Protestas en Chile, incidentes y manifestaciones, REUTERSProtestas en Chile, REUTERS

Miles de manifestantes en Chile desafiaron el lunes en la noche un toque de queda y salieron a la calle exigiendo cambios al modelo económico, mientras el presidente Sebastián Piñera mostraba un tono más conciliador para intentar contener una crisis que ha provocado una ola de manifestaciones contra su gobierno.

 

Al caer la noche, manifestantes en Santiago y varias otras ciudades al norte y sur de Chile hacían sonar ollas y sartenes en masivos "cacerolazos" para criticar la presencia de militares en la calle, que asumieron el mando tras la escalada de violencia que ha dejado al menos 13 muertos.

 

Muchos manifestantes también pedían la renuncia de Piñera, además de una mejor salud pública y un alza de pensiones.

 

Noticias relacionadas

El toque de queda entró en vigor en la capital a partir de las 20.00 horas locales (2300 GMT) y se extenderá hasta las 06.00 del martes, por tercer día consecutivo.

 

La medida se extendió a otras ciudades como el puerto de Valparaíso o La Serena, en el norte, donde también se han habido saqueos y ataques incendiarios.

 

Piñera, que el domingo dijo que Chile estaba "en guerra" contra un "enemigo poderoso", anunció el lunes que abría "de par en par los caminos del diálogo", en un notorio cambio de tono.

 

"Sé que a veces he hablado duro contra esta violencia y delincuencia. Compréndanme compatriotas, lo hago porque me indigna ver el daño y dolor que esta violencia y delincuencia provoca", dijo en una declaración en el Palacio de La Moneda.

 

Piñera, un empresario multimillonario que asumió su segundo mandato en 2018 con la promesa de traer "tiempos mejores", enfatizó en que estos días se ha reunido con representantes de los poderes del Estado así como autoridades y organizaciones sociales.

 

"Mañana (martes) me reuniré con presidentes de partidos tanto de gobierno como de oposición para explorar, y ojalá avanzar, hacia un acuerdo social" que plantee "soluciones a los problemas que aquejan a los chilenos", añadió.

 

En las calles de Santiago, grupos de manifestantes se reunían en varios puntos clave, como la céntrica Plaza Italia. Durante la tarde una columna llegó hasta el acomodado sector de Las Condes y se apostó afuera de la Escuela Militar.

 

En varias partes de la ciudad estallaron enfrentamientos entre manifestantes que lanzaban piedras y levantaban barricadas, y la policía, que respondió con gases lacrimógenos y balines. Ante el estallido de violencia, Naciones Unidas llamó al diálogo y a investigar de forma independiente las muertes y las denuncias de abusos policiales.

 

Más temprano el lunes los habitantes de la capital intentaron retomar la rutina, en medio de las dificultades del servicio de transportes y comercios restringidos, con calles en las que se veían los vestigios de las barricadas y que eran vigiladas por unos 8.000 soldados.

 

Las personas hicieron largas filas en gasolineras y supermercados, pero algunos mercados municipales operaron con mayor normalidad que el fin de semana.