Violencia de géneroViolencia de género

Según el Observatorio Ahora que Sí Nos Ven, en nuestro país hay un femicidio cada 23 horas. En verano, en invierno o en cuarentena siguen sucediendo. Celos, rencor o desprecio, el móvil disociado y homicida de quienes pretenden domesticar lo que no se admite poseer.

 

Hay quienes se sorprenden, estamos en el siglo XXI y estas cosas siguen pasando. Como si el paso del tiempo –por sí solo- fuera un motivo para que no sucedieran. Como sí las masivas marchas de Ni Una Menos o los empoderamientos que la mujer ha logrado en la academia, la política o la calle, alcanzaran. Ojala, pero lamentablemente no, hacen falta refuerzos.  

 

No puede ser siempre un tire y afloje, no puede ser porque no funciona. De hecho, hay un principio de la física tan antiguo como probado que indica que toda acción genera una reacción. Por lo que, el repudio social contribuye a la causa pero no evita el femicidio, que es lo más importante y a lo que debemos apuntar.

 

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Es que, todo cambio –por más legitimado que sea- genera ciertas resistencias. Sí se trata de valores, hablamos de paradigmas y estos suponen la conclusión de creencias, principios y reglas aceptadas por una mayoría en antaño y como tales, muy arraigadas. ¿Esto quiere decir que hay dejar de marchar y de empoderar a la mujer en distintos ámbitos? No, todo lo contrario, pero hace falta que todos y todas nos sumemos a ayudar junto al estado, acompañando esos procesos y diagramando estrategias para el mientras tanto.

 

Las revoluciones nunca fueron sencillas, expeditas y pacíficas en ningún ámbito: ni en la ciencia, ni en la economía ni en la política. Del teocentrismo al antropocentrismo no se pasó firmando un convenio, ni siquiera en modificaciones más contemporáneas y específicas de status quo como reconocer judicialmente el interés superior del niño por sobre cualquier injerencia familiar. Nada sucedió de un día para el otro y, sobre todo, sin resistencias.

 

Esta lucha no será la excepción, se trata de romper relaciones de poder que acostumbraban a tener exclusivamente los hombres, porque la historia o la naturaleza así lo demandaban. Estereotipos que etiquetaban roles y diagnosticaban como normal o anormal, con aceptación o rechazo, las conductas esperables en la sociedad. Tradicionalmente, las de las mujeres no eran las mismas que para los hombres y viceversa, lamentable pero real.

 

Contrariamente a eso, no caben dudas que desde la equidad, igualdad y solidaridad se avanzó mucho y, no hay dudas, que las conductas esperables para toda persona deben ser las mismas -sin importar su género, etnia, religión, sexualidad o color de piel- básicamente ser feliz y poder desarrollarse.

 

Hoy en día, hay un gobierno que apuesta a esta lucha, no solamente con la creación del Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad sino con medidas activas, convocando a la ciudadanía y priorizando la vida y la integridad física por sobre todo. Nadie se salva solo, dijo con razón nuestro presidente Alberto Fernández, por ende, este desafío requiere de todos y todas, sin excepciones. 

 

Por eso, cada uno desde su lugar, puede ayudar y cooperar para que la  labor del estado sea más efectiva, brindando un plus y ayudando a la causa desde donde le toca: en la escuela donde se forman los niños y las niñas; en las redes y los medios visualizando el empoderamiento y la integración así como desaprobando el machismo y la intolerancia; dando una mano en los hogares transitorios y en todo espacio de asistencia y contención; desde las fuerzas de seguridad y la administración de justicia para la aceleración de los tiempos, la reducción de burocracia para las medidas de prevención y con la razonabilidad y contundencia que se requieren, para repeler con el mayor peso de la ley todo delito inspirado en la misoginia, la intolerancia y cualquier forma de discriminación.

 

Las mujeres están haciendo todo lo que pueden y tienen que hacer: luchan en los distintos ámbitos y nos invitan a sumarnos. Acompañémoslas y busquemos más ayuda, porque en épocas donde queda demostrado que nadie se salva solo, los objetivos se logran con una sociedad solidaria y un estado presente.

 

La sociedad que ellas imaginan es una sociedad mejor para nuestras abuelas, madres e hijas pero también para nuestros abuelos, padres e hijos: porque con más tolerancia, solidaridad e integración, vamos a vivir mejor todos y todas. Reforcemos la lucha para la mayor efectividad posible, que Ni Una Menos sea realmente Ni Una Menos.

 

Por Federico J. Cermelo

Abogado. Director del Observatorio de la Juventud de la Honorable Cámara de Diputados de la Nación.

*INVITADO DEL DÍA DE DIARIO26.COM