INVITADO DE DIARIO 26

Una inteligencia sin moral: Maquiavelo

La trayectoria de la humanidad está llena de asesinos traidores y corruptos. Estos hombres siempre disimularon su verdadera personalidad. Maquiavelo era por lo menos, sincero en su indignidad.
Martes 23 de junio de 2020

Nicolás MaquiaveloNicolás Maquiavelo

“La inteligencia sin moral, solo produce daño”

 

La trayectoria de la  humanidad está llena de asesinos traidores y corruptos.

 

Estos hombres siempre disimularon su verdadera personalidad.

 

Noticias relacionadas

Pero hay una excepción, el inmoral al que aludiremos hoy, poseía una virtud que no tuvieron, ninguno de los delincuentes de la historia. Estos, muchas veces, llegaron a manejar pueblos en su propio beneficio, e incluso llevaron a guerras tan innecesarias como sangrientas.

 

Nicolás Maquiavelo era por lo menos, sincero en su indignidad.

 

Jamás negó su inmoralidad ni su hipocresía. Nació en el Principado de Florencia hoy Italia un 3 de mayo de  1469, 23 años antes del descubrimiento de América.

 

Y su apellido –y todo apellido es gramaticalmente un sustantivo- se transformó en un adjetivo.

 

Se dice -fulano es un “Maquiavelo”, como sinónimo de falso tortuoso, sinuoso.

 

Su mérito –no se si fue realmente un mérito- es haber creado un decálogo de la falsedad. Sus ideas se expresaron en un libro hoy famoso: “El Principe”.

 

Eran como diez mandamientos muy ampliados, totalmente inmorales, que nuestro protagonista, como consejero, sugirió al príncipe de Florencia Lorenzo de Medicis. Para su utilización con el propósito de manejar mejor a sus súbditos.

 

Trataré de resumir algunos de los supuestos….mandamientos.

 

Escribió en su libro “El Principe”:  1) Cuida ante todo, tus propios intereses. Y el Segundo, hónrate a ti mismo, antes que a nadie. El tercero, es una “maravilla”, dice: practica el mal y aparenta que haces el bien.

 

El cuarto no necesita comentarios. Dice: “codicia y atrapa todo lo que  puedas”!Que nobleza de pensamiento!. No?.

 

Otro dice: “engaña a la gente, cada vez que tengas ocasión”.

 

Como se percibe, son todas de parecida “moralidad” .

 

Y recordaré otro mandamiento realmente indigno: “aplasta a tus enemigos y si te fuese necesario, también a tus amigos”, una maravilla de hipocresía.

 

En definitiva su libro es un compendio de lo inmoral, al servicio de los poderosos.

 

En otras páginas, aconseja a lo nobles a no cumplir con la palabra empeñada, si faltando a la misma, pueden obtener ventajas.

 

¿Para qué mantener la palabra empeñada, si al fin se la lleva el viento?.

 

En una ocasión, Maquiavello realizó una misión secreta, para el príncipe de Medicis. Se trataba de espiar a un duque adversario del príncipe, pero el citado duque lo descubrió y lo envió a la prisión.

 

Iba a se condenado, sin dudas, a largos años de cárcel.

 

El príncipe Lorenzo de Medicis, su amo,  lo visitó en el calabozo y le dijo.

 

-Querido Consejero, no te veré por años, porque no es conveniente que te visite en este lugar. El duque podría sospechar que yo te he encargado la misión de vigilarlo y se disgustará conmigo.

 

-“Pero Alteza. Respondió Maquiavello, usted prometió respaldarme y defenderme. No me abandone en esta situación, voy a perder en la cárcel años de mi vida”. Y agregó: -“Siempre lo he considerado un amigo”, majestad. El príncipe le respondió con una fría sonrisa.

 

-¿Pero tu no me has acaso aconsejado, que en cualquier situación haga lo que me conviene, incluso en perjuicio de mis amigos. Pues lo que me conviene ahora es abandonarte a tu suerte….. Y se retiró de la cárcel. Maquiavello purgó su larga pena.

 

Maquiavello, sembró vientos y había cosechado tempestades.

 

El príncipe, hombre ingrato. Carecía de sentimientos, pero no de memoria y resultó un excelente alumno.

 

Para finalizar, Maquiavello vivió 58 años, murió pobre y abandonado.

 

Lamentablemente, su doctrina tan cruel como  inhumana es adoptada todavía hoy a casi 500  años de su muerte por muchos gobernantes y por innobles opresores de la especie humana.

 

Un aforismo final para este Adalid de la Hipocresía.

 

“LA FLASEDAD PUEDE VENCER A LA SINCERIDAD EN CIEN BATALLAS. PERO SIEMPRE PERDERA LA  ULTIMA”.

Por José Narosky

*INVITADO DEL DÍA DE DIARIO26.COM

 

José Narosky
Nicolás Maquiavelo
Columnista

Que Ni Una Menos sea realmente Ni Una Menos

En épocas donde nadie se salva solo y, por ende, este desafío requiere de todos y todas, sin excepciones.
Sábado 25 de abril de 2020

Violencia de géneroViolencia de género

Según el Observatorio Ahora que Sí Nos Ven, en nuestro país hay un femicidio cada 23 horas. En verano, en invierno o en cuarentena siguen sucediendo. Celos, rencor o desprecio, el móvil disociado y homicida de quienes pretenden domesticar lo que no se admite poseer.

 

Hay quienes se sorprenden, estamos en el siglo XXI y estas cosas siguen pasando. Como si el paso del tiempo –por sí solo- fuera un motivo para que no sucedieran. Como sí las masivas marchas de Ni Una Menos o los empoderamientos que la mujer ha logrado en la academia, la política o la calle, alcanzaran. Ojala, pero lamentablemente no, hacen falta refuerzos.  

 

No puede ser siempre un tire y afloje, no puede ser porque no funciona. De hecho, hay un principio de la física tan antiguo como probado que indica que toda acción genera una reacción. Por lo que, el repudio social contribuye a la causa pero no evita el femicidio, que es lo más importante y a lo que debemos apuntar.

 

Es que, todo cambio –por más legitimado que sea- genera ciertas resistencias. Sí se trata de valores, hablamos de paradigmas y estos suponen la conclusión de creencias, principios y reglas aceptadas por una mayoría en antaño y como tales, muy arraigadas. ¿Esto quiere decir que hay dejar de marchar y de empoderar a la mujer en distintos ámbitos? No, todo lo contrario, pero hace falta que todos y todas nos sumemos a ayudar junto al estado, acompañando esos procesos y diagramando estrategias para el mientras tanto.

 

Las revoluciones nunca fueron sencillas, expeditas y pacíficas en ningún ámbito: ni en la ciencia, ni en la economía ni en la política. Del teocentrismo al antropocentrismo no se pasó firmando un convenio, ni siquiera en modificaciones más contemporáneas y específicas de status quo como reconocer judicialmente el interés superior del niño por sobre cualquier injerencia familiar. Nada sucedió de un día para el otro y, sobre todo, sin resistencias.

 

Esta lucha no será la excepción, se trata de romper relaciones de poder que acostumbraban a tener exclusivamente los hombres, porque la historia o la naturaleza así lo demandaban. Estereotipos que etiquetaban roles y diagnosticaban como normal o anormal, con aceptación o rechazo, las conductas esperables en la sociedad. Tradicionalmente, las de las mujeres no eran las mismas que para los hombres y viceversa, lamentable pero real.

 

Contrariamente a eso, no caben dudas que desde la equidad, igualdad y solidaridad se avanzó mucho y, no hay dudas, que las conductas esperables para toda persona deben ser las mismas -sin importar su género, etnia, religión, sexualidad o color de piel- básicamente ser feliz y poder desarrollarse.

 

Hoy en día, hay un gobierno que apuesta a esta lucha, no solamente con la creación del Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad sino con medidas activas, convocando a la ciudadanía y priorizando la vida y la integridad física por sobre todo. Nadie se salva solo, dijo con razón nuestro presidente Alberto Fernández, por ende, este desafío requiere de todos y todas, sin excepciones. 

 

Por eso, cada uno desde su lugar, puede ayudar y cooperar para que la  labor del estado sea más efectiva, brindando un plus y ayudando a la causa desde donde le toca: en la escuela donde se forman los niños y las niñas; en las redes y los medios visualizando el empoderamiento y la integración así como desaprobando el machismo y la intolerancia; dando una mano en los hogares transitorios y en todo espacio de asistencia y contención; desde las fuerzas de seguridad y la administración de justicia para la aceleración de los tiempos, la reducción de burocracia para las medidas de prevención y con la razonabilidad y contundencia que se requieren, para repeler con el mayor peso de la ley todo delito inspirado en la misoginia, la intolerancia y cualquier forma de discriminación.

 

Las mujeres están haciendo todo lo que pueden y tienen que hacer: luchan en los distintos ámbitos y nos invitan a sumarnos. Acompañémoslas y busquemos más ayuda, porque en épocas donde queda demostrado que nadie se salva solo, los objetivos se logran con una sociedad solidaria y un estado presente.

 

La sociedad que ellas imaginan es una sociedad mejor para nuestras abuelas, madres e hijas pero también para nuestros abuelos, padres e hijos: porque con más tolerancia, solidaridad e integración, vamos a vivir mejor todos y todas. Reforcemos la lucha para la mayor efectividad posible, que Ni Una Menos sea realmente Ni Una Menos.

 

Por Federico J. Cermelo

Abogado. Director del Observatorio de la Juventud de la Honorable Cámara de Diputados de la Nación.

*INVITADO DEL DÍA DE DIARIO26.COM

Ni una menos
Columnista
Violencia de género
INVITADO DE DIARIO 26

Emilio Salgari, "Sandokan, el Tigre de la Malasia"

La historia del escritor italiano que marcó la literatura con sus obras y terminó suicidándose por hambre.
Lunes 20 de abril de 2020

Emilio Salgari y uno de sus librosEmilio Salgari y uno de sus libros

“Los grandes libros sobrepasaron a sus autores”.

 

Un escritor, que solamente que con su exhuberante imaginación vivió las aventuras más exóticas, había nacido en Verona, (Italia) en agosto de 1863.

 

Con su mente tan fértil, nos alegró y nos hizo soñar en nuestra infancia, esa etapa alegre y triste simultáneamente, a veces sin juguetes, de muchachos humildes, que en realidad fue la infancia –adivino- de muchos de nosotros.

 

El escritor se llamó Emilio Salgari.

 

¡Pensar que siendo tan famoso se suicidó por hambre, dejando escrita una penosa carta!.

 

Una bella y triste carta de despedida, en la que culpaba a su editor de llevarlo a ese paso extremo, porque le pagaba muy poco por sus novelas; mientras  aquel se enriquecía, Salgari, que era un padre amantísimo y esposo ejemplar, se empobrecía hasta la total miseria material.

 

Parece un contrasentido que en su vida, el pobre Salgari, jamás disparó un tiro contra un tigre, ni se vio frente a un pirata tuerto.

 

Tampoco lo apresaron los tentáculos de un enorme pulpo submarino, como relatara con maestría sin igual en sus famosos y tan leídos libros.

 

Salgari fue un hombre sereno y pacífico.

 

Pero supo crear esos estupendos tipos de héroes siempre inalterables y valientes, que respondían a los sonoros nombres de “El Tigre de la Malasia”, “Sandokán el Pirata”, “El Corsario Negro”, para citar solamente algunos.

 

En su pobre vida de famoso y a la vez oscuro literato pegado a la silla, él sentía que amaba la soledad. Por eso no estaba solo.

 

Y cuanto más aislado estaba, más mundo veía. Inclinado sobre la mesa, con el dedo percutido sobre la vieja lapicera que se le había gastado de tanto raspar hojas de papel para sus increíbles aventuras. Creadas por su mente inteligente.

 

Salgari trataba solamente con una esposa huraña, rezongona, que le reprochaba al marido que ganara tan poco dinero, con sus hijos, pequeños y mal criados y con el editor que naturalmente, ponía un rostro indiferente cada vez que el escritor de los tifones y de las aventuras de los Mares del Sur, le alcanzaba el original de un nuevo libro.

 

Salgari murió practicándose el harakiri con un puñal, en un húmedo y pantanoso jardín de Turín, a la manera japonesa, es decir, como él mismo lo había descripto en sus novelas relatando el suicidio de nobles príncipes Samurais, en alguna de sus relatos inventados desde la primera a la última letra.

 

¡Pobre y desventurado escritor¡, que escribió nada menos que ciento cincuenta novelas de aventuras...

 

Pensar lo que ganaría hoy, solamente con una película, que su imaginación poblaría de junglas y huracanes, princesas desgraciadas y príncipes valerosos...

 

Su manera de trabajar era extremadamente curiosa.

 

Emilio Salgari dibujaba los mapas geográficos de los lugares donde transcurría la acción de sus novelas. Era muy cuidadoso en este sentido.

 

Después seguía paso a paso a sus héroes predilectos, fijando puntos, de Africa casi siempre y  señalando nombres, extraídos de los mapas.

 

Era en lo personal un gran melancólico. Una especie de preso espiritual. Y tuvo que escaparse él, físicamente para siempre, de un hogar desdichado, donde ya la locura había hecho presa de su esposa, internada desde hacía meses en una casa de salud.

 

Fue el de su muerte, una día lleno de tristes presagios.

 

Sus dos hijos, salieron de su casa con el padre, quien los dejó en la puerta del colegio al que concurrían, despidiéndose con un afectuoso saludo, más prolongado que de costumbre.

 

Lo vieron irse, erguido, sereno, con su clásico sombrero de paja, el bastón al puño, en esa bellísima mañana del 24 de abril de 1911, en Turín, hermosa ciudad italiana.

 

Se dirigió al bosque del Lauro, que tanto le gustaba y en el que había imaginado sus increíbles aventuras.

 

Una mujer descubrió el cuerpo caído de Salgari, desangrado en ese bosque y dio la voz de alarma.

 

El sepelio fue en un carruaje de segunda clase, pero con todo el pueblo de Turín allí presente.

 

Los chicos de las escuelas faltaron a clase para seguir a quien les había dado ese sustento maravilloso de increíbles y emotivas  aventuras.

 

Salgari, traducido a veinticinco idiomas, que vendía en el mundo millones de ejemplares de sus libros, moría vencido por la pobreza. Tenía 47 años.

 

Su portentosa imaginación, casi diría mágica, trajo a mi mente este aforismo que escribí como modesto homenaje a Emilio Salgari

 

“El escritor es un mago. Que logra hacer volar... sus sueños”.

 

Por José Narosky

*INVITADO DEL DÍA DE DIARIO26.COM

José Narosky
Columnista
Emilio Salgari