Isabel Sarli y Armando Bó

Isabel “Coca” Sarli tuvo un gran “amor de película” con Armando Bó, una pareja unida por el cine y que trascendió la pantalla grande.

 

El actor nunca dejó a su mujer legal pero eso no le impidió desarrollar una relación fogosa y duradera con su musa cinematográfica.

 

Construyeron un imperio taquillero y una de las historias de amor más intensas de la farándula argentina, que se constituyó en símbolo del erotismo, el camp y el kitsch del cine local con injerencia en varios mercados latinoamericanos y europeos.

 

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Era el año 1957, Coca y Armando marcaron sus vidas para siempre. La primera película juntos marcó un antes y un después en la historia del cine nacional.

 

Un año después se estrenó "El trueno entre las hojas", el primer exponente de una nutrida lista de títulos que hizo de lo bizarro Clase B un género de culto local y del erotismo soft todo un lenguaje, amparado en los pechos exuberantes y el cuerpo tallado de su protagonista; las hoy repudiables escenas de violencia ejercidas hacia la mujer; y en los paisajes paradisíacos.

 

“Armando fue el padre que no tuve”, dijo alguna vez la protagonista de La tentación desnuda. La diferencia de edad y la protección que el actor, director y productor ejercía sobre ella, mucho tuvo que ver con ese lazo paternal que Isabel nunca conoció.

Isabel Sarli y Armando Bó

Isabel y Armando hicieron 28 películas, casi todas taquilleras. Cada estreno era un acontecimiento. Los cines de la calle Lavalle se peleaban por contar con las películas de la Sarli en sus programaciones. Aunque, en no pocas ocasiones, los films eran víctima de la censura por sus escenas eróticas y de desnudez.

 

Armando la convirtió en una gran diva nacional y popular. La obligaba a rodar más de una película por año y con grandes esfuerzos físicos. Isabel se sometía como una forma de retenerlo y no perderlo.

 

La relación entre Isabel y Armando no fue sencilla. Ella debió soportar la tiranía de un hombre con carácter. Y así, la actriz vivió, primero, bajo los mandatos implacables de su madre, y luego, bajo las directivas de su pareja. Al comienzo de la relación, ella soñaba con que él dejaría a su mujer, pero, con los años, la fantasía se fue convirtiendo en pesadilla. Por eso, decidió aceptar ese vínculo en el que el trabajo los unía permanentemente, ganaban fortunas, y alternaban con buenas noches de pasión.

 

Las discusiones en los rodajes eran moneda corriente. Y no sólo eso, él la subestimaba intelectualmente, pero aseguraba quererla. Aunque, sin lugar a duda, los sentimientos de ella por él eran infinitamente más sinceros y sentidos.

Isabel Sarli y Armando Bó

En varias de las producciones que hicieron juntos, desarrolló escenas de alto voltaje con Víctor Bó, hijo de Armando. Esto fue muy repudiado por una sociedad conservadora, pero hipócrita, que consumía con morbo los films y encontraba en la interacción ficcional entre Isabel y Víctor connotaciones incestuosas.

 

Con el tiempo, la relación con el hijo de su gran amor sufrió desavenencias. Incluso hasta un nieto de Armando, guionista del premiado filme Birdman, la ninguneó diciendo que solo fue una amante de su abuelo. Isabel estalló ante ese desafortunado comentario.

 

Bó murió prematuramente a los 67 años. Su vida se apagó el 8 de octubre de 1981. Cuando agonizaba, Isabel se dirigió hasta la casa que el director compartía con su esposa y mientras la diva lo acariciaba, él dio su último respiro. Murió junto a ella. En el cuarto de al lado, Teresa aguardaba su turno para despedirlo. Todo un símbolo. La más legal de las relaciones clandestinas.