Facundo Quiroga, historia argentinaFacundo Quiroga.

"¡Sombra terrible de Facundo, voy a evocarte, para que sacudiendo el ensangrentado polvo que cubre tus cenizas, te levantes a explicarnos la vida secreta y las convulsiones internas que desgarran las entrañas de un noble pueblo! Tú posees el secreto: ¡revélanoslo!", así Domingo Faustino Sarmiento da inicio a su obra más conocida: Facundo o Civilización y barbarie que publicó en 1845, en Chile. De conocido pensamiento unitario, el padre del aula tomaría a Facundo Quiroga -asesinado diez años antes- como símbolo de la barbarie y usándolo para dejar al descubierto los conflictos sociales y políticos que vivía Argentina y la región. Pero Quiroga fue mucho más que la figura de un libro de lectura obligada en el secundario.

 

Juan Facundo Quiroga nació en San Antonio, La Rioja, el 27 de noviembre de 1788. En 1810 fue enrolado en el regimiento de Arribeños, pero negado a obedecer a la disciplina militar decidió desertar. Años después, y tras la independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata, entre 1816 y 1818 fue capitán de milicias cumpliendo diferentes roles: adiestraba reclutas, capturaba desertores y organizaba milicianos. Para ese tiempo comenzaba una sangrienta y larga guerra civil entre unitarios y federales de la cual, él no estaría ajeno.

Horacio Quiroga, historia argentinaQuiroga. 

"El Tigre de los Llanos", de reconocida ideología federal, depuso al gobernador de su provincia Francisco Ortiz de Campo en 1820. Tres años después llegaría a la gobernación, aunque solo por dos meses, esa maniobra le bastaría para convertirse en un personaje central de la política argentina ganándose el respeto y el temor de muchos.

 

Al momento de la guerra con Brasil decidió no enviar tropas, en una clara señal contra Buenos Aires y los unitarios. Tuvo destacadas victorias ante el general unitario Gregorio Aráoz de Lamadrid en Tala (1826) y Rincón (1827), pero sufrió un revés en Oncativo (1830) ante el general José María Paz. Juan Manuel de Rosas lo ayudó entonces a rearmar su ejército para imponerse en la región andina un año después.

Asesinato de Quiroga en Barranca YacoCuadro que recrea el asesinato de Quiroga en Barranca Yaco. 

Luego decidió retirarse de la escena política, vivió durante esos años en Buenos Aires bajo el amparo de Rosas con quien los unía una relación de aliados, el Restaurador de las Leyes solía decir que Quiroga "era su hombre del interior". Pero las cosas cambiaron en 1834, el entonces gobernador Juan Manuel Vicente Maza le pidió que haga de mediador en un conflicto entre Salta y Tucumán sin saber que sellaría su destino.

 

En febrero de 1835, tras entrevistarse en Santiago del Estero con representantes de ambos lados, emprendió lo que sería su último viaje. El 16 de febrero de 1835 en Barranca Yaco, provincia de Córdoba, fue atacado por una partida al mando de Santos Pérez que respondía a los hermanos Reinafé, vinculados a Estanislao López. Tiempo antes Quiroga se había opuesto al deseo de López de que José Reinafé sea el nuevo gobernador cordobés.

José Vicente Reinafé, historiaJosé Vicente Reinafé. 

Con él viajaban José Santos Ortiz, primer gobernador de San Luis, media docena de peones, dos correos y dos postillones. Entre sus acompañantes estaba Luis Basualdo de 12 años, hijo del maestro de la posta de Ojo de Agua a quien hicieron subir a la galera para que aprenda el oficio. Quiroga primero recibió un disparo en su ojo izquierdo y el segundo le dio en el cuello, Pérez se subió al carro y su espada atravesó a Ortiz.

 

La orden era clara: nadie debía quedar con vida. Todos los cuerpos fueron degollados e incluso Pérez debió matar a uno de sus hombres porque se rehusó a degollar al pequeño Basualdo quien a los gritos pedía por su mamá. Los cuerpos de Quiroga y Santos Ortiz fueron rescatados y depositados en la iglesia, un día después los restos del riojano viajaron a Córdoba para ser enterrado en la Catedral. Del resto de los cadáveres nunca se supo nada más.

Posta de Sinsacate, en la actualidadPosta de Sinsacate en la actualidad. 

Los Reinafé fueron condenados a la horca, jamás se supo si su confesión escondía algo más porque los nombres de Rosas y Estanislao López no fueron nombrados a pesar de las incontables teorías que hicieron creer que estaban detrás del asesinato del caudillo. Con su muerte Maza debió renunciar y la gobernación fue ofrecida a Rosas quien la aceptó el 3 de marzo de 1835 al decir: "Dorrego, Villafañe, Latorre, Quiroga y José Ortiz, todos asesinados por los unitarios, pero ni esto ha de ser bastante para los hombres de las luces y de los principios. ¡Miserables! El sacudimiento será espantoso, y la sangre argentina correrá en proporciones”.

 

La esposa de Quiroga, María de los Dolores Fernández, pidió que sus restos sean inhumados en Buenos Aires y el 13 de diciembre de 1836 fueron llevados al Cementerio de la Recoleta donde permanecieron hasta 1869 sin tener precisión exacta del lugar donde fueron colocados.

Tumba de Horacio Quiroga en el Cementerio de La RecoletaTumba de Quiroga en La Recoleta. 

Féretro de Horacio QuirogaAsí encontraron el féretro de Quiroga.

Un año después, su hija Mercedes mandó a construir una bóveda que fue reabierta en 1920 para otro entierro. Debieron pasar más de 100 años para conocerse detalles de cómo fue guardado el féretro, una leyenda afirmaba que fue ocultado tras una pared falsa por miedo a que opositores a Rosas atentaran contra la bóveda. En 2004 se realizó una inspección y se encontró un ataúd de cobre, estando de pie, verdoso y con una cruz que contenía un Cristo. Además, encontraron un corazón de chapa de hierro con una inscripción ilegible por el paso del tiempo.

Las cruces colocadas en Barranca Yaco son un homenaje a quienes fueron asesinadosLas cruces colocadas en Barranca Yaco en homenaje a los asesinados.

En lo que respecta a Barranco Yaco en el lugar del crimen hoy existe un monumento de cruces, allí se organiza la "semana facundiana" cuando se acerca el 16 de febrero. La leyenda urbana cuenta que en algún aniversario de su muerte han visto a la galera de Quiroga tirada por seis caballos y perdiéndose por el monte. 

 

Por Yasmin Ali

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Yasmin Ali