Diego Maradona y Marco Monroy, Foto BBC MundoMarco Monroy y Diego Maradona. Foto: BBC Mundo.

Diego Maradona era un ser que despertaba pasiones. El aura que salía de él, era algo que no muchos pueden explicar, pero era real. Era un ser magnético y atraía. Nadie escapaba a ese embrujo del "10". Una de las millones de personas que alguna vez soñaron con estar frente a su ídolo, fue Marco Monroy, un colombiano radicado en los Estados Unidos, que -en ese momento de noviembre de 2003- se encontraba hospedad en un hotel de la ciudad china de Pekín con su esposa argentina.

 

Monroy estaba apuntado para ser conferencista en un evento sobre cambio climático y había fundado una empresa pionera en el mercado de créditos de carbono. Pero en esa oportunidad, tenía la cabeza en otra cosa. Y es que se había enterado que allí mismo se hospedaba Maradona, su ídolo, quien se aprestaba a presentar una línea de ropa deportiva mientras también promocionaba su autobiografía. Así se propuso conseguir su autógrafo, pero todo derivó en un momento inolvidable que se extendió mucho más allá de una simple firma al pasar.

 

Monroy esperó durante horas a Maradona en el lobby pero el "10" no estaba por allí. De repente, se decidió a ir piso a piso hasta que en un pasillo escuchó música a todo volumen de la banda argentina La Mosca, proveniente de la suite. El médico personal abrió la puerta y dijo que Maradona estaba al teléfono, que los llamaría a su habitación, cosa que efectivamente luego hizo. Era increíble, pero eso mismo le estaba sucediendo. Durante su esperado y ansiado encuentro, Monroy se vio ante un Maradona muy diferente al que esperaba: solo con su médico, convencido de que le habían cambiado las condiciones de sus compromisos, con una agenda que no lograba manejar.

 

Noticias relacionadas

"Estaba incómodo con la situación, prácticamente de rehén en China, negociando en un hotel sin abogados", dijo Monroy en una entrevista concedida a BBC Mundo. "Le dije: 'si necesita apoyo lo ayudo, soy abogado de profesión'", agergó Monroy; y continuó: "Me dijo que sí, que muchas gracias".

 

Desde ese instante, ya nada sería igual. Monroy pasó las siguientes tres noches con Maradona, al que nunca creyó poder tener en frente y que era un ser humano como los demás. Maradona se había mudado a Cuba, para su tratar su adicción a la cocaína y sus problemas de salud. En Italia enfrentaba un proceso por deudas impositivas millonarias. Y se había distanciado recientemente de Guillermo Cóppola, su manager durante años. Según cuenta Monroy en la entrevista con BBC, Maradona quería solucionar sus problemas financieros y estar en condiciones de pagar la hipoteca de varios departamentos que deseaba dejarle a sus hijas.

 

"La angustia era más por el futuro de sus hijas que por la situación económica", dijo Monroy, recordando su encuentro con Maradona. "El dinero no lo movía: lo movía más la familia, pasar un buen momento, disfrutar de la vida", agregó. Así mismo, Diego decía que le gustaba vivir en Cuba porque entraba a bares o restaurantes y la gente por lo general no sabía quién era.

 

Sin embargo, Monroy saca a la luz otra cuestión del "10". La negociación de contratos en China fue dura para Maradona. Los empresarios lo visitaban en su habitación por las noches, en varios casos durante la madrugada y el astro creía que hacían eso para encontrarlo cansado y sacar provecho de él.

 

"Me dejó sorprendido, porque siempre se ha dicho que Maradona era muy rápido para el fútbol pero no tuvo la suerte de tener mucha educación. Pero era muy perspicaz, leía entre líneas, tenía una inteligencia innata muy alta", dice al respecto Monroy para BBC. "Yo lo veía por cómo él interpretaba las cláusulas", sostiene.

 

"De fútbol veíamos cosas diferentes: él veía muchas dimensiones más de lo que vemos cualquiera de los mortales, incluso cuando ponen 10 o 15 segundos de un gol en un noticiero", comentó Monroy; y continuaba: "Como un genio del ajedrez, estaba tres o cuatro jugadas más adelante".

 

Marco Monroy, Claudia Villafañe, hijas de Diego Maradona, Foto BBC MundoMonroy junto a Claudia Villafañe y sus hijas. Foto: BBC Mundo.

 

Así mismo, Monroy recordó la pasión que Maradona por el fútbol, también -y sobre todo- cuando hablaba de Boca Juniors, el club de sus amores. Una de esas noches le pidió que le contara cómo hizo su famoso gol con la mano a Inglaterra, en el Mundial de 1986. Maradona se paró y reactuó el modo en que concretó su hazaña. Dijo cómo vio a Peter Shilton y midió las distancias para hacer semejante golazo histórico. También describió con lujo de detalles el modo en que saltó con su brazo extendido, cómo miró al juez de línea y se dio cuenta que el gol había sido dado por válido.

 

"Eso fue tal vez lo más memorable de esa experiencia", cuenta Monroy, en un relato que hoy cobra más importancia, ante la partida de este mundo de Maradona.

 

Esos días juntos derivaron en una amistad, que se afianzó cuando Maradona le preguntó por sus honorarios como abogadop para asesorarlo, tras lo cual Monroy le dijo que no le cobraría nada. Finalmente, todo salió de maravillas. Las negociaciones salieron perfectas, los contratos se renegociaron favorablemente para Diego y todos quedaron satisfechos. Monroy siguió n contacto con Maradona, quien lo llamaba como "Marquito". En Buenos Aires conoció poco después a la exesposa del astro, Claudia Villafañe, y a sus hijas.

 

Aquella experiencia quedó grabada a fuego para el abogado. "Lo vi como una persona sencilla. Tal vez era circunstancial", dice. "Pero lo que aprendí es que incluso siendo Maradona se puede llegar a ser humilde", aseguró tras haber cumplido su sueño -y mucho más- de haber conocido a ese ser que tanto admiraba.