González Oro, conductor y locutor, foto InstagramGonzález Oro, locutor y conductor, foto Instagram @oscar_gonzalezoro.

El locutor Oscar González Oro decidió radicarse en Uruguay tras cumplir los cinco meses de aislamiento obligatorio en Argentina y desde allí, en su casa de Punta del Este, realizará su programa de radio por Radio Rivadavia.

 

El mítico locutor brindó una entrevista para Teleshow donde comentó el trasfondo de su decisión y cómo se siente en el país vecino donde ya no deben cumplir cuarentena ya que el virus está controlado.

 

Respecto a qué lo motivó para irse, dijo: “Que me harté de estar encerrado en mi departamento, sin poder poder salir, sin poder ir a visitar a un amigo, sin poder llevar a alguien a comer a casa... Además que extraño mucho a mis hijos, Agustín y Pablo, que uno vive en Madrid y el otro en Londres. Y, estando en Buenos Aires, no podía viajar a verlos.”

 

Noticias relacionadas

Al ser consultado sobre los trámites que realizó, comentó: “Primero hablé con la cónsul general, que es un sol, y le pregunté cómo tenía que hacer para obtener la residencia. Ella me dijo: “Hacé tal cosa, hacé tal otra, certificá esto y lo demás”. Y en un mes, más o menos, me salió. Ya me entregaron una cédula provisoria y, ahora, me van a entregar la definitiva.”

 

En lo que respecta al recibimiento, explicó: “Llegué hace un rato y todos me dijeron “Bienvenido”, “qué bueno que esté acá”, “qué bueno que nos haya elegido”... Y no hablo del personal de relaciones públicas, sino de la gente de migraciones y de aduana, que están cansados de recibir gente pero se encargan de que te sientas bien recibido. Eso me hizo sentir muy bien. Y debo reconocer que hasta me emocioné. Después, cuando salí del aeropuerto y venía camino a casa, no podía creer lo que veía. Negocios abiertos, un par de restaurantes funcionando en La Barra... Yo tengo varios amigos que están viviendo acá. De hecho, acabo de hablar con Susana Giménez y ya arreglamos para juntarnos.”

 

Sobre la sociedad uruguaya, manifestó: “La gente es muy responsable. Recién le dije a un colaborador que teníamos que ir al supermercado y me respondió que no podíamos ir dos, que tenía que ir uno solo. Así que le hice una lista para que fuera él a hacer las compras. Yo la quiero pasar bien. No soy un niño, ni un adolescente, ni un hombre joven: soy un tipo mayor. Soy de riesgo. Amo mi país y tengo siete generaciones de argentinos sobre mis hombros. Pero acá respiro una libertad que en Buenos Aires no siento. Y no me vine por ninguna otra razón que no sea la que te expliqué: no me persiguieron, no me censuraron ni me pasó nada. Que no estoy demasiado conforme, es verdad. Pero no me vine enojado ni escapándome de nada.”

 

 

Siendo consultado sobre cuándo podría volver, estimó: “Yo voy a volver cuando esté tranquila, cuando no haya tanta violencia y tanta inseguridad. Hoy, cuando estaba saliendo de Buenos Aires, me enteré por la radio que a un chico que había salido a comprar una gaseosa lo mataron de un tiro. Está complicada la situación. Yo vivo en la provincia, en San Isidro, donde hay muchos problemas de seguridad. Y no quiero andar en autos blindados o con custodios. No es mi estilo. Así que el día que pueda tener una vida normal y en libertad, volveré a Argentina.”

 

“El valor más grande que prediqué a lo largo de toda mi vida, es la libertad. Mi libertad. Decidir si voy a ver a mis hijos o si los mando a buscar para que vengan ellos. Yo siento que hoy recuperé mi libertad. El poder decidir qué hago y no que decidan por mí. Porque me dicen que están prohibidas las reuniones sociales y que el lunes autorizan a los clubes de fútbol a hacer entrenamiento. ¿Eso no es una reunión social? Hay veintidós tipos en una cancha, más los asistentes, peloteros, aguateros, director técnico... ¡Hay cincuenta personas! ¿Y yo no puedo invitar a alguien a comer a mi casa? No es lógico”, reflexionó.

 

“Le hice caso al régimen, al sistema, al gobierno, al Estado durante cinco meses. Yo salí de casa sólo tres veces: una para ir al programa de Juanita Viale, otra para ir al de Andy Kusnetzoff y, la tercera, para ir hasta El Sanatorio de la Trinidad porque me intoxiqué comiendo una lata que estaba vencida. No salí más. Esas tres veces, fue todo muy raro. Salir de un aislamiento y ver gente con barbijo y controles por todos lados, me hizo pensar en una frase de Mario Benedetti que decía: “Me sentí un extranjero en mi propio país”. El ser humano es un animal social. A las personas nos gusta relacionarnos, hacer un asadito, compartir un vino... Y yo eso no lo hago desde que comenzó la cuarentena, porque la cumplí estrictamente. Hasta hoy, que recuperé el poder de decidir sobre mí”, concluyó.