Alberto Fernández y Daniel Funes de Rioja, Gobierno, UIA, NAAlberto Fernández y Daniel Funes de Rioja. Fotos: NA.

No es plácido el trayecto del camino que deriva en las Elecciones PASO del 12 de septiembre para el Gobierno Nacional encabezado por Alberto Fernández. Y es que en ese extraño juego de ajedrez que muchas veces juega, se planta en un escenario en el que se lo ve enfrentado con dos de los principales generadores de ingresos para la Argentina: la Industria y el Campo. El Comercio tampoco ha quedado al margen para este combo peligroso de choques y errores.

 

Lo sucedido recientemente, en oportunidad de celebrarse el Día de la Industria, con la notable ausencia de Alberto Fernández, no solo no contribuyó en nada sino que además ha profundizado esa insalvable grieta que los separa en la actualidad.

 

Daniel Funes de Rioja, presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA) dejó ver su inquietud al respecto, y es que no solo el primer mandatario estuvo ausente, sino también el ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas. A cambio, los enviados por el Gobierno han sido Ariel Schale, secretario de Industria, y Paula Español, secretaria de Comercio Interior; dos funcionarios que pueden ser considerados de menor rango.

 

“Estaba visto que desde el Gobierno no iban a venir. Nunca se bancaron el cambio que hubo en la UIA, lo que marca la poca tolerancia que tienen a que uno exprese críticas a temas importantes”, recalcó uno de los principales integrantes de la cúpula fabril.

 

Para los industriales ha sido un claro mensaje ofensivo de parte de la Administración de Fernández, pese a que Cecilia Todesca, vicejefa de Gabinete de Ministros, se hay empeñado en afirmar que “hay empresarios a los que les va mejor con este gobierno y votan otra cosa”.

 

Kulfas también pretendió salir a la cancha y no se quedó callado. Así, reconoció formalmente que con la conducción de la UIA “hay puntos críticos”.

 

También sostuvo al respecto: “No hay ninguna grieta, puede haber algunas discusiones, pero estamos trabajando codo a codo con el sector industrial. Hay diálogo, hay una relación que tiene algunos puntos críticos que estamos trabajando”. Una vez comenzado el escándalo y expuesto el malestar de los industriales, el presidente Alberto Fernández viajó al Chaco para fomentar el desarrollo fabril en esa zona de la Argentina, tal vez minimizando los alcances del conflicto desatado una vez más con la UIA.

 

Pero no es este el único frente de conflicto al que se enfrenta el Gobierno por sus propias políticas y errores. El descontento también se extiende a otros sectores productivos, entre ellos el del campo, claramente perjudicado y molesto por la extensión del cepo a las exportaciones de carne. Esto, obviamente, se traduce en marcadas pérdidas para el sector y -lo que es aún más dramático- despido de trabajadores.

 

Entre tanto, otro de los productores y dirigentes que decidieron mostrar su descontento con el Gobierno, ha sido Gustavo Grobocopatel, empresario agroindustrial argentino, que desde hace un tiempo de ha radicado en Colonia, en el Uruguay. Dijo el empresario respecto del corriente estado de cosas: “El sector tiene una presión y una complejidad que agregan las malas políticas públicas –que llevan muchos años– y le impiden generar más producción, inclusión, trabajo y exportaciones”.

 

Así mismo, el Consejo Agroindustrial Argentino (CAA) se manifestó duramente sobre las recientes medidas adoptadas por el Poder Ejecutivo que encabeza Alberto Fernández, sosteniendo que el cepo a la exportación de carne “atenta contra la producción, el empleo, el consumo interno y la generación de divisas”.

 

Finalmente, el empresario Martín Cabrales, empresario de la industria cafetera,  habló sobre la situación que se atraviesa y sostuvo que “siempre puede haber puntos de vista distintos, algún reclamo, pero no hay una tensión” con la Unión Industrial Argentina (UIA), al tiempo que pidió que el Gobierno cambie la legislación laboral porque “ha fracasado”. Y agregaba: “Creo que tiene que haber un momento en el que se saque la doble indemnización y la prohibición de despidos y se pueda dinamizar el empleo”.

 

De este modo, queda claro que el Gobierno camina sobre un terreno minado de cara a las elecciones, moviéndose en un escenario que no conoce (o se niega a conocer) en profundidad, con todos los riesgos que eso implica para la Argentina.

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