Bandera de Cuba, protestas, Agencia EFE.Foto: EFE.

*Por Ximena López Zamora

Me gustaría hablar de la música cubana, de su ritmo y del son, pero Bombo Cubano no es un instrumento musical. En Cuba se le dice “Bombo Cubano” a la lotería de visas de diversidad para inmigrantes que Estado Unidos sortea en aquellos países cuya tasa de inmigración es baja. Cuando hablamos de sorteo de visas en donde sus ciudadanos son libres de entrar y salir, sin duda no hay contradicción alguna. Ahora, cuando el sorteo se realiza en un país que no deja salir libremente a sus habitantes y lo acuerda con un país del cual hace años sufre un embargo económico y se refiere a éste como enemigo público, la contradicción de tal hecho se torna muy difícil de comprender, pierde toda lógica y nos enfrenta a una gran contradicción porque, en definitiva, se resume a un macabro juego de azar que ambos gobiernos realizan con el deseo desesperado de libertad de los cubanos que anhelan salir de la isla.

 

¿Acaso la libertad de tránsito, de expresión y de pensamiento no son derechos humanos fundamentales inherentes a toda persona? Los demás Estados observan, desde su tribuna, su reiterada violación. ¿Cómo puede ser que el mundo avale en silencio como espectador pasivo? No deberían abrazar y defender estos derechos. ¿No son suficientes casi 70 años de pasividad con el pueblo cubano? ¿Acaso piensan que la huida desesperada de los balseros es el sueño de un viaje romántico? Nadie comprende la fuerza y el significado de la libertad hasta que la pierde.

 

Arriesgarse a cruzar el mar en condiciones extremas por el deseo desesperado de libertad es la expresión máxima del valor que debería dársele a su defensa. Los líderes opositores se encuentran detenidos en sus casas o, peor aún, en cárceles donde lejos de los medios y de las pruebas los torturan y someten a todo tipo de maltrato físico y psíquico.

 

La violencia justificada en defensa de un gobierno debería ser repudiada por todos. Debería existir en el mundo una política de tolerancia cero a la violencia de Estado, en realidad a todo tipo de violencia; pero la de Estado es la más peligrosa, porque es aquella que aparenta estar legitimada en garantía de un gobierno que no da derecho a la oposición. ¿Cómo puede ser que un movimiento pacifista como las Damas de Blanco sufra la detención de su líder y represiones en sus marchas silenciosas cargadas de angustia y desesperación? Ni siquiera se les otorga el derecho a reclamar por sus familiares presos o muertos políticos. Hijos, padres, abuelos, familias enteras destruidas sólo por ser disidentes.

 

Como argentinos, tenemos el deber de aprender que la intolerancia, la violencia y las posiciones extremas no conducen a nada. Existe en nuestra historia un pasado doloroso que nos dejó heridas profundas, que nos dividió como sociedad. Necesitamos dialogar y saber trabajar con la crítica constructiva, capitalizar el disenso. Anular las diferencias impide el crecimiento y desarrollo de los países. Necesitamos imitar a aquellas naciones que crecen económica, social y políticamente a través del diálogo y trabajo con la oposición como parte fundamental de su estructura política. Sin oposición no hay crecimiento posible. Así como se requiere de la tesis y la antítesis para llegar a la síntesis, necesitamos más respeto y tolerancia para las diferencias.

 

En el año 2014 viajé a Cuba y allí conocí a una familia que me alojó en su casa. Su hijo, se divorció de su esposa para casarse con la ganadora del Bombo Cubano de su barrio y, así, poder salir de Cuba. Cuando me cuentan su historia: el deseo de su hijo por irse de la isla, su primera esposa que lo deja ir con la esperanza de que vuelva por ella, la ruptura física que conllevó de la familia, la condena del régimen por tratar a su hijo de traidor a la patria, cuando presencié la marcha en silencio de las damas de blanco en La Habana; todo ello me sensibilizó y tuve la necesidad de contar la historia que se transformó en mi novela “Bombo Cubano”, inspirada en esta historia real.

 

*Escribana, abogada y escritora.

Autora del libro “El Bombo cubano”

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