Síndrome del pijamaSíndrome del pijama.

Entre que trasnochan más de lo habitual y no tienen horarios por la disrupción de la vida cotidiana que impuso la cuarentena, los adolescentes se la pasan todo el día vestidos de forma tal que no se sabe si se van a dormir o se acaban de despertar. Lo que podría denominarse el síndrome del pijama.

 

La energía adolescente se fue consumiendo durante los más de cien días que lleva el confinamiento, que los dejó sin la posibilidad de ver a sus amigos desde el 16 de marzo pasado, cuando se suspendieron las clases. La semana próxima cumplirán cuatro meses de encierro, y los psicólogos que continúan en contacto con ellos en sesiones virtuales dicen que ya advierten algunas señales más afines a estados depresivos.

 

"Resistieron gracias al entrenamiento que tienen para circular navegando por la virtualidad, pero con las reiteradas postergaciones de la cuarentena las reservas adolescentes ya no son las mismas. Los humores se irritaron, la ansiedad creció y se sintomatizó. La potencia adolescente pide oxígeno, y con la mirada de los padres híperpresentes, con su afecto, sus presiones, reclamos y quejas, los chicos ya no saben dónde esconderse; y los padres tampoco", reflexiona la psicoanalista Susana Kuras Mauer, especialista en niñez y adolescencia. "Este encierro me tiró para abajo". "Lloro por todo". "Mi vida está en pausa". Las frases están apuntadas en una libreta de Kuras Mauer, y son de algunos de sus pacientes, que tienen entre 12 y 17 años.

 

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Los especialistas explican que los cambios de humor repentino, el llanto aparentemente sin motivos o el ensimismamiento exacerbado son algunos de los modos de presentación del ánimo adolescente en cuarentena. Otros están desmotivados, echados gran parte del día y sin fuerza. "La sintomatización silenciosa de los adolescentes tiene efectos psíquicos de desestabilización que no debemos desestimar. El cuerpo mismo es el blanco donde últimamente se manifiestan alergias, dolores poco reconocibles, bruxismo, ansiedades hipocondríacas con las que imaginan estar gravemente enfermos", señala Kuras Mauer. Y refuerza: "El cuerpo en la adolescencia necesita estar investido libidinalmente para estar saludable, con experiencias de encuentro afectivo, de placer, de ternura, de seducción, que hoy se ven amenazadas por barbijos que no solo los protegen, también tapan, callan y anestesian".

 

Para algunos especialistas los adolescentes están viviendo lo que ella denomina la cuarentena de la cuarentena: meterse muy para adentro, y aislarse del resto de su familia dentro de su propia casa. Para algunos especialistas los adolescentes están viviendo lo que ella denomina la cuarentena de la cuarentena: meterse muy para adentro, y aislarse del resto de su familia dentro de su propia casa.