Pablo Toviggino junto a Claudio Chiqui Tapia, IG @chiquitapiaPablo Toviggino junto a Claudio Chiqui Tapia, IG @chiquitapia.

Pablo Toviggino es un hombre reservado, en sus redes no anuncia quién es ni de qué trabaja. Elige un extracto de una popular canción de rock nacional que en las primeras dos estrofas el autor dice que “le gusta estar al lado del camino, fumando el humo mientras todo pasa”.

 

A él no le gusta que le saquen fotos. No le gusta que lo nombren. No le gusta que lo vean. No hay fotos subidas de partidos o pelotas de fútbol. Sus últimas dos publicaciones sí orientan mejor la configuración de un perfil: habla de la reciente controversia entre Boca y la Liga Profesional de Fútbol, conducida por Marcelo Tinelli.

 

Toviggino es el hombre oculto en las sombras de Viamonte 1366: el hombre de poder detrás del poder. Tiene su oficina al lado de la de Chiqui Tapia. Es su armador, su brazo judicial y político, un alfil rápido y sigiloso para acomodarse, con alcance y penetración federal. Allí donde pocos llegan, Toviggino fundó su dominio e influencia. El secretario ejecutivo de la AFA difícilmente sea reconocido en alguna cancha de Primera División. Pero sí en las canchas de tierra de torneos regionales.

 

En 2015 emergió en la AFA tras un acuerdo político entre Daniel Angelici, por entonces presidente de Boca, y su aliado Gerardo Zamora. Su designación como Presidente del Consejo Federal de Fútbol fue sorpresiva. Es el hombre que dispone de los contactos judiciales con la venia de Angelici. Un año después, durante el gobierno de Mauricio Macri, la FIFA lo nombró como uno de los cuatro miembros de la Comisión Normalizadora y a su vez tesorero. A comienzos de 2017, denunció ante el ente rector del fútbol mundial que el Comité de Regularización no estaba cumpliendo con sus objetivos. En marzo de ese año, Tapia se convirtió en presidente de AFA y él en secretario ejecutivo de la Presidencia.

 

Pero antes de la fallida elección del 38 a 38, su injerencia en las oficinas del Consejo Federal ya era plena. Fue quien le acercó al entonces presidente Luis Segura los votos del Interior para la puja electoral. Y en los pasillos de la AFA coinciden en que es quien está detrás las designaciones arbitrales para los torneos federales o la Primera Nacional. Un resorte sensible en las aspiraciones de los clubes, por lo que son pocos los que se animan a cuestionarlo en voz alta. Y si lo hace, es ante un fallo lapidario de un juez, sobre la leche derramada.

 

Su figura fue uno de los causantes de la erosión que sufrió la otrora granítica estructura del “Ascenso Unido”, con la salida de varios directivos vitales en el armado, como Daniel Ferreiro, o la pérdida de apoyo de clubes como San Martín de Tucumán, que se vio perjudicado por la modificación del torneo de la Primera Nacional tras el parate por la pandemia y llevó el reclamo al TAS.

 

Él fue quien intervino para frenar el caos en el Mundial de Rusia 2018. Toviggino desarticuló el levantamiento de algunos dirigentes del fútbol argentino con filtraciones de audios y fake news de los implicados. El propio capitán de la Selección argentina, Javier Mascherano, expresó en rueda de prensa una inquietud: “No sé si nos pinchas los teléfonos”. El propio Toviggino fue uno de los “pinchados” por el gobierno de Mauricio Macri en la causa por espionaje ilegal que conduce el juez Alejo Ramos Padilla: incluso él se presentó como querellante.

 

Él fue quien escribió y convenció a Tapia de firmar la carta en la que la AFA se quejaba por el arbitraje en la semifinal entre Argentina y Brasil por la Copa América de 2019. “Lo sucedido en el partido de ayer entre nuestra selección argentina y su similar de Brasil merece una profunda reflexión que pone en duda que se hayan observado los principios de ética, lealtad y transparencia que usted, recurrentemente invoca”, decía la misiva que iba dirigida a Alejandro Domínguez, presidente de la Conmebol. El descargo le costó a Tapia su butaca en el Consejo de la FIFA. Pero tal es la confianza que el presidente de la AFA le profesa a Toviggino que en 2016, cuando Chiqui Tapia fue reelecto como presidente de Barracas Central, le entregó la vicepresidencia de un club del que nunca formó parte.

 

Nació en Rosario en 1979. No fue ex jugador de fútbol ni dirigente próspero de clubes afiliados. Administraba un establecimiento dedicado a la actividad ecuestre hasta llegar a la vicepresidencia de Comercio Central Unidos de Santiago del Estero, un humilde club que nadie consideró pertinente incluir en Wikipedia y cuya mejor performance histórica sucedió en 2017 cuando fue eliminado por Tiro Federal de Morteros en los cuartos de final del Federal B. Fue solo el primer paso de Toviggino. El ascenso es su universo, su propio club. Toviggino es el mismo que disgregó el poderío de la Primera B Nacional al reestructurarla de manera integral y le inyectó más injerencia al espacio Ascenso Unido, la asociación de clubes metropolitanos que impulsó la candidatura de Tapia a la AFA.

 

Escaló a la conducción de la Liga Santiagueña de Fútbol, su plataforma de despegue. Consolidó su imperio allí donde los clubes grandes, las entrañas históricas del poder del fútbol argentino, no tienen penetración. Edificó su reino en la ramificación, en la segmentación. Cuando Comercio vivió su mejor performance futbolística en sus 89 años de historia, Toviggino era presidente del Consejo Federal: un florido núcleo de apoyo. Tenía 223 ligas y 3.500 clubes bajo su órbita y responsabilidad: abarcaba más territorio que ningún otro fenómeno social en el país.

 

El corolario: Santiago del Estero, la provincia que considera su casa, presume por primera vez en su historia de tener a tres clubes en las dos principales categorías del fútbol argentino. Central Córdoba juega en la Liga Profesional, y Club Atlético Mitre y Güemes en la Primera Nacional. Sus ascensos y su crecimiento exponencial no estuvieron exentos de polémicas. El presidente de Central Córdoba es José Felix Alfano, titular del Consejo Provincial de Vialidad. El presidente de Mitre es Guillermo Raed, vicepresidente tercero de la AFA y dueño de la empresa de bebidas Secco, auspiciante de infinidad de clubes del fútbol argentino. Ambos camisetas tienen como sponsor principal el logo de la provincia que, además de ser sede del Moto GP internacional, el TC y el Super TC 2000, construyó un monstruoso estadio denominado Madre de Ciudades que iba a hospedar partidos de la Copa América que finalmente se jugó en Brasil este año.

 

Fuente: Infobae.

Noticias relacionadas

AFA
Claudio "Chiqui" Tapia
Fútbol