Mauricio Macri en Osaka, Japón (Reuters)Macri en Osaka. REUTERS.

El escrache del que fue víctima el presidente argentino Mauricio Macri en Zurich cuando se retiraba de la sede central de la Federación Internacional de Fútbol (FIFA), puso en alerta al entorno presidencial. Sobre todo en esta etapa previa a las Elecciones 2019.

"¿Y si era un terrorista con una camiseta de Argentina y en vez de darle la mano le tiraba?", fue la pregunta planteada, que pese a que a varios podrá haberle parecido exagerada; para otros en cambios está más que justificada.

Como ya sucedió con otros ataques kirchneristas, en las que la seguridad presidencial estuvo en jaque; ahora se pretende evitar situaciones similares.

Las reacciones ante los escraches K son diferentes. Desde el primer día de Gobierno, la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, insistió claramente en reforzar la custodia. Y luego de lo sucedido en Zurich, desde su cartera confirmaron que se contactó con la Casa Militar, a cargo de José Luis Yofre; y con Alejandro Cecati, jefe de la custodia, para destacar la importancia de que se cumpla con el protocolo de actuación.

"El vidrio de un auto blindado no se baja", es la idea compartida por los tres. "Se debe seguir estrictamente el protocolo. Los insultos en definitiva terminan en una anécdota, pero Suiza es un país donde es muy extendida la portación de armas... Y en la Argentina, lamentablemente, cualquiera consigue una", sostuvo otra voz del aparato de Seguridad.

"La reacción de Mauricio fue la que tendríamos cualquiera de nosotros sin una evaluación del riesgo, que es justamente lo que determina y prevé el protocolo", agregó, en relación a que en Suiza fue el propio Presidente el que hizo bajar la ventanilla para saludar.

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"La custodia puede hacer todos los ajustes, pero el problema es Mauricio. A él le gusta estar cerca de la gente y a veces se corta solo", manifestó otra fuente cercana al mandatario. Efectivamente, es por eso que en varias ocasiones la custodia insistió para que el Presidente viajara en autos blindados, pero que no estén polarizados, ya que de esa manera, plantearon, puede saludar sin necesidad de bajar el vidrio.

Este jueves, Bullrich habló sobre el escrache y evaluó que "fuera del país hay condiciones que no se manejan del todo" y dijo ser consciente de que "el Presidente no puede aislarse y tiene que estar en contacto con la gente", pero deslizó que este tipo de hechos se puede repetir. "Sería bueno que el que quiera manifestarse en contra, lo haga de forma directa, sin manipular y engañar diciendo que lo quieren saludar", remarcó enfáticamente.

El jefe de Gabinete, Marcos Peña, cree que a medida que llegue la fecha de elecciones, habrá más escraches, fogoneados por el kirchnerismo. "A medida que ellos vean que sus chances siguen cayendo, esto se va a repetir", es el análisis que hacen en su entorno.

De esta manera, en el Gobierno diferencian las manifestaciones contra Macri de lo que son los traslados internos ó fuera del país. Para los viajes internacionales, tanto el Ministerio de Seguridad como la Casa Militar hicieron saber a través de dos informes reservados al secretario general de Presidencia, Fernando de Andreis; y al subsecretario de Asuntos Presidenciales, Darío Nieto; la necesidad de que Macri no viaje más en vuelos de línea y recomendaron la compra de un avión que reemplace al Tango 01 o el alquiler de aeronaves para cada ocasión.

Entre los principales argumentos que ofrecieron, se encontraba la imposibilidad de que los custodios viajen con armas. La crisis económica finalmente sepultó la compra de una aeronave y Macri continúa viajando en vuelos comerciales.

En 2016, Macri vivió dos momentos difíciles: el primer ataque se dio en Mar del Plata, luego de un acto con la gobernadora bonaerense María Eugenia Vidal; y en diciembre un grupo de afiliados al ATE le lanzó piedras y rompió los vidrios de la camioneta en la que se desplazaba hacia Villa Traful. En este último caso, el jefe de Estado quedó expuesto porque cambió el itinerario de su custodia: mientras se dirigía a un acto oficial, quiso pasar por una fábrica de alfajores, escala que no estaba prevista.

En 2017, en la campaña, hubo otras situaciones de conflicto. Dos hechos de mucha tensión: uno en Tigre, cuando un grupo de docentes lo interceptó en una recorrida que realizaba junto a Vidal; y el otro, en Tandil, ciudad a la que fue a descansar con su familia: a la salida de una parroquia, manifestantes aprovecharon que se movía sin custodia -conducía él mismo el vehículo y sólo iba acompañado por su hija Antonia- para gritarle que vaya "a laburar".

En el Gobierno hay quienes naturalizan estos hechos, pero de todos modos, ya se ajustan los mecanismos tendientes a evitar repetir situaciones incómodas y complicadas para la seguridad del presidente de la Nación.