Pasasjes low cost - LATAMPasajeros de Latam varados.

Carolina Boeme, pasajera del vuelo de Latam que debía viajar de Miami a Buenos Aires el sábado a la noche y fue cancelado por la empresa, relató: "Estaba sentada justo detrás de una de las salidas de emergencia. Escuchó gritos que venían desde atrás, se dio vuelta para ver qué pasaba y vio gente que corría por los pasillos del avión, para el lado de la cabina de los pilotos. "Cuando vi esas corridas me preocupé mucho. Yo estaba del lado de la turbina que se incendió, así que me asomé y se veía el fuego".

 

Latam emitió un comunicado que canceló su vuelo por "presencia de humo y fuego en la puesta en marcha del motor izquierdo". Carolina aún no volvió al país, y es parte de un grupo de WhatsApp de decenas de pasajeros que viajaban en ese vuelo.

 

"Lo del fuego duró unos segundos. Desde la cabina nos dijeron que permaneciéramos calmados y que se iba a apagar, pero era difícil tranquilizarse. El problema fue que después volvió a prenderse fuego y, aunque no hubo corridas, sí hubo muchos gritos. La peor parte se la llevaron los nenes, que gritaban y lloraban muy asustados", dice Carolina, que tiene 33 años y viajó a Miami a visitar a sus tíos.

 

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Cuando el motor se prendió fuego por segunda vez, esta pasajera ya se había colgado su mochila y había vuelto a ponerse las zapatillas tras descalzarse. "Yo estaba lista para bajarme. Queríamos bajarnos del avión lo antes que se pudiera. Y el piloto no sé si se equivocó o era lo que tenía que hacer, pero nos dijo que nos mantuviéramos con los cinturones de seguridad desabrochados: todo lo contrario a lo que indica normalmente la tripulación. Eso me impactó", explica Carolina.

 

La pasajera cuenta que desde Latam aseguraron que el fuego sobre alguna turbina puede suceder y está contemplado: "Nos dijeron que estaba dentro de lo que puede pasar y que el avión mismo tiene un sistema para apagar el incendio. En ambos casos duró poco, pero nos asustamos, sobre todo cuando vimos que volvía a pasar".

 

"Bajamos del avión a las 20.15, hora que estaba prevista para el despegue. A algunos nos llegó un mensaje que decía que hacia las 21 nos darían información, después otro mensaje que postergaba esa información hasta las 21.30. Nos enteramos de la cancelación definitiva del vuelo por mensajes que recibíamos en el teléfono: algunos de los empleados de Latam que estaban en el aeropuerto se enteraban por nosotros", suma Carolina.

 

"El peor problema empezó después. Éramos alrededor de 200 personas y nos atendieron cuatro empleados de la aerolínea, que intentaban reubicarnos: fue larguísimo ese trámite, porque con cada familia llevaba alrededor de media hora. A mí me ofrecieron un vuelo de Aerolíneas para el que tenía que quedarme varias horas esperando en el aeropuerto y yo tenía 39° de fiebre. La otra oferta era con escalas: les dije que prefería un vuelo directo aunque tardaran más en dármelo. Cuando ofrecieron el que tenía escala no hablaron de resarcimiento económico para los que teníamos vuelo directo. Y me aclararon que, como me habían ofrecido el de Aerolíneas, no me iban a pagar hotel. Yo me quedaba en lo de mis tíos", cuenta Carolina.

 

El traslado para ir desde el aeropuerto de Miami hasta Boca Ratón, donde viven sus tíos, fue a cargo de la aerolínea. "Ahora estoy pidiendo que me cubran ese taxi o Uber y me dicen que pague y después vemos, que lo tendría que haber resuelto en el aeropuerto, y yo con todos esos nervios no me di cuenta", sostiene. Según estima, ese viaje cuesta entre 80 y 100 dólares.

 

"Todavía hay pasajeros que están en alguna escala o viajando desde esa última escala a Ezeiza", dijo Carolina, apenas algunas horas después de que fuentes de Latam aseguraran a este diario que todos los pasajeros del vuelo que tuvo que ser cancelado el sábado ya estaban de vuelta en nuestro país.