Natacha DuránNatacha Durán haciendo lo que amaba, cantar.

En un mismo edificio de Playa del Carmen, madre e hija vivían casi juntas cada una en su departamento pero con las habitaciones enfrentadas. Para cuidarse de la pandemia. Por las noches Meneka -como todos la conocen desde sus años de bailarina con la prestigiosa familia Pericet, en Sevilla-, de 80 años, se iba a dormir tranquila sabiendo que al otro lado, allí cerquita, estaba su hija, la cantante Natacha Durán.


Cuando Natacha consiguió trabajo en el departamento de cultura del municipio local, todo se encaminó. Así estaban las dos, madre e hija: conectadas por dos ventanas, viéndose, sintiéndose cerca, sabiéndose cuidadas. Y felices.

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Hasta que en la madrugada de este lunes 18 de mayo Mekena notó que la luz de la habitación de Natacha permanecía encendida más tiempo del habitual. La llamó; no hubo respuesta. Insistió; no tuvo suerte. Ante nuevos intentos frustrados tomó la decisión de ingresar a su departamento. Enseguida la encontró sin vida, en el piso del baño.

 

Esta historia la cuenta Shiva, un actor drag queen muy cercano a Natacha: "Eramos de esos amigos de llamarnos, de ver cómo estábamos”, dice. O lamenta. La última comunicación que tuvo con ella fue en la noche del domingo: muy creyente, la cantante solía comunicarse con sus amigos para rezar juntos, cada uno desde su casa. Una costumbre que venía desde hacía tiempo, pero que incrementó la pandemia. El coronavirus fomentó esa práctica, sí, pero también le arruinó otros planes: por estos días Natacha debería haber estado en Buenos Aires; el cierre de las fronteras se lo impidió.

 

Natacha Durán

 

“Me desesperé, no entendía nada -recuerda-. Al estar tan lejos, y que trascienda una noticia así, de alguien a quien querés mucho... Ahora estoy más tranqui, después de haber podido hablar con la familia", explica, prestándose Shiva al diálogo, aunque antes pidió tomarse unos minutos. El desgaste emocional de recordar a quien hasta ayer estaba allí, al otro lado de un mensaje de texto, tiene sus consecuencias emocionales.

 

Natacha venía de trabajar en televisión y teatro con los grandes: (Gerardo) Sofovich, (Enrique) Pinti. Y sin embargo era muy sencilla: me ayudó tanto como artista... Me dio todo sin pedir nada a cambio. Ella era parte del arte”. Actriz (“Explotó en Rompeportones”, recuerda Shiva sobre el programa de Emilio Disi y Miguel Del Sel), cantante (“Siempre interpretaba ‘Aprende a volar’, de Patricia Sosa; ¡le encantaba!”) y conductora (brilló en El Garage TV), Natacha era “una busca”, según la define su amigo. "Nos identificábamos por algo que decía mi papá: un artista nunca se muere de hambre en ninguna parte del mundo. Aunque sea va al semáforo, para hacer malabares y conseguir plata para comer. Ella era así. Iba a los tablaos, cantaba y bailaba. Trataba de explorar el mundo artístico en todas sus facetas”.

 

Natacha conocía a muchas figuras del medio, aunque contaba con pocos amigos. De los fieles, de los buenos. Nunca se había casado, pero sí tuvo novios famosos. ¿El último? Un viejo conocido de los niños: Vicente Viloni, de quien se enamoró en 100% Lucha. Él era el protagonista carismático; ella, una de las secretarias del conductor, Leo Montero.

 

Natacha tenía una costumbre: agobiada por el calor del Caribe, después de mirar televisión y rezar, se daba un baño antes de irse a dormir. Y allí, tendida en el piso, fue donde la encontró su madre. Resbaló al ingresar a la bañera, y un golpe en la cabeza provocó su muerte, tan absurda como dolorosa.