioAvance contra el covid-19.

Científicos del Instituto de Nanobiotecnología (Conicet-UBA) buscarán reproducir en el laboratorio y a gran escala una proteína clave en el mecanismo de infección del coronavirus, lo que podría servir como insumo para el desarrollo de test, tratamientos y vacunas.

 

"Nuestro objetivo es en dos meses tener la proteína S (espícula) que asoma en la superficie del virus dando esta típica forma de corona y a lo que reacciona el organismo generando los anticuerpos", explicó María Victoria Miranda, investigadora del Conicet en el Instituto de Nanobiotecnología (Nanobiotec) de la Facultad de Farmacia y Bioquímica (FFyB-UBA).

 

Para "tener" esa proteína, no van a trabajar en el laboratorio con el virus sino que utilizarán métodos biotecnológicos. "Intentaremos producir esta compleja proteína en larvas de insectos, es decir, nos valemos de estos insectos plagas que hay en nuestro país y las utilizamos como 'biofábricas'", explicó.

 

El proyecto se denomina "Producción biotecnológica de la proteína S completa de SARS-CoV-2 y péptidos sintéticos para fines diagnósticos y terapéuticos" y fue uno de los primeros 64 en recibir los subsidios otorgados a partir de la convocatoria de la Agencia de Promoción de la Investigación, el Desarrollo Tecnológico y la Innovación (Agencia I+D+i).

 

El equipo de investigación está conformado por cuatro grupos de trabajo de Nanobiotec, al que se suma un equipo del Instituto de Estudios de la Inmunidad Humoral (IDEHU-FFyB) y una investigadora de Virología de la FFyB; en tanto que la empresa AgIdea proveerá los lotes de larvas.

 

El grupo que coordina Miranda tiene vasta experiencia en la producción biotecnológica de proteínas con larvas de insectos: la más reciente fue la proteína E del virus de dengue para el desarrollo de kits de diagnóstico por ELISA para la identificación de los 4 serotipos circulantes.

 

La investigadora explicó la importancia de la producción de estas proteínas y sus potenciales usos.

 

¿Qué es la proteína S y por qué es importante producirla?
María Victoria Miranda: La proteína S (Spike) o espícula es una proteína que se encuentra en la membrana del virus y le permite unirse a las células (en este caso del ser humano) que va a infectar. Como está en la superficie es un blanco predilecto del sistema inmune y genera anticuerpos en los individuos infectados. Este principio simple, aunque en la práctica es bastante más complejo y no suele ser tan directo, una de las cosas que permite es diagnosticar pacientes que han cursado la infección viral. Por otro lado, nuestro proyecto apunta a sintetizar (producir) químicamente “péptidos cortos” que son otras proteínas que están en la superficie del SARS-Cov-2 y que pueden servir para desarrollar nuevos métodos diagnósticos.

 

Es decir que estas proteínas servirían como insumo para hacer test de anticuerpos.
María Victoria Miranda: Exacto. Nuestra idea es desarrollar un test serológico de tipo ELISA de alta sensibilidad y especificidad. El objetivo es que pueda detectar cualquier isotipo de inmunoglobulinas específicas para SARS-CoV-2 (IgM, IgA e IgG) y que al utilizar la proteína S recreada exactamente igual a la del virus la sensibilidad sea muy alta, a diferencia de otros test que ya están comercializándose.

 

¿Esta proteína puede ser un insumo para tratamientos?
María Victoria Miranda: Sí, nuestro proyecto llega hasta el test, pero podríamos producir las proteínas y transferirlas. Dijimos antes que la proteína S es la principal responsable de la unión e infección del virus a las células de los pacientes. En contrapartida, el sistema inmune de una buena parte de los pacientes infectados es capaz de generar anticuerpos capaces de bloquear o neutralizar la unión del virus a nuestras células. Por lo tanto, si se pudieran sintetizar anticuerpos contra esta proteína y los mismos resultasen neutralizantes, se dispondría de una poderosa herramienta terapéutica contra esta enfermedad. Una estrategia relativamente sencilla y económica sería sintetizar la proteína S e inyectarla en animales grandes (caballos) para que éstos generen anticuerpos. Esos anticuerpos son extraídos, tratados y purificados y finalmente formulados bajo la forma de un reactivo terapéutico inyectable. Este procedimiento es análogo al seguido para la producción de antivenenos y antitoxinas. Es importante señalar que dentro del equipo de trabajo se encuentra el INPB, un instituto perteneciente a la ANLIS Dr. Carlos G. Malbrán, el cual es el principal productor de antivenenos a nivel nacional. Por lo tanto, una vez disponible la proteína S, ésta podría incorporarse a la plataforma productiva de antivenenos del INPB, esperando desarrollarse de esta manera un suero terapéutico anti-Covid.

 

¿Y en relación a las vacunas?
María Victoria Miranda: Nuestra proteína S podría utilizarse como antígeno en el diseño de una vacuna. Sin embargo, para que esto sea posible es necesario determinar algunos atributos de calidad de la proteína obtenida. Por ejemplo, si la proteína es estable, si se encuentra en una conformación que permita la obtención de anticuerpos neutralizantes y finalmente si es suficientemente antigénica, solo por nombrar tres aspectos críticos. El proceso de obtención de una vacuna es complejo y comienza con el diseño y la obtención del antígeno, pero no se limita solamente a estas actividades.

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AVANCES DE LA CIENCIA

Encuentran 47 medicamentos ya conocidos que pueden luchar contra el coronavirus

A cambio de pensar en fármacos de diseño nuevo, científicos de la Universidad de California en San Francisco buscó entre las 2.000 drogas ya aprobadas para humanos varias que traten o indiquen un camino terapéutico para el COVID-19.
Domingo 7 de junio de 2020

Coronavirus, laboratorio, experimentos, ReutersAvance en cura de coronavirus.

Un mapa del coronavirus; eso mismo era lo que podía llevar a que se encuentren los puntos débiles por los cuales atacar al nuevo patógeno. “Cuanto más sepamos de qué modo se une, invade y secuestra las células humanas, más efectiva va a ser la búsqueda de drogas para combatirlo”, estimaron Nevan Krogan, director del Instituto de Biociencia Cuantitativa del Instituto Gladstone y sus colegas de la Universidad de California en San Francisco (UCSF).

 

“El mapa muestra todas las proteínas de coronavirus y todas las proteínas del cuerpo humano que se encontró que podrían interactuar con ellas”, explicó en The Conversation. “En teoría, cualquier intersección entre proteínas virales y proteínas humanas en ese mapa es un lugar donde una droga podría combatir al SARS-CoV-2. Pero en lugar de tratar de desarrollar drogas nuevas", se distinguieron los investigadores, “miramos hacia las más de 2.000 sustancias únicas ya aprobadas por la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA)".

 

En algún lugar de un catálogo tan amplio, creen, “podría haber unas pocas drogas o componentes que interactúan con las mismas proteínas humanas que el coronavirus”, contó Krogan. “Y tuvimos razón”.

 

El equipo multidisciplinario de UCSF identificó 69 drogas y componentes con potencial para tratar el COVID-19. A medida que lo hacía, enviaba muestras de esas sustancias al Instituto Pasteur, en Paris, y a la Escuela de Medicina Icahn de Mount Sinai, en Nueva York, para someterlos a pruebas. Hasta el momento, 47 mostraron “fuertes pautas para el tratamiento” y se identificaron “dos mecanismos separados” sobre el modo en que interceptarían al SARS-CoV-2, según sintetizaron en un primer estudio.

 

Inicialmente, esas pautas y mecanismos derivados del cruce entre el mapa del coronavirus y el catálogo de la FDA no señalaban más que interacciones potenciales: “No sabíamos si las drogas que identificamos harían que una persona fuera más resistente al virus o más susceptible, si harían algo o nada”. Para eso hacía falta probarlas en muestras vivas del causante del COVID-19 y en células, que se tomaron del mono verde porque reaccionan de manera muy similar a las humanas.

 

“Luego de infectar estas células de mono con el virus vivo, nuestros colegas de París y Nueva York agregaron las drogas que identificamos a la mitad de ellas, y mantuvieron la otra mitad como controles”, detalló el microbiólogo en su artículo. “Luego midieron la cantidad de virus en las muestras y la cantidad de células que seguían vivas. Si las muestras tenían un contenido menor de virus y mayor de células vivas que el grupo de control, eso sugería que interferían con la multiplicación viral”.

 

Encuentran 47 medicamentos previamente conocidos que pueden luchar contra el coronavirus, Nevan KroganNevan Krogan.

 

Los ensayos incluyeron también varias de las combinaciones posibles y dieron toda clase de resultados: “Algunas drogas servían para combatir el coronavirus, mientras que otras hacían que las células resultaran más susceptibles a la infección”. Pero, en general, las conclusiones más reveladoras fueron dos, destacó Krogan: “Encontramos drogas individuales que parecen prometedoras para combatir el coronavirus (o que pueden hacer que las personas sean más susceptibles a él)" y “sabemos, a nivel celular, por qué sucede eso”.

 

Los investigadores de UCSF identificaron principalmente dos grupos de sustancias que afectan al virus de dos maneras diferentes, una de las cuales no había sido descripta antes.

 

El primer grupo interrumpe la traducción del mensaje del ARN, que es uno de los pasos finales que da el coronavirus para multiplicarse. Cuando ingresa a una célula, el SARS-CoV-2 se apropia de los mecanismos naturales de ella para hacer copias de sí mismo. Primero se replica, luego transcribe las instrucciones para hacer eso numerosas veces gracias a la capacidad propia de la célula y por último traduce ese mensaje: en ese punto las proteínas hacen nuevas copias que pasan a infectar a otras células. Y el proceso vuelve a comenzar.

 

Encuentran 47 medicamentos previamente conocidos que pueden luchar contra el coronavirus

Parte del complejo mapa que trazó el equipo multidisciplinario. Imagen: Krogan Lab.

 

“Al revisar el mapa, notamos que varias proteínas virales interactuaban con proteínas humanas involucradas en la traducción y una cantidad de drogas interactuaban con estas proteínas. Después de probarlos, encontramos dos compuestos que interrumpen la traducción del virus”, dijo el experto.

 

Hoy en día se los emplea para tratar el mieloma múltiple: son la ternatina-4 y la zotatifina. “Parecen combatir el COVID-19 al unirse a las proteínas que la célula necesita para traducirse, e inhibirlas”.

 

Hoy está en estudio una molécula similar a la ternatina-4, el medicamento Aplidin, un antitumoral de origen español cuyo principio activo es la plitidespina. Según dijo Luis Mora, director de la empresa que lo produce, PharmaMar, sus efectos contra el COVID-19 podrían ser “mil veces superiores a los que consigue el remdesivir”, el antiviral de Gilead aprobado por la FDA.

 

En cambio, la zotatifina apunta a otra proteína. El equipo de investigación de UCSF trabaja actualmente con el laboratorio que la produce, eFFECTOR Therapeutics, para comenzar cuanto antes los ensayos clínicos. Según explicó el director ejecutivo de la firma, Steve Worland, a diferencia de los otros antivirales esta molécula, originalmente creada contra el cáncer, no apunta al virus sino que actúa sobre las células que el SARS-CoV-2 secuestra.

 

“El segundo grupo de drogas que identificamos funciona de manera completamente diferente”, siguió Krogan. Opera sobre los receptores sigma, una proteína presente en muchos tejidos del cuerpo humano, con gran concentración en el sistema nervioso, por el cual se la asocia a conductas adictivas, trastornos de personalidad y depresión, pero también se lo ha identificado en la función cardiovascular y el cáncer.

 

Los receptores celulares, que se encuentran tanto en el interior como en la superficie de las células, “actúan como interruptores especializados”, comparó el investigador: “Cuando una molécula específica se une a un receptor específico, le indica así a la célula que haga una tarea específica. Con frecuencia los virus utilizan receptores para infectar las células”.

 

El mapa original había mostrado que dos receptores importantes en los tratamientos farmacológicos, SigmaR1 y SigmaR2, podían participar en el combate contra el COVID-19. “Las pruebas confirmaron nuestras sospechas”, continuó Krogan.

 

Encuentran 47 medicamentos previamente conocidos que pueden luchar contra el coronavirus

Algunos medicamentos están aprobados, otros en ensayos clínicos. Krogan Lab.

 

En los laboratorios se identificaron siete drogas o moléculas que interactúan con esos receptores: “Dos antipsicóticos, el haloperidol y la melperona, que se utilizan para tratar la esquizofrenia, mostraron actividad antiviral contra el SARS-CoV-2. Dos potentes antihistamínicos, la clemastina (o meclastina) y la cloperastina, también mostraron actividad antiviral, al igual que el compuesto PB28 (un derivado de la piperazina) y la hormona femenina progesterona”.

 

Pese a que no se conoce exactamente el mecanismo que emplea el coronavirus, se cree que sus proteínas manipulan estos interruptores para ayudar a producir copias de sí mismo. Por lo tanto, reducir la actividad de estos receptores probablemente limitaría la multiplicación del microorganismo.

 

Del mismo modo que con el grupo anterior, en este conjunto de medicamentos también se encontró uno que tiene el efecto contrario y ayuda a la infección de COVID-19: el dextrometorfano, un ingrediente que se suele encontrar en las medicaciones para suprimir la tos.

 

“Todos estos hallazgos, aunque son interesantes, se deben someter a ensayos clínicos”, subrayó varias veces el artículo. Son teóricos: no son indicaciones para tomar, o dejar de tomar, cualquiera de esos medicamentos en respuesta al COVID-19. “Ni las personas, ni los políticos, ni los medios de comunicación deben entrar en pánico y sacar conclusiones”, enfatizó Krogan.

 

El trabajo —o, más bien, la idea original y luego la investigación— de UCSF podría tener usos más allá del COVID-19: “Estas mismas proteínas que el SARS-CoV-2 utiliza para infectar y replicarse en las células humanas y que son el objetivo de estos medicamentos también son secuestradas por los coronavirus relacionados SARS-1 y MERS”. Los científicos no miran hacia el pasado al subrayar ese denominador común, al contrario: “Si cualquiera de estas drogas funciona, es probable que sea eficaz contra un COVID-22, COVID-24 o cualquier versión futura que pueda surgir”.

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