ClítorisClítoris - Vida sexual

Las mujeres cuentan con el privilegio de poseer el único órgano humano con la exclusiva función de procurar goce: el clítoris.

 

“El pene sirve también para la emisión de orina y la procreación. Pero el clítoris solamente existe para el placer, lo cual lo hace muy interesante”, dice la ginecóloga Reyes López. Interesante además porque ofrece un disfrute supremo: “Me fascina que las terminaciones nerviosas que tiene por milímetro cuadrado son muchísimo más numerosas que las del glande del pene”. El doble exactamente: 8.000. Una densísima maraña eléctrica lista para encenderse hasta alcanzar el orgasmo.

 

“Hemos negado completamente su significado como órgano, lo hemos extirpado deliberadamente”, cuenta la uróloga australiana Helen O’Connell. “La sexualidad femenina ha estado encerrada en la vergüenza y la ignorancia desde el principio de los tiempos. Por tanto, no es sorprendente que la gente no conozca su anatomía. Es nuestra herencia cultural”, insiste.

 

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La sexóloga Laura Morán, autora de Orgas(mitos), por su parte, mantiene que la mayoría de mujeres, un 70%, no lo conoce realmente. “Solo la puntita”, dice, “y a veces no lo tienen claro”. Cuando su colega, la también ginecóloga Francisca Molero, empezó a ejercer hace casi 40 años, la mayoría de las mujeres que veía en consulta no tenían orgasmos. “Disfrutaban, pero no se tocaban, y los otros no sabían dónde tocar”.

 

La hoy presidenta de la Federación Española de Sociedades de Sexología constata que el goce femenino, en contraposición al masculino, sigue en mucha mayor medida envuelto en dudas. Es obviado incluso en las obscenidades, como destaca la profesora británica Kate Lister en A Curious History Of Sex. “Ignorar el placer clitoridiano”, dice, “está entretejido en el genuino lenguaje sexual”.

 

Sigmund Freud proclamó en 1905 que el placer clitoridiano era propio de una sexualidad inmadura y que con la evolución psíquica de las jóvenes se transformaba en vaginal. Un mensaje que caló en las décadas posteriores en los terapeutas psicoanalíticos. El famoso biólogo Alfred Kinsey, en los años cincuenta, ya señala que la vía principal de placer femenino es la estimulación del clítoris, algo refrendado posteriormente por Masters y Johnson, la pareja que describió las fases de la respuesta sexual humana.

 

Quien vino a atar los cabos fue O’Connell, la uróloga australiana, enervada por la ausencia del órgano en el libro con el que preparaba su examen de cirugía. “Eso me dio una pista de que podría existir un problema mayor y comprobé que efectivamente lo había”, cuenta desde Melbourne, donde es jefa de cirugía y urología en un hospital público del Estado de Victoria.

 

Por tanto, los médicos crecieron viendo en los atlas de anatomía clítoris rebajados al glande, junto a páginas y páginas con penes diseccionados en todas las capas y ángulos posibles. Algunos aspirantes ni lo estudiaron porque no estaba. Por ejemplo, el legendario tratado Anatomía de Gray (cuyo nombre inspira el de la conocida serie sobre médicos) con el que siguen instruyéndose los estudiantes lo hizo desaparecer en su edición de 1947. El clítoris ha protagonizado la tesis doctoral de O’Connell y gran parte de su carrera. En el artículo publicado en The Journal of Urology en 1998 incluye en el órgano el tejido eréctil que envuelve la uretra y la vagina (los bulbos cavernosos), y describe la riquísima inervación y vascularización del órgano, fundamental para preservar su integridad al practicar cirugías. El estudio sugiere que el famoso y placentero punto G es en realidad el tejido del clítoris, anejo a uretra y vagina.

 

La sexóloga Laura Morán asegura que el coito no es la mejor técnica para conseguir el clímax. “Es como si te pica el brazo y te rascas a través del jersey o del abrigo. Te da más gusto si te tocas la piel”. Y eso se sabe, dice, desde El informe Hite: el superventas publicado en los setenta por la sexóloga feminista estadounidense Shere Hite tras preguntar a 3.000 mujeres encumbraba el orgasmo por estimulación del clítoris. Solo el 1,6% de las mujeres llegaban al clímax exclusivamente a través de la penetración. “Durante siglos, el placer femenino no existía”, continúa Morán, “luego se incluyó en la ecuación, siempre mediante el coito y siempre con el mismo hombre, que ha de ser el hombre al que quieres”. Y esa sexualidad que sigue la lógica de insertar una llave en la cerradura “implica no practicar un sexo que nos guste”.