Carlos Menem y George H. W. Bush, Argentina, Estados Unidos, presidentesEncuentro entre Carlos Menem y George H.W. Bush.

El 3 de diciembre de 1990 no fue un día más en la historia argentina. Fue la jornada, triste y repudiable, en la que tuvo lugar un golpe de Estado, llevado a cabo por la facción "carapintada" del Ejército Argentino contra el presidente constitucional de Carlos Menem. Afortunadamente, esa intentona golpista sería la última hasta nuestros días, luego de haberse intentado otras similares desde el año de 1983.

 

Pero si algo ha quedado de aquellos días oscuros para nuestro país, eso es la valiente actuación de Menem quien, con absoluta firmeza y decisión, exigió la rendición incondicional de los grupos militares sediciosos.

 

El presidente, vale decirlo, se negó rotundamente a negociar con los golpistas que pretendían subvertir el órden consitucional en la Argentina una vez más. Luego de hacerles saber que sería intolerante ante los insubordinados, Menem ordenó inclusive el derribo del edificio Libertador, si es que era necesario, pese a que los rebeldes se rindieron inmediatamente. No fue poco lo hecho por el presidente Menem en esa oportunidad.

 

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Así lo reflejó en su artículo para Infobae, Mariano Caucino, un especialista en relaciones internacionales, que además fue embajador argentino en Israel y Costa Rica.

 

Todo se daba cuando el gobierno de Menem esperaba con anisas la llegada del presidente de los Estados Unidos, George H. W. Bush, a la Argentina. Esta visita tenía un peso innegable: se la consideraba “clave” para la política exterior argentina instaurada desde 1989 y marcaba un notorio acercamiento a los Estados Unidos. Con ese marco, lo actuado por Menem implicó todo un desafío en sí mismo, sobre todo porque Bush se encontraba en Brasilia durante su gira por varios países de Sudamérica. Los asesores del mandatario estadounidense le recomendaron no llegar a la Argentina con ese complicado estado de cosas, pero Bush insistió y el día 5 de diciembre (a dos días de haberse sofocado el intento de golpe de Estado) aterrizó en Buenos Aires.

 

El desafío al gobierno constitucional por parte de los carapintadas un día antes de la llegada del presidente norteamericano a Buenos Aires implicó una prueba para el gobierno justicialista que había asumido el poder el 8 de julio del año anterior. Esto solo puede leerse de una sola manera: era un enorme respaldo para el gobierno argentino tras haber enfrentado los intentos de los sediciosos.

 

“Ratifico absolutamente que no ha cambiado la intención (de Bush) de cumplir con la visita prevista”, dijo el embajador norteamericano en Argentina, Terence Todman. Por su lado Carlos Ortíz de Rozas, en su carácter de adjunto civil del presidente Bush, dada su antigua amistad, recordó en sus Memorias que “Bush vino a la Argentina por propia decisión, rechazando la opinión contraria de las reparticiones del gobierno norteamericano que intervienen en la preparación de estos viajes”. El embajador Ortíz de Rozas explicó que tanto el Servicio Secreto como la CIA y el mismo Departamento de Estado habían impugnado la “conveniencia” de cumplir con el compromiso contraído.

 

Golpe de los Carapintadas, Ejército, Campo de Mayo, NARebelión militar de los "Carapintadas". Foto: NA.

 

En su artículo sobre aquellas duras jornadas, también sostiene Caucino que "acompañado por el canciller Domingo Cavallo, el secretario general de la Presidencia Alberto Kohan, el embajador en Washington Guido Di Tella y otros miembros del gabinete, Menem recibió a Bush en la Casa de Gobierno y mantuvo una conferencia de prensa conjunta en la recientemente inaugurada sala de prensa del palacio gubernamental. Un cartel con la leyenda “Casa Rosada - Buenos Aires, Argentina” imitaba al del Press Room de la Casa Blanca. Allí, el líder norteamericano apoyó las reformas de mercado que estaba impulsando el gobierno argentino y agradeció el respaldo a los esfuerzos por restituir la soberanía estatal de Kuwait, tras la invasión que el régimen iraquí de Saddam Hussein había provocado el pasado 2 de agosto. Bush destacó el “coraje” y la “decisión” de Menem de enviar tropas argentinas al golfo Pérsico".

 

Poco después, Bush habló ante la Asamblea Legislativa, algo que incluyó un altercado protagonizado por el diputado del MAS Luis Zamora, quien reclamó la palabra ante la negativa del presidente del Senado, el vicepresidente Eduardo Duhalde, quien le indicó que el reglamento no permite ese tipo de intervenciones en tales ceremonias. Esto recordó parcialmente a lo que había sucedido oportunamente con la visita del presidente Franklin Delano Roosevelt en tiempos del presidente Agustín P. Justo cuando el hijo del presidente argentino -Liborio- agredió verbalmente al presidente estadounidense.

 

La de Bush era la tercera visita de un presidente norteamericano al país: anteriormente lo habían hecho Franklin D. Roosevelt en 1936 y Dwight D. Eisenhower en 1960. Más tarde llegarían Bill Clinton en 1997, George W. Bush (h.) en 2005, Barack Obama en 2016 y Donald Trump en 2018.

 

Entre tanto, los medios periodísticos norteamericanos reflejaron todo lo sucedido y remarcaron el innegable apoyo de Bush a Menem. El día 4, el New York Times describió la sublevación como “un evento sangriento pero limitado” y advirtió que el pronunciamiento militar del día anterior no había tenido acompañamiento civil. Asimismo, destacó que Menem merecía el respaldo de los EE.UU. “por sus esfuerzos por vigorizar la ineficiente economía y por fortalecer la democracia a través de la adaptación de sus visiones peronistas a las normas constitucionales”. El Washington Post, en tanto, describió al levantamiento como “un asunto menor, desde que la mayoría del Ejército permaneció leal al gobierno” pero señaló que “es una advertencia de que la Argentina va a tener gran dificultad para sacar partido de la oferta que el presidente Bush está haciendo”.

 

Contrariamente, la prensa española criticó duramente la situación argentina. Por caso, Diario 16 advirtió que la Argentina no era “todavía una democracia estable” y cuestionó al presidente del gobierno Felipe González por sus “alegrías inversoras” en el país, en relación a las privatizaciones, a las que tildó de “aventuras de dudosa eficacia y poca rentabilidad”. En tanto, El País hablaba de “incertidumbre”. Solamente el diario conservador ABC mostró una visión más proclive al gobierno argentino y describió la sublevación como obra “criminal” de un “pequeño grupo” de oficiales.

 

El fracaso del levantamiento militar y la visita de George H.W. Bush implicó finalmente la consolidación del poder y la autoridad del presidente Menem y en el fortalecimiento de la democracia argentina.