Home office, empresas, notebookLey de teletrabajo en Argentina.

El Senado terminó arruinando el teletrabajo en la Argentina. Pero tampoco hay que echarles la culpa a los senadores. El proyecto de regulación -por no llamarlo de prohibición- del home-office salió de Diputados y contó con la aprobación de los legisladores de Juntos por el Cambio. En Diputados nadie se preocupó por escuchar las opiniones del mundo empresario y, fundamentalmente, de las Pymes, que son las que más necesitarían del teletrabajo para bajar costos y poder volver a crecer después de la pandemia y generar muchas oportunidades de trabajo.

 

Un par de perlitas para entender por qué, cuando en todos los países después de la pandemia seguirá teniendo un enorme impulso el teletrabajo, las Pymes argentinas deberán pedirles a los empleados que regresen a sus oficinas para trabajar a la vieja usanza:

 

*El trabajador decide cuándo y cómo terminar la relación de teletrabajo. Si el empleador para bajar costos dejó el alquiler de su oficina, deberá salir a alquilar un espacio conveniente para el empleado, si este no quisiera trabajar desde su hogar. Si no, puede darse por despedido y cobrar su jugosa doble indemnización. Esto, además, impide contratar teletrabajadores en otras provincias, ya que en cualquier momento podrán reclamarle al empleador (por ejemplo en Parque Patricios) que les ponga una oficina cerca de su casa (por ejemplo en Jujuy). Y que ni se le ocurra contratar teletrabajo extranjero: está prohibido. Ese toque de xenofobia puede llevar a retaliaciones a nivel internacional.

 

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*Se deben respetar los horarios habituales de la oficina. Las partes podrían pactar “por debajo de la mesa”, por ejemplo, darle la tarde libre a una empleada para acompañar a su hijo a un acto en el colegio, pero si compensa esas horas trabajando a la noche, esa empleada podrá reclamarlo luego en juicio como horas extras impagas.

 

*Aunque el empleado se ahorre enormes costos de transporte y mucho tiempo de viaje (time is money), el empleador deberá correr con los costos de internet, aunque el empleado esté pagando internet desde hace años. Además, a la hora de la indemnización, el suplemento de conexión se suma al monto indemnizatorio.

 

Hay muchas más “balas” en la ley que fusilaron el teletrabajo, que erizan la piel por lo absurdas y anacrónicas, pero con estas perlitas queda claro que el teletrabajo, en un país en el que de por sí contratar en blanco es costoso y siempre trae altos riesgos de litigiosidad, hay un incentivo menos a generar empleo para los privados. Y mientras tanto, la pujante industria del juicio laboral se frota las manos.

 

Dicho sea de paso: también se estropeó una enorme posibilidad de conseguir empleo en blanco para mucha gente, especialmente para madres que podrían ver resuelta su necesidad de trabajar desde su casa compatibilizando mejor con sus tareas hogareñas.

 

La regulación del teletrabajo es apenas una mancha más para un tigre que se convirtió en la semilla del fracaso argentino: el sistema laboral hizo que en las últimas décadas el único empleador que toma trabajo sea el Estado, con la consabida quiebra del país a causa de un infinanciable déficit fiscal. Particularmente las Pymes, que aún hoy son por lejos el primer empleador de la Argentina, tienen enormes desincentivos a contratar, y ahora tendrán uno más.

 

Se calcula que en una economía moderna hasta el 30% del empleo puede resolverse con teletrabajo, descongestionando el tránsito, mejorando el medioambiente y generando muchas horas para el ocio, la actividad física, la familia y la capacitación para el empleado. Horas de sueño también, claro. Y todo esto mientras las empresas chicas podrían bajar costos y trabajar de manera más flexible y competitiva, generando nuevos puestos de trabajo de calidad.

 

Para entender por qué el aniquilamiento del teletrabajo es un nuevo fracaso de la comunicación empresaria, hay que repasar la sesión de la Comisión de Trabajo del Senado que le dio espacio al mundo empresario para exponer posturas, luego de haber escuchado a los sindicalistas. Particularmente a partir del minuto 46 de la sesión, hay que detenerse a escuchar al “representante de las Pymes”, que argumentó que había que aprobar esta regulación tal cual llegaba de Diputados porque las Pymes “son solidarias con los trabajadores”.

 

Fuente: Calíbar, el rastreador, Diego Dillenberger