FMI - GobiernoFondo Monetario Internacional

El medio alemán Süddeutsche Zeitung analizó los problemas de Argentina con su deuda externa en su editorial.

 

"Desde hace unas dos semanas, han vuelto a aparecer en Buenos Aires los carteles que tantas veces se han visto allí en el curso de los años. ‘¡Fuera FMI!', dicen. Y quién podría tomárselo mal a la gente: una vez más, su país está al borde de la quiebra, nuevamente luchan con la recesión y la pobreza, y otra vez está en medio del desastre el principal prestamista mundial: el Fondo Monetario Internacional, aquella institución cuyas rigurosas medidas de ahorro ya sintieron dolorosamente los argentinos a comienzos de siglo”, inició.

 

La rabia de la gente es comprensible. Pero es injusta, porque el FMI lleva todavía el mismo nombre de entonces, pero ya no tiene mucho en común con la institución de fines de los años 90. En ese entonces no era errado describir al Fondo como una extensión del brazo de Estados Unidos, como guardián del capitalismo de corte más neoliberal. Pero ya bajo la jefatura del alemán Horst Köhler, comenzó a dejar más en manos de los países afectados la elaboración de los programas de reforma, y a tomar más en cuenta las posibles consecuencias sociales. Una evolución que prosperó con sus sucesores, Dominique Strauss-Kahn y Christine Lagarde, al extremo de que algunos expertos consideran que sus condiciones para otorgar créditos son ahora más bien demasiado suaves que demasiado duras. (…) Ciertamente el FMI ha vuelto a cometer errores. El primero fue otorgar un crédito de esa envergadura, pese a que era dudoso si los planes de reforma de Macri serían eficaces. (…) Pero las verdaderas causas del nuevo sobreendeudamiento radican en la propia Argentina”, completó.

 

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Por su parte, un artículo que publica el diario económico Handelsblatt destaca que Lagarde heredó un problema serio a su sucesora, Kristalina Georgieva: el crédito concedido a la Argentina. "Llamarlo ‘problema' es casi subestimarlo. Con pocos meses en el cargo, podría constituir el mayor desafío para la búlgara. (…)”, señala.

 

“El asunto es peliagudo por tres razones. Primera: ya antes del crédito del FMI, el país se consideraba irremediablemente endeudado; segunda: las condiciones, es decir, el programa de reformas que acordó el FMI, eran demasiado suaves, según los críticos. En consecuencia, solo era cuestión de tiempo hasta que al país en crisis se le agotara el dinero. (…) Y tercera: el FMI pide una contribución de los acreedores para reducir la deuda, pero se autoexcluye. Según comunicó Georgieva, por razones legales, el Fondo no puede renunciar a que se le devuelva dinero. Eso es correcto, por una parte. Por otra, también está en juego la reputación del FMI, si evaluó tan equivocadamente la dinámica de endeudamiento de una economía y las consecuencias –un posible default- son tan crasas”, completó.