Profanación de tumbas en cementerio de ChacaritaProfanación de tumbas en cementerio de Chacarita

El ataque a las tumbas del cementerio de Chacarita se volvió cada vez común y alerta a las familias, que temen por sus familiares más cercanos que ya no están.

 

No hay flores frescas, ni mensajes de afecto para los que murieron. El rastro de los vivos está en las huellas que dejaron los saqueadores: bóvedas con las puertas abiertas y los vitrales rotos. Adentro, cajones torcidos. Varios, expuestos, con las tapas tiradas en un rincón.

Profanación de tumbas en cementerio de Chacarita

Los nombres de los muertos fueron arrancados. Lo mismo pasó con las placas que les colocaron familiares y amigos.

 

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La mayoría de los cajones subterráneos están desplazados. Alguien los movió y metió sus manos adentro. En el suelo hay vasos de plástico, como si hubiese habido una reunión.

Profanación de tumbas en cementerio de Chacarita

Uno de los cuidadores asegura: “Rompen los candados, la cerradura y entran a la bóveda. Eligen cajones viejos, de las décadas del 20, 30 o 40. De la época en la que se acostumbraba enterrar al ser querido con sus pertenencias: oro, plata, relojes, un anillo o una cadenita”. Por alguna razón, los cuidadores hablan en plural de los profanadores.

 

En Chacarita corren todo tipo de rumores y acusaciones: que son indigentes, que son desesperados, que son ladrones comunes, que son personas habituadas a tratar con cuerpos (cremadores, sepultureros, empleados de funerarias, etc.), que venden los huesos.

Profanación de tumbas en cementerio de Chacarita

A media cuadra del cementerio, en la comisaría comunal 15, durante el año pasado se registraron seis denuncias. Fueron un hurto y varios robos, algunos que no llegaron a consumarse: el 2 de julio un hombre fue detenido después de salir del cementerio con una mochila de la que asomaban crucifijos. Cuatro días más tarde, ese mismo hombre volvió a ser arrestado. Había sustraído jarrones y velas de una bóveda. En septiembre otra persona robó una lámpara de aceite antigua, también de un panteón familiar.

 

En septiembre, además, el caso de Carmen Barbieri llegó a las noticias: habían profanado la bóveda en la que descansan los restos de su abuelo, el músico Guillermo Barbieri. Después de morir en el accidente de avión junto a Carlos Gardel y otros artistas, en 1935, su cuerpo fue depositado en una bóveda de la familia Le Pera en Chacarita. Ahí entraron y robaron picaportes y las placas de bronce que identificaban a los muertos.