Martín Guzmán y Alberto Fernández, AGENCIA NAMartín Guzmán y Alberto Fernández, AGENCIA NA

La deuda argentina volvió a niveles previos a la reestructuración, es decir cuando se encontraba en default y los bonos no dejan de bajar.

 

Por su parte, el rendimiento de los títulos ya se ubica en 19% anual en dólares, lo que convierte a la Argentina una vez más en campeón del mundo de riesgo país, que roza los 1.600 puntos.

 

A siete meses del cierre de la reestructuración, ya es posible afirmar que el canje de deuda que llevó adelante Martín Guzmán resultó un verdadero fiasco. El ministro de Economía la quiso vender como una gesta “histórica” y que marcaría el rumbo de futuras renegociaciones de deuda de países emergentes. La realidad es totalmente diferente y hoy el repudio de los inversores a los bonos argentinos está en su máximo nivel, según analiza el periodista Pablo Wende.

 

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Los bonos volvieron a niveles de USD 35 en promedio cada 100 dólares de valor nominal. Esto implica que el mercado está adelantando una nueva reestructuración en el mediano plazo. Así como el canje de deuda de 2005 realizado por Roberto Lavagna y Guillermo Nielsen llegó hasta 2019, es decir 15 años, todo indica que la vida útil de la reciente reestructuración será infinitamente más corta.

 

El plan revolucionario de Guzmán consistió exclusivamente en obtener tres años de gracia para los vencimientos. Pero a partir de 2025 vuelven a crecer los intereses y además los bonos empiezan a devolver capital. En Wall Street la opinión es unánime: Alberto Fernández le deja una verdadero “bomba de tiempo” a la próxima administración, incluso de su mismo signo político. Con este diseño y las altísimas tasas de interés que el mercado le demanda a la Argentina, la deuda será impagable una vez más en poco tiempo.

 

Los grandes fondos de inversión que entraron masivamente en el canje, como Black Rock, se sienten una vez más estafados por la Argentina. Aceptaron canjear sus viejas deudas por nuevos bonos que le daban tiempo al Gobierno para pagar menos en los próximos años. Se suponía que eso le daría tiempo al Presidente para encarar las reformas necesarias para volver a crecer. Pero no sucedió nada de ello y el Gobierno sigue postergando la solución de los graves problemas que enfrenta. O en el mejor de los casos se dedica a echarle la culpa de todo a Mauricio Macri.

 

Cualquier reestructuración de deuda persigue básicamente dos objetivos: en primer lugar volver a la misma “sustentable”, es decir mejorar la capacidad de repago del emisor que avanza en la refinanciación. El segundo es recuperar el acceso a los mercados y refinanciar los futuros vencimientos a tasas razonables. Pero el canje de Guzmán no consiguió ni lo uno ni lo otro. Al contrario, el remedio resultó peor que la enfermedad.

 

No es toda su responsabilidad, asegura Wende en su columna dominical en Infobae. Es poco lo que puede hacer el ministro cuando el Gobierno plantea como eje principal de gestión un duro enfrentamiento con la Justicia y al mismo tiempo posterga temas centrales como un acuerdo con el FMI o la recomposición tarifaria ante la necesidad de llegar mejor parado a las elecciones.

 

Sin embargo, también el canje tuvo problemas graves de diseño. El primero es que prácticamente no hubo quita de capital. Por lo tanto, la deuda nominal no sólo no bajo, sino que además representa una proporción mucho más alta de un PBI que cayó 10% en 2020. Pero además los nuevos bonos tienen cupones de interés casi nulos en los primeros años de vida, por lo que resultan extremadamente poco atractivos para los inversores que buscan ganar tasa en un mundo de rendimientos bajísimos.

 

“La falta total de acceso a los mercados complica al Gobierno a la hora de refinanciar futuros vencimientos, sino especialmente a las empresas. Ninguna compañía basada en la Argentina puede hoy tomar deuda a tasas razonables para invertir y crear empleo. El país vuelve a quedar totalmente aislado y sin esperanza de un repunte en la medida que las tasas se mantengan en niveles exorbitantes”, cerró el periodista.