Fernando Signorini, Diario 26Fernando Signorini

Por Matías Greisert

Tw: @MatiasGreisert

Cuatro mundiales, acompañante de decenas de jugadores a los que vio en su más íntima realidad y aliado de Diego Maradona en gran parte de su vida deportiva hacen a Fernando Signorini una palabra más que autorizada para analizar el presente doloroso del fútbol argentino.

 

La muerte del Santiago “Morro” García volvió a poner en escena una realidad que se vive más de lo que nos enteramos y que poco se hace para encontrar una solución. La soledad y la falta de ayuda de profesionales se vuelven un combo difícil para futbolistas y, por qué no, para cualquier persona que no encuentra una palabra adecuada a tiempo.

 

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En este contexto, Signorini analiza a la perfección lo que se vive en relación a los futbolistas cuando se apagan las luces y los flashes de un estadio: “Son cosas que sorprenden porque, en este momento del tercer milenio de la era cristiana, seguir hablando de estas cosas, que sigan pasando y que no estén resueltas habla de que realmente estamos yendo para atrás en lo que tiene ver con el proceso civilizatorio, al menos en estos lugares y puntualmente en el ámbito del fútbol. Sin embargo, lo del Morro no me sorprende porque el estado del deporte en la Argentina es totalmente calamitoso, vergonzoso. Es una herida abierta porque fue muy reciente pero, ¿cuánto más se habló de Emanuel Ortega, quien falleció porque golpeó su cabeza contra un muro que estaba a menos de la distancia permitida en un estadio? Pero la irresponsabilidad y la negligencia dirigencial hace que esto sea posible. El fútbol, que nació con la idea de aumentar y preservar la salud de quienes lo practican, se volvió lo contrario. Hoy, ¿cómo le decís a un padre que mande a su hijo a jugar al fútbol porque el deporte es sinónimo de salud?. Eso queda en el deporte amateur porque lo que tiene que ver con el superprofesionalismo es una patología”.

 Fernando Signorini, preparador físico, NA.

Tal como describe el profe en su testimonio, la herida está abierta porque se pierde la vida de, más allá de un futbolista, una persona de 30 años con toda la vida por vivir. Pero no es algo nuevo y las medidas deben ser urgentes: “El año pasado en Aldosivi, un chico de 19 se quitó la vida luego de que lo dejaran afuera de la pensión, en Colón sucedió lo mismo. Están los casos de Suñé, quien un día se arrojó al vacío y tuvo la suerte de salvar su vida, Mirko Saric, Toresani, y también otros chicos que se han animado a hacer público su drama como Matías Almeyda, Pedro Damián Monzón, Andrés Iniesta y muchos otros que no se animan a hablar. Y mientras tanto, ¿qué hacen las autoridades, la dirigencia? Creo que la gran responsabilidad es del Estado. Tendría mecanismos para actuar a través del ministerio de Deporte, del Ministerio de Salud, del Ministerio de Cultura porque, si el fútbol es un hecho cultural, ¿por qué no hay un representante de la Cultura en la mesa Ejecutiva del fútbol argentino, donde se deciden los destinos del fútbol? Entonces se vuelve una contradicción y queda en evidencia que lo único que importa en el fútbol es el gran negocio como dice el libro de Ángel Cappa, “Nos robaron hasta el fútbol”. Lo transformaron en esta porquería que sólo sirve para entretener a la gente, para estupidizarla, porque para eso el fútbol es un arma fantástica. Lo que tendría que ser una herramienta para ayudar a los padres y a los profesores a lograr un mejor individuo posible, lo usaron para deformar y para desviar la atención de las cosas que realmente importan”.

 

“Yo pensaba hace poco que Diego (Maradona) volvió al fútbol argentino y sólo lo hizo para que lo sentaran en la silla eléctrica, que es un banco de suplentes, y más, en un equipo que peleaba el descenso. Si Diego era tan importante, porque no lo llamaron del Ministerio de Cultura para que vaya por las universidades o por las escuelas para que hable con los chicos, que cuente su vida y que le puedan preguntar: ‘Diego, ¿qué es la cocaína?’, ‘¿por qué hiciste uso de ella?’, y él hubiera tenido una potencia increíble con su testimonio. Es rarísimo porque Inglaterra, con la historia deportiva que Maradona tiene con dicho país, lo invitó a Oxford a contar su vida ante los alumnos. Acá en la Argentina no se dieron cuenta, sabiendo que estaba arriesgando su vida en un banco de suplentes, sobre todo emocional desde hace mucho tiempo. No era un secreto que estaba en una situación muy endeble y así y todo lo dejaron. Este país duele por todos lados: en lo deportivo, en lo social, en una parte de la política también, sobre todo la que no quiere un país más justo y más digno”, comentó.

Uno de las personas más allegadas al Diez también dio su visión y su experiencia al lado de una persona que vivió al máximo de exposición: “Hay que dejar de lado que fue un futbolista y que fue famoso. Mi relación con Maradona era una relación normal de amistad. Yo tenía que hacer lo posible para que él estuviera de la mejor manera y era imposible que fuera así si él no estaba bien. Alguna vez dije que un grano de tejido cerebral pesa más que 80 kilos de músculos. Hay tipos que tienen músculos por todos lados pero por dentro son muy endebles y vulnerables. En el libro de Sun Tzu, “El arte de la guerra”, dice que una fortaleza de una trinchera no está dada por el cemento o el hierro que tiene sino por el valor de los que están adentro. Podés tener todo eso pero si tenes tipos que al primer ruido abren la puerta y se van, no tiene sentido. Ante esto, con Diego y todos los jugadores que compartí, trato de implementar la idea de hablar y preguntar para llegar a un objetivo. Con Diego hablábamos de todo lo que se te puede ocurrir, él consultaba, yo proponía temas y siempre fue una relación de mucha confianza y lealtad. Y también de mucha ternura porque era eso: yo le decía ‘si vos pretendés que yo te ayude, me tenés que dar toda la información posible’. Pero no desde el punto de vista médico o físico sino de lo que estaba adentro: sus dudas, seguridades, miedos, fortalezas, pasados, proyectos… Y además lo tenía que querer porque es mucho más fácil ayudar a una persona que uno quiere. Y la verdad que querer a Diego era una cosa muy simple, lo quise desde el primer día que hablamos, el 28 de junio de 1983”.

 

Las redes sociales, los medios y la violencia, muchas veces van de la mano. Ante esto, Signorini no elude la consulta y señala: “El tema está muy claro: Jean Paul Sartre dice que ‘el hombre es lo que hace con lo que hicieron de él”. A veces se privilegia lo vulgar, lo irrespetuoso y lo burdo. Y con la mayoría de los comunicadores deportivos, a los que extrañamente los disfrazan de saco y corbata para hacerlos más creíbles, los hacen patéticos. Si vos te quedas con lo que hicieron de vos, no desarrollas tu pensamiento crítico y podes determinar si está bien o está mal, es algo que no funciona. Por eso vuelvo al Estado: ¿cómo puede ser que en las redes sociales no haya control de contenidos?, ¿cómo puede ser que no hay un control con lo que se dice en televisión o en radio con los mensajes violentos que escuchamos a diario?, ¿cómo nadie dice nada? ¿Para qué se invierte el 6% del PBI en educación si después tenés estos mensajes en los medios? Entonces no inviertas nada, deja que se rompa todo. El árbol sigue tapando al bosque y todo es muy doloroso. Tengo los suficientes años para decir que éramos un país distinto y mejor. Es cierto que no se habían desarrollado todas estas cuestiones tecnológicas, no había tantos deseos, porque no había nada para desear y uno sólo hacía lo que le gustaba, que habitualmente era jugar a la pelota. Hoy en día cambió mucho aceleradamente y todos aquellos que tendrían que dar respuestas y direccionar el rebaño hacia otro lugar y no hacia al abismo al que nos están llevando, aparentemente no tienen la decisión de hacerlo”.

 

Al cerrar, el mensaje que no puede dejar de compartir, que puede ser lema para muchas personas: “Animate a pensar el mundo por vos mismo, no seas una oveja más del rebaño que el poder lleva para el lado que quiere”.