Ciencia: científicos detectan el primer tipo de molécula que dio origen al Universo

Ha sido detectado en el espacio por primera vez, culminando décadas de búsquda.
Jueves 25 de abril de 2019

 Científicos detectan el primer tipo de molécula que dio origen al Universo

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El primer tipo de molécula que se formó en el universo, una combinación de helio e hidrógeno, ha sido detectado en el espacio por primera vez, culminando décadas de búsqueda.

 

Los científicos descubrieron su firma en nuestra propia galaxia utilizando el observatorio aéreo más grande del mundo, el Observatorio Estratosférico de Astronomía Infrarroja de la NASA, o SOFIA, mientras el avión volaba por encima de la superficie de la Tierra y apuntaba sus sensibles instrumentos hacia el cosmos. Cuando el universo aún era muy joven, solo existían unos pocos tipos de átomos.

 

Los científicos creen que alrededor de 100 000 años después del Big Bang, el helio y el hidrógeno se combinaron para crear una molécula llamada hidruro de helio por primera vez. El hidruro de helio debe estar presente en algunas partes del universo moderno, pero nunca se había detectado en el espacio, hasta ahora. SOFIA encontró el hidruro de helio moderno en una nebulosa planetaria, un remanente de lo que una vez fue una estrella parecida al Sol.

 

Localizada a 3.000 años luz de distancia, cerca de la constelación de Cygnus, esta nebulosa planetaria, llamada NGC 7027, tiene condiciones que permiten que se forme esta molécula misteriosa.

 

El descubrimiento sirve como prueba de que el hidruro de helio puede, de hecho, existir en el espacio.

 

Esto confirma una parte clave de nuestra comprensión básica de la química del universo primitivo y cómo evolucionó a lo largo de miles de millones de años en la química compleja de hoy. Los resultados se publican en Nature.

 

"Esta molécula estaba al acecho, pero necesitábamos los instrumentos adecuados para hacer las observaciones en la posición correcta, y SOFIA pudo hacerlo perfectamente", dijo Harold Yorke, director del Centro de Ciencia SOFIA, en Silicon Valley, California. Hoy en día, el universo está lleno de estructuras grandes y complejas, como planetas, estrellas y galaxias.

 

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Pero hace más de 13 mil millones de años, después del Big Bang, el universo primitivo estaba caliente, y todo lo que existía eran algunos tipos de átomos, en su mayoría helio e hidrógeno.

 

Cuando los átomos se combinaron para formar las primeras moléculas, el universo finalmente pudo enfriarse y comenzó a tomar forma. Los científicos han inferido que el hidruro de helio fue esta primera molécula primordial.

 

Una vez que comenzó el enfriamiento, los átomos de hidrógeno pudieron interactuar con el hidruro de helio, lo que lleva a la creación de hidrógeno molecular, la molécula principal responsable de la formación de las primeras estrellas. Las estrellas siguieron forjando todos los elementos que conforman nuestro rico y químico cosmos de hoy.

 

El problema, sin embargo, es que los científicos no pudieron encontrar hidruro de helio en el espacio.

 

Este primer paso en el nacimiento de la química no estaba probado, hasta ahora.

 

"La falta de pruebas de la existencia misma de hidruro de helio en el espacio interestelar fue un dilema para la astronomía durante décadas", dijo en un comunicado Rolf Guesten, del Instituto Max Planck de Radioastronomía, en Bonn, Alemania, y autor principal del artículo.

 

El hidruro de helio es una molécula delicada. El helio en sí mismo es un gas noble, por lo que es muy poco probable que se combine con cualquier otro tipo de átomo.

 

Pero en 1925, los científicos pudieron crear la molécula en un laboratorio al 'convencer' al helio para que compartiera uno de sus electrones con un ion de hidrógeno. Luego, a fines de la década de 1970, los científicos que estudian la nebulosa planetaria llamada NGC 7027 pensaron que este ambiente podría ser el adecuado para formar hidruro de helio.

 

La radiación ultravioleta y el calor de la estrella envejecida crean condiciones adecuadas para que se forme hidruro de helio. Pero sus observaciones no fueron concluyentes.

 

Los esfuerzos posteriores indicaron que podría estar allí, pero la molécula misteriosa continuó eludiendo la detección. Los telescopios espaciales utilizados no tenían la tecnología específica para detectar la señal de hidruro de helio de la mezcla de otras moléculas en la nebulosa. En 2016, los científicos acudieron a SOFIA en busca de ayuda.

 

Volando hasta 45.000 pies, SOFIA hace observaciones sobre las capas interferentes de la atmósfera de la Tierra. Pero tiene un beneficio que los telescopios espaciales no: regresa después de cada vuelo. "Podemos cambiar los instrumentos e instalar la última tecnología", dijo el científico adjunto del proyecto SOFIA, Naseem Rangwala. "Esta flexibilidad nos permite mejorar las observaciones y responder a las preguntas más urgentes que los científicos quieren que se contesten".

 

Una actualización reciente a uno de los instrumentos de SOFIA llamado GRAN, agregó el canal específico para el hidruro de helio que los telescopios anteriores no tenían. El instrumento funciona como un receptor de radio. Los científicos sintonizan con la frecuencia de la molécula que están buscando, similar a sintonizar una radio FM a la estación correcta. Cuando SOFIA llegó al cielo nocturno, científicos entusiastas estaban a bordo leyendo los datos del instrumento en tiempo real. La señal de hidruro de helio finalmente llegó fuerte y clara. "Fue tan emocionante estar allí, viendo hidruro de helio por primera vez en los datos", dijo Guesten. "Esto trae una larga búsqueda a un final feliz y elimina las dudas sobre nuestra comprensión de la química subyacente del universo primitivo". (Fuente ElComercio.com)

 

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El increíble caso del médico que curó a astronauta con coágulo de sangre en el espacio

Una emergencia inesperada en el espacio y un médico que atendió a la distancia. Conocé la historia en la nota.
Martes 14 de enero de 2020

Astronauta de la NASAAstronauta de la NASA

El Doctor Stephan Moll de la Universidad de Medicina de Carolina del Norte, pertenece al departamento de hematología y oncología en el que se especializa en trombosis, trombofilia y coagulación y, una mañana, recibió un correo inesperado que lo marcó para siempre.

 

Se contactaban desde la NASA para consultarlo de manera urgente, ya que un astronauta había tenido un coágulo de sangre en el espacio.

 

El tripulante no identificado de la Estación Espacial tenía una Trombosis Venosa Profunda (TVP) o coágulo de sangre en la vena yugular de su cuello. Llevaba dos meses en una misión que duraba seis en la Estación Espacial Internacional (EEI) cuando la Trombosis Venosa Profunda fue descubierta.

 

Fue la primera ocasión en la que un caso de un coágulo en la sangre fue descubierto en un astronauta con actividad en el espacio, por lo que la NASA no contaba con un protocolo establecido o con ningún otro método para tratar su condición en un ambiente de gravedad cero. Como miembro y parte del equipo de la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio, Stephan Moll le prescribió un tratamiento para el coágulo de sangre.

Doctor Stephan Moll ayudó a la tripulación de la NASA

“El Doctor Moll y el equipo de la NASA decidieron que usar anticoagulantes sería el mejor tratamiento para el tripulante en peligro. Sin embargo, sus opciones farmacéuticas estaban limitadas, porque en la Estación Espacial Internacional sólo se cuenta con suministro de medicamentos a bordo”, aseguraron funcionarios del centro de estudios de Carolina del Norte.

 

Para cuando el coágulo fue descubierto, se contaba con una cantidad limitada de diluyente de sangre, el cual se conoce como “Enoxaprina”. Por ello, Moll ayudó a la tripulación de la NASA a saber cómo racionar el abastecimiento disponible en la EEI, a fin de dar uso efectivo a la Trombosis Venosa Profunda, al tiempo que aseguraron que el viajero espacial no se quedara sin otros insumos que le ayudaban a soportar hasta que la NASA pudiera enviar un nuevo cargamento de medicinas en la siguiente misión.

 

El proceso de tratamiento del astronauta, como se mencionó anteriormente fue a través de Enoxaprina, medicina que se libera en el cuerpo del afectado a través de una inyección, misma que se tiene que proveer a lo largo de 40 días. Para el día 43 del tratamiento para el astronauta, éste debe tomar una pastilla de manera oral llamada Apixaban, la cual llegaría a la estación en una nave de reabastecimiento de carga no especificada.

 

En total, el tratamiento duraba 90 días y, durante ese periodo, el astronauta monitoreaba muy de cerca el coágulo a través de ultrasonidos en su cuello, por supuesto con la ayuda del equipo de radiología ubicado en la Tierra. Igualmente, a manera de apoyo y de seguimiento, el Doctor Moll se mantuvo en comunicación con él a través del correo electrónico y de llamadas telefónicas.

 

Afortunadamente, una vez concluida la misión, el astronauta aterrizó de manera segura en la Tierra y, para ese entonces, el coágulo de sangre ya no requería de tratamiento.

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EN FEBRERO

Solar Orbiter, ambiciosa misión que sobrevivirá 500º para revelar secretos

Si la misión resulta un éxito, permitirá comprender mejor su actividad y, sobre todo, aprender a defendernos mejor de las peligrosas tormentas solares.
Sábado 11 de enero de 2020

Solar Orbiter, NASALa misión que promete.

Con el objetivo de comprender un poco mejor a nuestra estrella clave, la Agencia Espacial Europea (ESA), en colaboración con la NASA, enviará el próximo 5 de febrero la misión Solar Orbiter.

 

Por primera vez, tomará por primera vez fotos de los polos del Sol y monitorizará su actividad desde cerca -concretamente a tan «solo» 42 millones de kilómetros, la segunda marca más próxima del hombre-, para intentar comprender fenómenos tan complejos y repentinos como las tormentas solares, cómo funciona el rápido e infernal viento solar y enteder un poco mejor sus «caprichosos» ciclos.

 

El lanzamiento se llevará a cabo desde Cabo Cañaveral. A partir de ahí, la sonda se acercará a 0,28 unidades astronómicas de nuestra estrella -será la segunda nave más cercana, después de la Solar Parker-. Se espera que esta misión dure siete años.

 

Los mecanismos responden de manera óptima para soportar las vibraciones del lanzamiento y dos de las mayores exigencias en el espacio: el vacío y los extremos térmicos.

 

Cuando sea lanzando seguirá un camino elíptico alrededor del sol hasta posicionarse dentro de la órbita de Mercurio con temperaturas extremas, las partes de la nave orientadas al sol sufrirán más de 500°, una radiación 13 veces más intensa que la de los satélites en órbita terrestre, otras permanecerán en heladas sombras de -180°.

 

Para que la nave espacial de casi dos toneladas de peso pueda sobrevivir, es el escudo térmico que la protegerá de las temperaturas infernales.

 

Los científicos estiman que esta misión pueda aportar los 10 instrumentos del Solar Orbiter y determinar cómo se vincula el campo magnético del sol con la galaxia y las características del viento solar, en especial el mecanismo detrás de su aceleración.

 

 

 

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