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Claudio Zuchovicki, Gerente de Desarrollo de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires y director de Finanzas de la UADE, analizó en un artículo de opinión la economía argentina a casi una semana de confirmarse el acuerdo con los bonistas por el pago de la deuda.

 

“Hay alivios que sirven solo para el corto plazo (exceso de gasto), pero que producen fuertes daños colaterales irreversibles a el largo plazo. Hay decisiones muy costosas para el corto plazo, que luego hacen más fácil la vida a largo plazo (austeridad, ahorro). Para graficar, voy a emplear un recurso ya usado por mí y por muchos más, con la esperanza de que la memoria del lector sea más frágil que mi creatividad para encontrar ejemplos”, comenzó en su columna para La Nación.

 

El especialista graficó: “Un gran profesor, en plena clase, se acercó a su mesa, levantó un libro y preguntó: ¿cuánto pesa este libro? Las respuestas variaron entre 250 y 500 gramos. El profesor explicó: "El peso absoluto no es importante. Depende de cuánto tiempo lo mantengo con mi brazo extendido. Si lo sostengo un minuto, resulta liviano. Si lo sostengo una hora, me dolerá el brazo por su peso. Si lo sostengo un día, mi brazo se entumecerá y se paralizará. El peso del libro no cambia, es siempre el mismo, pero cuanto más tiempo lo sujeto, más pesado y más difícil de soportar se vuelve."

 

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Para el financista “el problema no es tener déficit fiscal, sino tenerlo por tanto tiempo. Esto nos lleva a tener impuestos distorsivos, una gran economía informal y más endeudamiento o emisión monetaria”.

 

“Las restricciones cambiarias, la gran emisión monetaria y la recuperación del consumo por huida del peso, actúan como el desfibrilador, pero mantienen intactas las causas que llevaron al corazón a dejar de latir. Solo que ahora se suma la incertidumbre que generan los efectos colaterales de las medidas tomadas para el futuro. Más consumo sin inversión no genera desarrollo, sino desabastecimiento”, expresó.

 

Estamos frente a un rebote en la venta de autos, de materiales para la construcción, de insumos para el agro, de telas, de artículos de decoración, de electrodomésticos. Pero esa demanda no es por el entusiasmo de un futuro mejor, sino que responde al rechazo a quedarse con pesos. Más que comprar bienes, vendemos pesos”, opinó.

 

En lo que respecta al aparato productivo, manifestó que “hay que ayudarlos a que sea más fácil hacerlo. Menos presión laboral, menos presión fiscal y menos burocracia”.

 

En su artículo reflexiona: “¿Nunca nos vamos a preguntar por qué nuestra economía informal es más grande que la formal? ¿Nunca vamos a preguntarnos por qué hay más trabajadores fuera que dentro del sistema? Simplemente, porque estamos sobre castigando al que opera formalmente. Siempre pescamos en el mismo lago y, como resultado, cada vez hay menos peces.”

 

Zuchovicki es “un acierto haber extendido voluntariamente con los acreedores los plazos de vencimiento de nuestras deudas y, además, bajar significativamente el monto de los intereses. El acuerdo es muy relevante por lo que se evitó. Usando el ejemplo anterior, nuestro corazón vuelve a latir, pero para no volver a infartarnos tenemos que hacer serios cambios estructurales en nuestra forma de malgastar. El arreglo no soluciona los motivos por los que se llegó a esa instancia. Ayuda, no resuelve.”

 

Zuchovicki propone en materia económica: “Que todos los funcionarios públicos con responsabilidades y todos los legisladores reciban sus haberes en Bonos Argentinos, con vencimiento 20 años después de finalizados sus mandatos. Puesto que es ahí donde generalmente se siente el impacto de sus decisiones. Por ejemplo, un Bonar 2040. Si hacen las cosas bien, los bonos subirán y ganarán más plata. De lo contrario, subirá el déficit, bajarán los bonos y sus ingresos sentirán su ineficacia.”

 

Zuchovicki utiliza la siguiente reflexión: "Alguna vez se propuso en el Senado que los esclavos se distinguieran de los libres por el vestido. Vestirlos a todos con la misma camisa. Pero inmediatamente el Senado advirtió el peligro que ello representaba, si los esclavos empezaban a contarse."

 

“Qué forma más sutil de describir el riesgo que iba a implicar que los esclavos fueran conscientes de su número y de su fuerza. Una gran metáfora para nuestros tiempos”, cerró.