El recién coronado rey Maha Vajiralongkorn y la reina Suthida de Tailandia se ven en el balcón de Prasad Hall en Bangkok, Reuters

(Foto: Reuters)

 

El rey Vajiralongkorn de Tailandia se autocoronó como el décimo monarca de su dinastía y su cuarta y flamante esposa, una ex asistente de vuelo, ex guardaespaldas real y coronel del ejército tailandés, Suthida, se postró ante el trono del rey para ser reina.

 

La mujer, que sigue siendo un misterio para los tailandeses, tuvo mejor suerte que su antecesora, la exprincesa Srirasmi Sudawee, quien se encuentra en prisión.

 

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Vajiralongkorn era todavía el príncipe heredero cuando sorprendió a la corte al casarse con ella contra la voluntad de la reina Sirikit, su madre, que se opuso desde el primer día a esa relación “desigual”.

 

En 2011, el príncipe se casó con la joven de familia modesta y la nombró “princesa consorte”. Cuatro años más tarde fue madre de un varón, el príncipe Dipangkorn Rasmichoti, hoy primero en línea sucesoria y a partir de entonces la estrella de Srirasmi comenzó a apagarse.

 

En diciembre de 2014 estalló el escándalo que terminó con su matrimonio y con su privilegiado estatus de princesa real. Siete miembros de su familia, entre ellos su tío y algunos de sus hermanos, fueron detenidos y acusados de “difamar a la monarquía con sus acciones”.

 

Obligada por su suegro, el rey Bhumibol, la consorte renunció a todos sus títulos y honores reales a cambio de una indemnización de 5 millones de euros, según la información oficial.

 

El propio Vajiralongkorn hizo oficial la vergüenza al ordenar a la familia de su esposa que dejara de usar el nombre honorífico “Akrapongpreecha”, otorgado después de que se celebrara el matrimonio, que les confiere estatus de caballeros de la corte.

 

Poco después, el nombre de Srirasmi fue eliminado de la corte, su figura desapareció de los retratos oficiales y los medios dejaron de nombrarla.