Llama olímpicaLlama olímpica de Tokio 2020.

La llama olímpica iba a estar hasta fines de abril en Fukushima, pero el comité organizador de Tokio 2020 tomó la decisión de poner fin a la exposición para evitar la propagación del coronavirus.

 

La llama de los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, que iba a permanecer expuesta en Fukushima hasta finales de abril, cerró este miércoles al público coincidiendo con la entrada en vigor del estado de alerta sanitaria en varias zonas de Japón.

 

Aunque Fukushima no es una de las siete prefecturas afectadas por la declaración, el comité organizador de Tokio 2020 tomó la decisión de poner fin a la exposición del candil olímpico como parte de las medidas para prevenir la propagación del coronavirus, que ya llevó al aplazamiento de los Juegos hasta el verano de 2021.

 

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"El Comité Organizador de los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de Tokio adoptará en adelante medidas corporativas de continuidad para ayudar a prevenir la propagación de la COVID-19 y minimizar el impacto en los preparativos para los Juegos", dijeron los organizadores en un comunicado.

 

Tokio 2020 la había cedido temporalmente a la prefectura para su exposición tras el aplazamiento de los Juegos y la cancelación del relevo nipón de la antorcha, con el objetivo de mantener vivo el espíritu olímpico y que sirviera "como un faro de esperanza" ante la lucha del mundo contra el coronavirus.

 

El viaje de la llama ha sido turbulento desde su prendido. Fue encendida el 12 de marzo en la antigua ciudad griega de Olimpia en una ceremonia sin público para evitar la propagación del virus.

 

El tramo griego del relevo fue inmediatamente suspendido tras las aglomeraciones registradas para ver al actor británico Gerard Butler encender un pebetero en la ciudad de Esparta.

 

La llama fue recibida en Japón días después en una ceremonia a puerta cerrada a la que asistieron algunos representantes de las autoridades y la organización, aunque después decenas de miles de japoneses se desplazaron a la región del nordeste para contemplarla, pese a los llamamientos a evitar las multitudes.