General José de San MartínGeneral José de San Martín.

La sola mención del nombre de José de San Martín remite, a la inmensa mayoría de los argentinos, a pensar en la más concreta corporización del desapego a particulares intereses personales y, al mismo tiempo, a la entrega desinteresada, completa y total, en pos de una causa común con miras a un futuro mejor desde lo colectivo. Este costado, tan característico del llamado 'Padre de la Patria', amerita por sí mismo, prescindir de hacer mención a otras cuestiones inherentes a su incomparable personalidad. En lo mencionado, está la esencia misma de su existencia y de su ser.

 

Cuando ese niño llamado José Francisco de San Martín y Matorras nació el 25 de febrero de 1778 nació en Yapeyú, en la litoraleña provincia de Corrientes, en la Argentina; también se plantó la semilla germinal de un ideal que -con el paso de los años- se consolidó hasta forjar sus irrefrenables ansias de la lucha inclaudicable por la libertad. Y desde muy pequeño, supo como plasmar esas ideas.

 

Poco tiempo estuvo en las tierras del Virreynato del Río de la Plata. Cuando apenas tenía seis años de edad, sus padres -Juan de San Martín y Gregoria Matorras- decidieron emprender una nueva vida en España, sin pensar que esa experiencia los marcaría a fuego y daría formas definitivas al pensamiento de un hijo que, definitivamente, no sería como todos los demás.

 

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El paso de José de San Martín por Europa lo llevó a ingresar en la carrera militar y ser parte del Ejército español, algo que lo transformó en protagonista de combates en el norte de África contra el avance de las tropas de Napoleón, además de participar de las legendarias batallas de Bailén y La Albucia.

 

Pero el fuego interno quemaba demasiado a su deseo libertario como para quedarse en el Viejo Continente, y en 1812 -a sus 34 años de edad- retornó a Buenos Aires para entregarse por completo a la lucha por la independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata y todo el continente americano.

 

La creación del Regimiento de Granaderos a Caballo, el mítico combate de San Lorenzo contra las fuerzas realistas y la comandancia del Ejército del Norte en reemplazo del genial Manuel Belgrano, fueron solo algunas de las expresiones más salientes de la valentía y patriotismo del General José de San Martín. Sin embargo, pese a estos gloriosos antecedentes, su incomparable plan continental tuvo el broche de oro cuando, tras ser nombrado Gobernador de Cuyo, se embarcó en su gesta mayor; un hecho que lo despegaría de cualquier otro simple mortal: el cruce de la Cordillera de los Andes para liberar del yugo realista a Chile y Perú.

 

Con un sentido abrazo a Simón Bolívar en Guayaquil, en 1822, culminó su acto de servicio con las armas, cediendo la posta al héroe venezolano para que culmine su epopeya de liberación. Luego, la partida hacia un exilio que lo llevó a Boulogne-Sur-Mer, en la lejana Francia, donde falleció el 17 de agosto de 1850 pasando a la inmortalidad.

 

Pero nada podría pintar mejor, de cuerpo entero, al 'Padre de la Patria' como el hecho de destacar que ha sido el héroe que decidió salir de su propia zona de confort.

 

Ese es, tal vez, el más claro indicio de su servicio desinteresado para con los demás. El arrojo físico, y su pensamiento inquieto e inconformista en pos del bien común, sin pedir nada a cambio.

 

Un ejemplo que, por cierto, los dirigentes de nuestros días deberían tomar.