Secuestrador que fue asesinado a tiros cuando intentó extorsionar a su víctimaAsesinato de secuestrador

La historia de un secuestro terminó con la muerte del secuestrador luego de intentar sacarle más dinero a la víctima, ya liberada.

 

Tras liberar al empresario de la carne al que habían mantenido cautivo, los delincuentes siguieron enviándole mensajes al secuestrado tras liberarlo, exigiéndole más plata, a cambio de devolverle unos cheques a su nombre que le habían robado durante su cautiverio.

 

Negociaciones mediante, la víctima acordó pagar nuevamente. Acordaron una nueva cita en el paredón detrás del Cementerio de La Tablada el 31 de enero. Dos de los secuestradores fueron a cobrar ese nuevo botín, pero la Policía estaba esperándolos: un inspector y una cabo simulaban ser una pareja que estaba en la zona, vigilando.

 

Noticias relacionadas

Entonces, uno de los dos secuestradores, Luis Contreras Rendón, olfateó algo raro y sacó su arma. Terminó muerto a balazos. A centímetros de su cadáver, quedaron la pistola 9 milímetros que llevaba y los billetes que había cobrado y que nunca contó, guardados en una mochila color salmón a lunares blancos.

 

Al ver lo que pasaba, su compañero intentó huir y quedó detenido tras una persecución. Un tiro le pinchó la rueda de su camioneta. El cómplice que sobrevivió fue procesado por los delitos de secuestro extorsivo agravado y extorsión, mientras buscan a al menos cuatro cómplices que formaron parte de la banda. La investigación se encuentra en pleno trámite, mientras que a los policías que participaron del tiroteo se les abrió una investigación de rigor.

 

Maximiliano Ferro fue el secuestrador que intentó huír y fue detenido. Acompañado por el abogado Roberto Herrera, Ferro explicó en la fiscalía federal de Carlos Stornelli que a “Lucho” lo conocía del barrio y sus novias eran conocidas. Además, como él entrenaba en el gimnasio Contreras le pidió que lo acompañara por si se armaba lío. “Tengo que cobrar una plata que me debe mi ex patrón”, le dijo. Ferro aceptó porque le prometió pagarle 15 mil pesos.

 

Cuando lo pasó a buscar en su Kangoo con la que hacía fletes, “Lucho” le dijo que lo siguiera con su camioneta. Pero en un momento vio bajar a “Lucho” y a tres personas más que caminaron hacia su auto: le abrieron la puerta de su auto y entraron todos. Uno de los que entraba era una persona con una gorrita blanca y un trapo blanco en la cabeza. Era el empresario víctima del secuestro.

 

Ferro aseguró que ahí se dio cuenta que era un secuestro y que llevaban armas. En su indagatoria, afirmó que cuando preguntó qué estaban haciendo, a él también le ordenaron que se callara y que manejara; que lo amenazaron cuando él les dijo que se bajaran y le apuntaron diciéndole que lo iban a matar y que “iba a cobrar” su familia también. En el interín, al secuestrado le pegaban. Después de más de una hora, la esposa de D.A. entregó el dinero que buscaban y después lo dejaron bajar y no se diera vuelta. A el también, aseguró, le dijeron que se fuera. “Sinceramente no tengo nada que ver con esto, soy un chico de trabajo”, afirmó, mientras contaba cómo su cómplice muerto amenazaba a punta de pistola a él y a su novia.

 

A Ferro, la jueza María Capuchetti lo procesó con prisión preventiva como “coautor de secuestro extorsivo agravado por haber logrado su propósito y por haber participado en el mismo tres o más personas con robo agravado y por haber sido cometido con armas y extorsión”. “La versión dada por el imputado en oportunidad de recibirle ampliación de declaración indagatoria es inverosímil”, dijo la jueza en su resolución.

 

Pero el defensor de Ferro ya apeló el procesamiento. El abogado Herrera afirmó que la acusación “se sostiene en base a interpretaciones forzadas y arbitrarias”. En su planteo afirmó que su cliente “no participo de la emboscada” y que no formaba “parte del grupo” de los secuestradores, sino que apareció mucho después cuando los que lo raptaron tuvieron que cambiarlo de vehículo. Insistió en que fue allí para cobrar una deuda y no para un secuestro. Y que no había suficientes elementos de prueba para desvirtuar su estado de inocencia.