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Garbarino, la cadena de electrodomésticos más grande de la Argentina, entrará en convocatoria de acreedores en caso de no encontrar una solución a su crisis, una instancia judicial que hoy empleados y directivos de la empresa ven como una opción cada vez más cercana.

 

“No resuelve mucho, en medio de la deuda inmensa y de un stock de productos casi inexistente”, dijo un empleado de la marca que aún le pertenece a la familia Garbarino. En rigor, la cadena es propiedad de los bancos acreedores, principalmente Galicia y Santander, a quienes la empresa les deben unos $4.000 millones. Además, adeuda otros $7.000 millones a sus proveedores, los principales vendedores de electrodomésticos del país.

 

Las entidades financieras encontraron un interesado en quedarse con la cadena que tiene 200 locales y 5.000 empleados: el fondo Inverlat, que negoció una importante quita con los bancos del 75% y estaban dispuestos a pagar los $1.000 millones restantes. Pero pretenden que Garbarino “cierre” con los fabricantes y le entregue una empresa “limpia”. En medio de un póquer de negociaciones, se retiraron de la negociación. O al menos eso dicen cada vez que se les pregunta, quizás a la espera de que se encamine el arreglo con los fabricantes.

 

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Además, en los últimos días habría aparecido otro interesado: Covelia, una empresa especializada en recolección de residuos e históricamente vinculada a Hugo Moyano. El mercado está lleno de rumores, pero todos coinciden en que la cadena tiene que “arreglar ya”.

 

En Garbarino confían en cerrar rápido con los fabricantes, llevarle ese arreglo a Inverlat y cruzar los dedos para que acepte. El fondo, que es dueño de empresas como Havanna, Reef, ICSA y Aspro pertenece a Carlos Giovanelli, Guillermo Stanley y Damián Pozzoli, todos de amplia experiencia en el mundo financiero y bancario (ex Citi). Inverlat firmó con los bancos una exclusividad en la negociación hasta el 27 de marzo. Luego, si no cierra el negocio, podría aparecer otro interesado en la mesa del acuerdo.