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Juan, un empresario pyme de los tantos que hay en la Argentina, salió del despacho del ministro provincial al que había ido a visitar preocupado. En la charla que tuvo con el responsable de una cartera vinculada a las empresas en esa jurisdicción del interior, había preguntado algo simple: ¿Hasta cuánto se puede soportar estos niveles de inflación y presión impositiva? La respuesta lo sorprendió: “Todavía hay mucho margen, la gente aguanta”. Se fue de allí, junto a quienes lo habían acompañado, con la certificación de algo que ya venía observando en otros encuentros con funcionarios y dirigentes políticos: “Están alejados de la realidad, no la conocen y por ende, no la pueden ni quieren resolver. La desconexión es total”. Este ejemplo real, al cual se le han cambiado los nombres sólo por la preservación de las fuentes, es una de las tantas muestras de lo que hoy asoman en todas las encuestas. El enojo y la percepción que la politica está lejos de los problemas de la gente de a pie. Vale la pena reiterar la pregunta que se hacía “Juan”. ¿Cuál es el límite?

 

Un trabajo muy interesante publicado por el periodista Lisandro Varela en el sitio 50argentinos.com en base 60 entrevistas con personas que están bajo niveles de pobreza, de ambos sexos, varias edades y barrios porteños, muestra que los consultados “no estaban enojados, no les interesa la política, se mantienen a flote gracias al esfuerzo y capacidad de organizarse, lo hacen porque no hay alternativa. La red es la familia”. En otras palabras, no creen que la politica pueda ayudarlos a cambiar su presente. ¿Por qué deberían entonces confiar en uno u otro sector? Claro que a la hora de votar lo hacen por alguien. Ante este nivel de distancia, tienen a crecer las propuestas disruptivas.

 

Para los empresarios Pymes, la sensación es parecida. Ya se describió en el primer párrafo a partir de un ejemplo. Pero hay muchos más. Desde el Movimiento Monapy, ya con presencia en todo el país, han elaborado casi un plan económico con eje en la recuperación de las actividades del sector como principal motorizador del empleo y la generación de riqueza. Pero no encuentran eco en la dirigencia. Se han reunido con todos. Desde funcionarios nacionales, movimientos sociales, posibles candidatos presidenciales y sindicalistas. En todos los casos se llevaron impresiones similares. Les dicen que es buena la idea pero nadie se anima a dar el primer paso. Es más, cuando se habla de la generación de trabajo, sólo el hecho de mencionar una “reforma laboral” pone los pelos de punta y se clausura cualquier discusión. “Es increíble, hay que ponerle otro nombre para que se pueda avanzar”, cuenta a este medio uno de los empresarios que participó de cada una de esas reuniones.

 

Este miércoles, Carlos Melconian, desde IEREAL presentó un programa económico donde aborda la necesidad de una reforma laboral como eje central. “No hemos hecho ninguna reforma laboral, pero hay 7,8 millones de trabajadores informales y privados formales hay 6 millones, con 1,5 millones de desocupados y 4,2 millones de personas con problemas laborales. Y más adelante agregó: “Hay que reformar los convenios laborales, porque hay joda y kiosco en esto; y los que más lo sufren son las empresas chicas, no los grandes”, expresó casi a los gritos. “Los derechos de los trabajadores se favorecen eliminando la informalidad y con empleo de calidad”, aseguró.”. Música para los oídos de los empresarios Pymes que recorren el país con esa misma idea desde hace ya más de un año.

 

“Como empresarios vemos la resolución del problema a la vuelta de la esquina, eso es lo que más nos desespera. Es mentira que no hay salida, con pocas medidas Argentina arranca rápidamente y vuelve a generar riqueza. Es falso que la única salida sea irse del país”, enfatiza Alejandro Bestani presidente de MONAPY (Movimiento Nacional Pyme). Y además agrega: “Notamos en nuestras recorridas por el interior que las ganas de hacer están presentes. Es cierto que la pobreza subió, pero cada pequeño empresario que nos contacta tiene en carpeta entre 10 y 20 proyectos para hacer. Sólo necesita que le quiten el pie de la cabeza y reglas claras”. Hay números que certifican el peso especifico del sector PYME. Del 2% del PBI que reciben de crédito generan el 42%. Es decir apalancan 21 veces lo que reciben.

 

El problema mayor es la distancia de las agendas. La desconexión de un sector importante de la politica argentina con los problemas reales. Hoy aparece en primer lugar la inflación. Todos corren a ver cómo hacen para bajarla con medidas que ya fueron probadas y fracasaron. La ecuación es así: políticos que toman nota de los problemas cuando estos pueden desembocar en una derrota electoral. Si no avizoran riesgo en las urnas, siga siga.

 

En este contexto, los intendentes tienen la ventaja de estar en contacto con sus vecinos y por ende con los problemas reales. Son una pieza clave para trasmitir hacia arriba las dificultades que suceden en sus barrios. Es uno de sus mayores activos. Y hoy están preocupados, porque no encuentran eco. Las peleas de cúpula distraen y el tiempo pasa. La amenaza electoral se posa, también sobre ellos.

 

Sergio Massa tiene la ventaja de haber sido intendente. Por eso, conecta de otra manera con los inconvenientes reales. En definitiva construyó su agente desde el Frente Renovador con uno de los temas centrales que más preocupan desde hace años: la inseguridad. Ahora retoma la iniciativa en ese sentido. Sabe que el enojo de la sociedad es, mayormente con la clase política. Y se dispone a lanzar un “pacto de la Moncloa” criollo para fijar, bajo el amparo de la Cámara de Diputados, el consenso sobre 5 o 10 políticas de Estado. Lejos de grieta que hoy representan Alberto Fernández y Cristina Kirchner desde la propia coalición de gobierno. Y donde se dicen de todo vía sus interlocutores. “Ingrato” es lo más suave que sale de la boca de la vicepresidente.

 

El presidente de la Cámara Baja aparece convocando a todos los sectores políticos tras una foto que se difundió junto a Horacio Rodriguez Larreta y Gerardo Morales entre otros. Se reedita la ancha avenida del medio. En principio, dentro del Frente de Todos, pero con ramificaciones en la oposición. Desde este espacio semanal se insiste, hace tiempo, en que se camina hacia una nueva morfología de las coaliciones.

 

Hasta ahora, la percepción de la desconexión de la sociedad política con los problemas reales es capitalizada por Javier Milei mayormente. El economista y ahora diputados crece en las preferencias y aumenta su imagen positiva. Por eso, con sentido común, Patricia Bullrich presidenta del PRO contesta que Milei no es una amenaza sino un desafío.

 

Javier Milei también se conecta con la realidad política territorial. Vuelve a decir que, de ser presidente, mantendrá la ayuda social pero le dará ese manejo a los intendentes. Adiós a los intermediarios de la pobreza. Loas para los jefes comunales que, en el muchos casos, ya intentan tender puentes con el libertario (alguno jefe de territorio ya se reunió).

 

Esta semana, en mi cuenta de twitter (@tomy2430) publiqué lo siguiente: “Cuando el 14 de febrero de 2021 Murió Menem, me llamó la atención la cantidad de jóvenes que se acercaron a reivindicarlo. Esos mismos jóvenes ven a Milei como lo más cercano a esa experiencia. Por ello, no es nada alocado comparar el fenómeno Menem 88 con el de Milei 22/23”. En aquel entonces, muchos estaba desconectados y no lo vieron venir. Las historias muchas veces tienden a ensañarse con sus repeticiones. Eso también debería ser parte de la “terapia de grupo” que propone el Presidente.

 

*Por Sebastián Dumont

Periodista de Canal 26

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