Variante Omicron de coronavirus, ReutersVariante Ómicron en el mundo, Reuters.

La aparición de una nueva cepa nacida en el sur de África puso en alerta al gobierno nacional y derrumbó en pocos segundos la idea de que la pandemia terminó. En los hechos, pareciera no haber duda. En las proyecciones sanitarias el coronavirus aún sigue siendo un tema principal a la hora de tomar decisiones.

 

La variante Delta no generó un rebrote brusco y la cantidad de vacunados fue aumentando progresivamente sin contratiempos. Sin embargo, en el transcurso de la semana la Organización Mundial de la Salud (OMS) indicó que la nueva cepa Ómicron constituye “un riesgo muy elevado” para el mundo, la clasificó como una variante “preocupante” y advirtió que aún hay muchas incógnitas.

 

La única precisión que posee el gobierno es que el porcentaje de vacunados con una sola dosis supera el 80% y con dos dosis alcanza el 65% de la población. Es decir, en comparación con la mayoría de los países de Europa, la cantidad de vacunados es elevada.

 

Aún así necesitan que los más de 7 millones de personas que ya tienen la primer dosis, completen el esquema cuánto antes. De ese total, el 20% tienen entre 18 y 39 años. ¿Por qué no van a vacunarse? La autoridades sanitarias creen que el principal argumento es que la mayoría de la gente dejó de percibir el riesgo de la pandemia.

 

El nacimiento de la cepa Ómicron, que podría generar un recrudecimiento de la pandemia en el mundo, obliga al Gobierno a redoblar los esfuerzos para salir en búsqueda de aquellos que faltan vacunarse.

 

En ese camino una de las estrategias que se aplicará, y que ya se realiza en algunas provincias, es la descentralización de los vacunatorios. El movimiento implica romper con la lógica de los grandes vacunatorios instalados en el comienzo del operativo de vacunación, y pasar a armar puestos en plazas, clubes y centros de atención primaria de salud. Lugares de mayor accesibilidad y cercanía para la gente.

 

Mientras más vacunados haya en el país, menos capacidad de circulación va a tener cualquiera de las variantes de COVID-19 y, en consecuencia, hay menos posibilidades de mutaciones. Lo mismo se da a escala internacional. La Ómicron nació en uno de los continentes con menos cantidad de vacunados del mundo. Ese espacio le permitió al virus crecer, mutar y expandirse.

 

En el Ministerio de Salud no tienen precisiones sobre el peligro real de la variante Ómicron. La falta de información no es un problema excepcional de la cartera que conduce Carla Vizzotti, sino una problemática mundial. No hay exactitud sobre la capacidad de contagio de la variante y cómo podría repercutir en el cuerpo de un paciente cuando llega a una situación de gravedad.

 

De todas formas, el Gobierno no espera que el impacto de la tercera ola se concrete en el cortísimo plazo. La fecha apuntada es marzo, cuando culmine el verano y vuelva a cambiar la temperatura. Sin embargo, no descartan tener algún rebrote menos importante en diciembre o enero.

 

Esta última situación no aumentó la preocupación porque, de concretarse, no será en base a la cepa desconocida, sino a otras variantes que ya están girando en el país y que generaron que en la última semana se concretara un aumento sostenido de casos.

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