Donald Trump, Reuters.Donald Trump, Reuters.

POR MANUEL CASTRO

Las batallas son diarias para Trump. Lo fueron todos los días, todos los años durante estos cuatro años. Y lo seguirá siendo hasta el 20 de enero de 2021. Faltan unos 63 días para la entrega del poder, lapso en que, dada la política actual de los Estados Unidos; puede pasar cualquier cosa. Ni Biden ha sido electo, aunque lo digan hasta el hartazgo los medios de comunicación afines (lo será de forma definitiva el 14 de diciembre, si no llega a haber sorpresas) y el actual presidente, que no ha dejado de serlo, sigue con sus presentaciones judiciales (unas 20 demandas, dicen) que el tiempo y los tribunales dirán en qué terminan. Mientras tanto todo sigue igual, es decir, siguen contando votos. Trump tendrá sus defectos pero Biden tiene también su pasado. Y es un tanto oscuro.

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Así van las cosas, tensión electoral en Michigan donde parece que le birlaron una victoria a Trump. Biden que va formando su equipo. Bernie Sanders (demócrata) que dijo que los estadounidenses están de acuerdo con las ideas de extrema izquierda. Además de algunas tensiones dentro del propio partido demócrata. Y por otro lado la reconfiguración de algunos cargos dentro de la actual administración. Echan al responsable de ciberseguridad Chris Krebs por decir que estas elecciones fueron las más seguras de la historia. Hubo otro despedido (recuerdan el programa cuando Donald decía: “You are fired”), en realidad hubo otros despedidos pero el que me interesa ahora es el del antiguo Secretario de Defensa Mark Esper. Y esto está relacionado con la última decisión del presidente Trump con respecto al retiro tropas estacionadas en Iraq y en Afganistán.

 

La cuestión del despliegue de militares estadounidenses en distintas partes del mundo no solo atañe a los dos países que mencioné sino que se enmarca dentro de una estrategia que involucra también a los aliados de la Otan, es decir, y sobre todo a los europeos. Para sus aliados europeos y sobre todo para los alemanes Trump tuvo siempre palabras duras. Por ejemplo: “estamos protegiendo a Alemania y son unos delincuentes. No tiene sentido así que dije: vamos a reducir el número a 25.000 soldados”. Había 34.500. Lo anunció, y lo hizo. Aunque otras tropas fueron redistribuidas en otros países europeos, caso Polonia. Recordemos que la presencia militar de los EE.UU en Alemania viene desde la II Guerra Mundial. La reducción de soldados en el exterior ha sido una promesa de campaña de Trump, que, al contrario de los miembros de la casta política, tiene la costumbre de cumplir con lo que promete. Y todo esto más allá de alguna antipatía hacia Merkel o hacia el resto de los aliados europeos (que de seguro hay) de EE.UU a los que acusa de no aportar ni comprometerse lo suficiente esperando que los yanquis les saquen las papas del fuego cada vez que se presenta un problema (bélico). En realidad no está lejos de la verdad. Los salvaron en dos guerras mundiales. Escribo esto y recuerdo los discursos de Churchill.

 

Lo que sucede es que Trump tiene una posición muy parecida a la de Wilson antes de la Primera Guerra, es decir una actitud aislacionista. De todas formas cada país hace lo que cree conveniente en un momento histórico determinado. Y si eso le conviene que lo haga. Por otra parte sería bueno que los europeos demostraran un poco más de valentía. Allá ellos.

 

Claro que esa reducción de tropas en Europa generó alarma hasta entre los propios republicanos porque los que podrían lograr ventajas serían los enemigos Rusia y China. Trump siempre creyó que la presencia de tropas estadounidenses beneficiaban más a los europeos pero otros estrategas sostienen que la Otan sigue siendo importante para la seguridad de los propios EE.UU.

 

Pero ahora le llegó el turno a Iraq y Afganistán. Como decía, lo prometió y lo cumplió. Donald Trump ordenó la reducción de fuerzas de 4.500 efectivos a 2.500 en Afganistán y de 3.000 a 2.500 en Iraq. Está postura le ha llevado a Trump a tener enfrentamientos con sus propios generales que no están muy de acuerdo con la medida. Y tampoco las fábricas que venden armas. Y como Mark Esper se opuso a esta decisión. Trump lo echó.

 

En realidad Esper ya venía haciendo agua.

 

Esper, en consuno con los altos mandos recomendó que no se hiciera la reducción en Afganistán hasta que se llegaran a cumplir ciertas condiciones de seguridad en ese país.

 

Esper ¿seguridad en Afganistán? ¿Por qué no se compra un libro sobre la historia de Afganistán? ¡Es un territorio complicado desde Alejandro Magno! No pudo ni el ejército británico en la época de su mayor poderío.

 

Esper, aunque sea lea a Kipling.

 

Volviendo a las batallas, las políticas. Las internas, entre demócratas y republicanos, antes de la entrega del poder o de la continuidad.

 

Acusaciones. Algunos dicen que las élites del partido demócrata quieren que EE.UU se quede en guerras que no tienen fin. Otros se han preguntado: 19 años en Afganistán ¿Qué hacemos allí? Biden quiere mantener las tropas en Medio Oriente.

 

Sea como fuere, Trump, con el retiro paulatino de soldados, estará terminando con las dos guerras empezadas por Bush después del 11-S y que Obama había prometido con replegar. Cosa que no hizo. Mucha sonrisa, yes we can, pero deportación de indocumentados como nadie y guerra en 7 países. ¡Ah! Casi me olvido, Premio Nobel de la Paz. Mundo hipócrita.

 

Trump está lleno de defectos, viene de Queens, es decir, que es igual a un porteño.

 

Insoportable, agrandado y egocéntrico. Pero no llevó a su país a ninguna guerra. Y eso no es poco.