Fundador Los Palmeras - Marcos y Miguel

Marcos Camino de 68 años y Miguel Ocampo de 69, se conocieron cuando tenían nueve años en el colegio. Compartiendo la pasón por el fútbol y la música, crecieron juntos y tras 20 años, recibieron una noticia que nunca imaginarían.

 

Ambos son santafecinos, Marcos vivió con su papá biológico hasta los 4 cuando se separó de su mamá. Miguel, por su parte fue criado por su mamá y la pareja.

 

A los 20 años a Miguel lo visita era una persona que le venía a decir que el dueño de la remisería del barrio, Máximo quien era el padre de Marcos. El mismo fue a ofrecerle un trabajo que aceptó sin dudarlo.

 

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Lo que pasó después, lo relata él: “Me acuerdo que entro a la remisería algo agitado. Pregunto por él y cuando se presenta me hace sentar en un sillón que tenía en el ingreso. Me mira a los ojos y me dice: 'Miguel, yo soy tu papá'".

 

"Marcos es tu hermano", exclamó el hombre.

 

“Así, sin anestesia. Me tiró su paternidad por la cabeza y yo no entendía nada. De repente tenía enfrente a mi papá y en el mismo momento me enteraba que mi mejor amigo era mi hermano”, reflexionó Miguel.

 

Miguel, tras la noticia, se fue a Buenos Aires y se quedó durante un año en la casa de sus tíos. Marcos se enteró un día después: “Vino a mi casa, golpeó la puerta y ahí en la calle me lo contó. Dijo eso y se fue de vuelta a la remisería”, recuerda.

 

Los mejores amigos y ahora hermanos, se reencontraron un año después cuando Marcos tocaba el acordeón en los escenarios antes de ser parte de Los Palmeras. Marcos bajó del escenario y se abrazaron en silencio.

 

“Fue muy extraño porque nosotros siempre bromeábamos que como amigos teníamos tantas cosas en común que parecíamos hermanos. Ese abrazo de reencuentro fue, de alguna manera, un abrazo con la vida”, dicen.


El tiempo pasó y Miguel se instaló en Buenos Aires, se dedicó al rubro textil, se casó y tuvo un hijo que ahora toca el teclado y sueña con ser músico como su tío. Marcos recorrió el mundo con Los Palmeras.

 

“Marcos es un ejemplo de persona, un perseverante y un soñador. Lo admiro como mi hermano, pero más como mi amigo”, aseguró Miguel y Marcos no se queda atrás: “Nos une la bondad, la música y Colón. Si bien no nos vemos como en la adolescencia las charlas que tenemos ahora son más nutritivas. Cuando hablo con él son como mil sesiones de terapia”.