Fiesta del Milagro, Salta

Una multitud estimada en 850 mil personas acompañó a las imágenes del Señor y la Virgen del Milagro, en una procesión que recorrió las calles de la ciudad de Salta y donde el arzobispo provincial Mario Cargnello instó a tener cuidado “con jugar con números cuando hablamos de los pobres”, informaron fuentes oficiales y religiosas.

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Bajo el lema "Caminemos juntos, como iglesia peregrina, hacia adelante”, las imágenes recorrieron las calles de la ciudad de Salta en procesión durante una calurosa tarde en la que la temperatura ascendió a los 35 grados, mientras que cerca de las 20 retornaron a la Catedral Basílica Mayor.

 

Luego, Cargnello pidió que "apostemos al amor como principio de la vida social" e impartió la bendición previa al emotivo reingreso al templo de las imágenes, que fueron despedidas con pañuelos blancos, la tradicional lluvias de pétalos de flores, cánticos, lágrimas y el tañido de las campanas.


"Me he sentido conmovido por la expresión de fe del pueblo salteño", dijo el cardenal Octavio Ruiz Arenas, que es secretario del Dicasterio para la Nueva Evangelización de El Vaticano.

 

El religioso colombiano expresó su deseo que esta manifestación "abra el corazón de todos" y sirva para que "los problemas que en este momento atraviesa este país se puedan resolver".

 

La procesión comenzó a las 15.15, con la salida de la Cruz Primitiva de la catedral, tras lo que hicieron lo propio la imagen de la Virgen de las Lágrimas y la de la Virgen del Milagro, con su base de claveles blancos.

Fiesta del Milagro, Salta

Pasadas las 16.30 partió la imponente imagen del Señor del Milagro, saludada por miles de pañuelos blancos en alto y el emocionante tañido de las campañas.


En el Parque 20 de Febrero, donde se desarrolló la ceremonia de renovación del Pacto de Fidelidad, Cargnello pidió tener "cuidado con jugar con números cuando hablamos de los pobres" y advirtió que "les podemos faltar el respeto".

 

En su homilía, el arzobispo consideró que "el hombre está llamado a contribuir al crecimiento de la humanidad desde la familia", tras lo que sostuvo que "nuestra Patria es un don de Dios confiado a nuestra libertad, un regalo que debemos cuidar y mejorar cada día".

 

"Amar a la Patria haciéndonos cargo de los hermanos es un compromiso ineludible que debemos asumir entre todos, con apertura de corazón", dijo, al tiempo que pidió que "no excluyamos a nadie" y "seamos justos".


En tanto, exhortó a recuperar "el sentido ético en nuestra economía", que "debe estar al servicio del hombre, creando un orden social más humano", y consideró necesario que "no destruyamos el tejido social alimentando la inequidad".

 

"Contribuir a mejorar el mundo nos exige a crear familias en nuestros hogares, en nuestras comunidades", dijo, tras lo que manifestó que "el mundo de hoy sufre muchas formas antiguas y nuevas de esclavitud", como "el comercio con las personas, las guerras, la prostitución y la droga", a los que calificó de "expresiones de una cultura inhumana que muchas veces se reviste con la careta de la libertad".

 

Por otro lado, pidió que "no nos cansemos de sembrar respeto a nuestro alrededor", y añadió que "el primer respeto al hermano es el respeto de su vida, desde el momento de su concepción, hasta su muerte natural".

 

"Un servicio que hoy adquiere particular relieve y urgencia es la educación", precisó Cargnello, para quien "tenemos una deuda con nuestros jóvenes y niños: mejorar la educación".

 

Entre las autoridades que realizaron la procesión estaban el gobernador Juan Manuel Urtubey, junto a su esposa Isabel Macedo; y el intendente de la ciudad de Salta, Gustavo Sáenz, además de ministros y secretarios provinciales, y legisladores.


Esta mañana, el presidente Mauricio Macri participó de la misa estacional por la celebración del Señor del Milagro, en el marco del Triduo de Pontificales, que se desarrolló en el atrio de la catedral.

 

Unos 80.000 peregrinos arribaron en estos días a la capital salteña, desde distintos puntos de la provincia y de provincias vecinas, caminando, a caballo o en bicicleta, para participar de la convocante celebración religiosa.