Jorge Neuss y su esposaJorge Neuss y su esposa.

Los investigadores del caso Neuss, revisan minuciosamente el contenido de los dispositivos electrónicos secuestrados en la casa del matrimonio en el country Martindale en busca de pistas sobre el posible móvil del femicidio.

 

Entre los dispositivos están los teléfonos celulares y computadoras, cuyos mensajes, llamadas y más contenido quedaron bajo investigación de los peritos informáticos. Por otro lado las empleadas domésticas que se encontraban en la vivienda al momento del hecho declararon como testigos ante la fiscal de la causa María José Basiglio.

 

Las empleadas relataron a la justicia que horas antes de lo ocurrido el empresario había desayunado en su dormitorio como era "habitual". Las testigos contaron que esa mañana la esposa de Neuss, Saravia había salido de la propiedad ya que tenía "muchas actividades" y que si bien no la vieron. 

 

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Las empleadas relataron que ellas trabajaban en los quehaceres domésticos en la planta baja, en un sector opuesto al dormitorio matrimonial, cuando una de ellas escuchó un primer estruendo y al instante un segundo. Esta testigo le preguntó a la otra si ella también escuchó esos ruidos y su compañera le respondió que creía que era "el camión de la basura". Entonces, la empleada que sí había escuchado los tiros dijo que el camión ya había pasado y que para ella eran "disparos". Ante esta situación, esta empleada subió a la planta alta, tocó a la puerta de la habitación matrimonial y como no respondía intentó abrirla pero notó que estaba trabada.

 

En la declaración, las testigos indicaron que llamaron primero a la hija del matrimonio y que ésta alertó de lo ocurrido a sus hermanos, quienes, al igual que ella, tienen sus propias casas de fin de semana en el Martindale. Las fuentes señalaron que el primero en arribar fue el hijo del matrimonio llamado Patricio, quien al no obtener respuestas de sus padres empujó varias vecesla puerta hasta que pudo abrirla. Al ingresar al dormitorio, los testigos hallaron ambos cuerpos tendidos y ensangrentados, mientras que Neuss tenía los ojos abiertos y aún respiraba.