Ramona Olga Villalba de lavandera a millonariaRamona Olga Villalba de lavandera a millonaria.

Ramona Olga Villalba se ocupaba de la limpieza del Santuario del Gauchito Gil y también lavaba ropa de algunos puesteros con un origen muy humilde.

 

Ramona, oriunda de Mercedes Corrientes, comenzó su gran salto económico con la asunción como presidenta del Centro Recreativo Devotos Cruz Gil, una (supuesta) asociación sin fines de lucro. Hoy una parte de su capital es vox populi: algunos de sus vecinos y puesteros hablan de tres hoteles, cuatro viviendas, campos, camionetas de alta gama. 

 

El doble crimen de Sergio Canteros (33) y su padre Julio César (64) la puso en el centro de la escena a nivel país, ya que el Gauchito tiene creyentes en todas las provincias. Si bien no forma parte del grupo de once detenidos que tiene la causa, el Gobierno de Corrientes decretó la intervención del Centro y designó como interventor al comisario inspector retirado Víctor Isnardo, por el término de 180 días. La familia de Canteros sigue exigiendo el arresto de Ramona. La acusan de ser autora intelectual del doble asesinato. En las últimas horas cayó una de sus hijas. Según se supo, Villalba sería una de las cuatro personas de la ex Comisión Directiva del Centro que son investigadas por la Fiscalía Federal de Paso de los Libres, Corrientes.

 

La causa se inició en 2018 por una llamada anónima al 145 que afirmaba que cuatro puesteros del santuario se dedicaban, también, a la comercialización de drogas. Los bienes de Ramona no concuerdan con sus ingresos. Eso derivó en una investigación por presunto lavado de activos, que se encuentra en etapa de instrucción. 

 

“En esos 10 días, un puesto chiquito puede facturar 1,5 millón de pesos. Un buen fin de semana largo, 300 mil”, asegura una puestera con cerca de 30 años en el lugar. Un puesto puede venderse a 5 millones de pesos. Ramona y su familia, que en total tendrían unos quince, administraban los de mejor ubicación. Por lo que la recaudación sería mucho más alta. Pero el principal ingreso que manejaban eran las donaciones de los fieles: una cifra imposible de calcular. Otro negocio que tenían era el de las velas: si bien las venden todos los puesteros, la comisión es la única que tiene permiso para quitarlas. Los promeseros las colocaban, pedían sus deseos y se iban. La comisión llegaba detrás: las apagaba por la mitad, las retiraba, las cargaba en una carretilla y comenzaban un proceso de reciclaje. Días después recibían velas nuevas, que volvían a vender. Aunque solo en en sus puestos. El paquete de 3 velas cuesta cien pesos. No hay un solo visitante que no compre.

 

“Se donó un Fiat Duna que apareció trabajando de remís”, detalla otro puestero histórico. “Otro fiel donó una camioneta (Ford) Ranger. Maradona pasó de visita y dejó dos camisetas. Riquelme y su padre, también. El Chino Maidana, Locomotora Castro y Látigo Coggi dejaron sus guantes firmados en el museo. Goycochea regaló sus guantes del Mundial ’90. No quedó nada. Se vendió todo: las botellas de vino, los vestidos de quince y de novia, oro, joyas y lo que se te ocurra de valor. Eso sí: la bandera que dejaron los combatientes de Malvinas sigue. Lo que no se puede vender continúa en el lugar”,declaran algunos testigos anónimos.

 

Los únicos que tienen acceso a las donaciones son los miembros de la Comisión Directiva. Lo mismo con los depósitos en efectivo en las alcancías o por transferencia de plataformas no bancarias. “Algunos fieles llaman a la Comisión y preguntan qué se necesita y donan efectivo. O se acercan y te dicen ’quiero donar 500 dólares’. El problema es que el santuario no tiene un baño digno, ni iluminación. Llueve y nos inundamos todos. Y el promesero ni siquiera accede a una parrilla para hacerse un asado. Ni siquiera se contrata a una enfermera: en verano hace mucho calor y viene gente grande. La pregunta es dónde va a parar el dinero”, cuenta otro puestero, indignado.

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