Chile, Plebiscito, festejos en las calles, domingo 25 de octubre de 2020, REUTERSREUTERS

POR MANUEL CASTRO

Es muy probable que la sociedad chilena esté partida en dos. Un país que había sido tomado como ejemplo de desarrollo económico por otros estados. Pero no todo es lo que parece. Y la democracia es dinámica.

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Desde hace unos años se ven en el mundo grandes manifestaciones. En todos los países y en todos los continentes. Basta con recordar las “primaveras árabes” aunque no lograron sus objetivos, salvo en Túnez donde se originó. Fue emocionante escuchar en su momento a ciudadanos comunes decir, los viernes a la noche, después del rezo musulmán, que en la Plaza Tajarir de El Cairo, no se reunían ni musulmanes ni cristianos; se reunían egipcios. Es decir ciudadanos. La democracia es algo dinámico, jamás estático. Y reside en el pueblo de donde emana todo.

 

Las últimas fueron en El Líbano donde hicieron que el gobierno se fuera (por inoperante).

 

En nuestro continente ha habido muchas. Algunas violentas. Las de Chile fueron demasiado violentas. Pero cuando se siembras vientos solo se recogen tempestades.

  

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Me gustaría dejar en claro que muchas manifestaciones, basadas en reclamos justos pueden ser usadas por poderes foráneos para beneficiar a ciertos intereses y no me estoy refiriendo a países sino a corporaciones. Lo que se conoce como de “falsa bandera”. No quiero decir que este sea el caso. Solo lo menciono. Los grandes poderes nunca duermen y son muy hábiles.

 

Hace un año las manifestaciones en Chile fueron muy violentas y destructivas. Esos destrozos los tendrá que pagar la ciudadanía con sus impuestos.

 

Es muy probable que la sociedad chilena esté partida en dos. Un país que desde unos treinta años venía económicamente bien y además era tomado como ejemplo para otros estados de la región. Aunque había reclamos que aún no llegaron. El gobernante, el líder, el estadista es aquel que huele el problema años antes que se presente y va tomando medidas para que nunca llegue.

 

Tal vez no lo vieron venir o como generalmente le ocurre a la casta política; viven fuera de la realidad. Generalmente eso sucede cuando se cobra un sueldo del estado que todos los ciudadanos pagan.

 

La ciudadanía chilena votó por amplia mayoría en un referendo por el cambio de su Carta Magna.

 

Había sido convocado para el 26 de abril de este año pero por el tema del virus la fecha fue fijada para el 25 de octubre de 2020.

Chile, Plebiscito, festejos en las calles, domingo 25 de octubre de 2020, REUTERSREUTERS 

La ciudadanía aceptó el inicio de un proceso constituyente para redactar una nueva constitución y también como llevarla a cabo. Según algunos datos, fue el proceso eleccionario con la mayor cantidad de votos emitidos. El 78,27 % dio su aprobación, el 21,73% en contra.

  

A la actual constitución la han calificado de ilegítima, (aunque ha tenido algunas modificaciones durante la presidencia de Lagos) de ser demasiado presidencialista y estática. Tal vez el parlamentario sea el mejor sistema ya que obliga a llegar a consensos más amplios. Aclaro que problemas habrá siempre no importa el sistema.

 

El no comprender la dinámica actual es no comprender la realidad. Las constituciones estáticas estaban bien o eran operativas en el siglo 18, 19 o en el 20. Pero ya no. Y no hay que olvidar la tecnología.

 

Ductilidad. Más vale que se entienda. Lo entendió Trump.

 

Hasta ahora las reformas que se hicieron fueron sobre cuestiones políticas o electorales, es decir, la composición del parlamento. Pero eso no llega a la sociedad, es solo maquillaje. Los problemas se han presentado de manera recurrente en cuestiones sociales, de educación (muy cara) salud y la jubilación.

 

La redacción de una nueva constitución requiere de la participación ciudadana… de un pacto social.

 

En las democracias actuales hay un problema. Es el sistema. Los representantes no representan. Se ve, como señalé más arriba en este artículo, sobre las reacciones en distintas sociedades con culturas diferentes e idiomas diferentes, pero todos señalando lo mismo: las cosas así no van. Como en Suiza (país que conozco muy bien) los suizos deciden su destino a través de referendos, de democracia directa.

 

Cuando en España se aprobó una nueva Constitución por la cual el país se constituía “en un estado social de derecho” no solo lo aprobaron “los constituyentes”; hubo un referendo donde el pueblo dio su aprobación.

 

Es decir, se redactará una nueva constitución pero el pueblo la deberá aprobar. Siempre he tenido en mi mente las palabras de Georges Clemenceau, primer ministro y jefe de gobierno en la Tercera República francesa, cuando decía que la guerra era un asunto demasiado serio como para dejársela a los militares. Igual la política.