Palacio en BeirútEl Palacio Sursock, Líbano. 

La potente explosión que sacudió Beirut el 4 de agosto causó más de 160 víctimas, 6.000 heridos y miles de edificios devastados. Entre los numerosos edificios patrimoniales, museos, galerías y casas tradicionales que sufrieron graves daños está el palacio Sursock Palace, una de las construcciones más conocidas de la capital libanesa.

 

La residencia, de 160 años de antigüedad, había sido sometida durante dos décadas a una cuidadosa restauración tras el final de la guerra civil del Líbano, que duró de 1975 a 1990. La destrucción de joyas arquitectónicas de Beirut, entre ellas museos y edificios tradicionales, se suma al trágico balance de las explosiones del puerto de la capital libanesa que dejaron más de 150 muertos y devastaron una infraestructura económica fundamental para el Líbano.

 

Famosos por sus ventanas con un triple arco, típicas de Beirut, centenares de edificios del periodo otomano o del mandato francés (1920-1943) ya estaban deteriorados por el paso del tiempo y la guerra civil (1975-1990). Algunos de los más antiguos se encontraban cerca del puerto, donde detonaron varias toneladas de nitrato de amonio almacenadas en un depósito.

 

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La explosión derruyó un palacio del siglo XVIII y otros edificios de esa época, todos ellos más antiguos que la creación del Estado del Líbano, que cumple un siglo en 2020. "Es como una violación", lamenta Tania Ingea, la heredera de este edificio con columnas de mármol en que estallaron unos vitrales de más de 200 años, las puertas quedaron derribadas y también dañados unos recubrimientos de madera del periodo otomano.

 

Construido por la familia Sursock, una de las grandes fortunas de Beirut, el palacio había resistido a la guerra civil y al violento enfrentamiento entre Israel y Hezbolá en 2006, pero ahora la explosión representa "una ruptura entre el presente y el pasado", afirma Ingea.

 

Cerca de este palacio, se encentra el museo Sursock, un lugar destacado de la vida cultural en Líbano que reúne una importante colección de arte moderno y contemporáneo y que hace unos pocos meses organizó una inédita exposición de Picasso. Este edificio, construido en 1912 con una mezcla de arquitectura veneciana y otomana, tampoco resistió a la explosión.

 

Sus vitrales estallaron, sus elegantes ventanales ahora son unos agujeros enormes y las bolsas de escombros se acumulan ante su monumental escalera blanca. Entre 20 y 30 obras sufrieron desperfectos por el impacto del vidrio de las ventanas de un edificio que es un museo desde hace 50 años por la voluntad de Nicholas Sursock, un apasionado del arte. La explosión también hizo caer una de las obras maestras del lugar, un retrato de Sursock del pintor francoholandés Kees Van Dongen.

 

"No me esperaba tantos desperfectos", reconoce Jacques Aboukhaled, el arquitecto encargado de los trabajos de renovación de un espacio que reabrió en 2015 tras ocho años de obras. La restauración del lugar, según Aboukhaled, tardará más de un año y costará varios "millones" de dólares.