Sergio E. Visacovsky, Director del Centro de Investigaciones Sociales (CIS) e investigador Principal en CONICETPor Sergio E. Visacovsky*

Entre los temas de investigación a los que me dedico, en el marco del Centro de Investigaciones Sociales (CIS-CONICET/IDES) están las situaciones de crisis e incertidumbre. Mi interés reside en las maneras que las personas responden o actúan bajo circunstancias de crisis social, cuando se quiebre la previsibilidad con la que nos desempeñamos cotidianamente y el futuro constituye una incógnita.

 

Cuando llegó la pandemia a estas tierras y se inició la cuarentena, comprendí que tenía que orientar esta línea de investigación al estudio de este tiempo. El problema de llevar a cabo una indagación empírica era la situación de aislamiento.

 

El trabajo de campo tradicional era imposible. La solución fue solicitar testimonios con una guía de preguntas a diferentes personas a través de WhatsApp o el correo electrónico; un primer grupo, personas con las que teníamos algún tipo de relación y, por ende, confianza. Y esas personas nos pusieron en contacto con otras, para conformar una muestra no probabilística, con sus sesgos que, por supuesto, pueden ser evaluados.

 

Noticias relacionadas

Desde fines de marzo, realicé hasta aquí tres relevamientos a gente que vive en diferentes partes del Área Metropolitana de Buenos Aires, que diferían en cuanto a tipos de vivienda, condiciones habitacionales, ocupaciones, niveles educativos y de ingreso.

 

Con las limitaciones consabidas, me dediqué a indagar en los efectos de la pandemia y la cuarentena en sus vidas, cómo estaban sobrellevando la situación, en particular, cómo organizaban su cotidianeidad, desconociendo cuándo y cómo concluiría todo.

 

Desde sus inicios, la antropología social ha estudiado las formas en que las personas administran la incertidumbre, no solo ante situaciones excepcionales como la presente. Toda sociedad cuenta con medios cognitivos y simbólicos para poder lidiar con situaciones desestabilizadoras; pero en una situación como la actual, la vida cotidiana, tal como es asumida por cada grupo, se presenta en su mayor parte alterada.

 

Aunque esta realidad de la vida cotidiana difiere ostensiblemente, según las condiciones de vida (por caso), en general los testimonios recabados refieren a un anhelado “retorno a la normalidad" (repetido como un slogan en el discurso público), como si el tiempo pudiera retroceder y borrarse los efectos de la crisis, algo que objetivamente no sucederá. Pero ponen en evidencia que las concepciones asumidas de normalidad constituyen esquemas organizadores, con los cuales las personas intentan orientar sus vidas en adelante.

 

Estudiar estos esquemas nos ayuda a entender la forma en que las personas, por ejemplo, perciben los riesgos de contagio y actúan en consecuencia, particularmente fuera de sus viviendas. Así, pueden resultar más comprensibles las continuas tensiones generadas entre las exigencias de cumplimiento de las medidas de cuidado y las formas en que las mismas son apropiadas en la práctica, tensiones que suelen resumirse entre rigidez y flexibilidad, o entre disciplina colectiva versus responsabilidad individual.

 

(*) Director del Centro de Investigaciones Sociales (CIS)-Instituto de Desarrollo Económico y Social (IDES) e investigador Principal en CONICET. 

Fuente NA